Nota de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española

Nota de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Española

Madrid, 15 de marzo de 2020

«A vosotros, amados de Dios,
gracia y paz de parte de nuestro Señor Jesucristo»
(Rom 1, 7).

En estos días de singular y dolorosa experiencia ciudadana y eclesial, a la que nos ha llevado la pandemia del coronavirus, la Iglesia Católica está llamada a ofrecer sus recursos en favor de los afectados así como la presencia del Señor que salva, animando a todos los cristianos a interceder ante la Madre de Dios, que nos ampara y escucha nuestra oración.

Por ello, invitamos a todas las Diócesis que lo consideren oportuno a que a la hora del Ángelus suenen las campanas de nuestros templos para invitar a orar a quienes permanecen en casa y hacer llegar, a quienes sirven y trabajan, la ayuda del Señor y el agradecimiento de la Iglesia.

Así, proponemos que las 12 horas del medio día suenen las campanas para mostrar nuestro agradecimiento y fraterna solidaridad y orar:

— Por los enfermos contagiados por el virus, por sus familiares, por quienes están en cuarentena y por otros enfermos que ven afectada su atención por la prioridad de atajar la pandemia.

— Por los trabajadores de todos los Centros y Servicios Sanitarios.

— Por los Equipos de Emergencias, por los de Protección Civil y por las Fuerzas de Seguridad del Estado

— Por los Equipos de Pastoral de la Salud y por los voluntarios

— Por las personas de riesgo: niños, mayores y enfermos crónicos.

— Por los padres, madres, abuelos y educadores.

— Por los que están viviendo esta situación de emergencia en soledad.

— Por quienes carecen de hogar o de lo imprescindible para vivir.

— Por las diversas autoridades públicas.

— Por los sacerdotes y por los Monasterios de vida contemplativa, que con su oración y entrega siguen dando esperanza a todos los ciudadanos.

Y proponemos que, como conclusión del Ángelus, digamos juntos estos días y a esa hora la oración del Papa Francisco:

“Oh María,

Tú resplandeces siempre en nuestro camino como signo de salvación y esperanza. Nosotros nos encomendamos a Ti, salud de los enfermos, que ante la cruz fuiste asociada al dolor de Jesús manteniendo firme tu fe.

Tú, Salvación de todos los pueblos, sabes lo que necesitamos y estamos seguros de que proveerás para que, como en Caná de Galilea, pueda regresar la alegría y la fiesta después de este momento de prueba.

Ayúdanos, Madre del Divino Amor, a conformarnos a la voluntad del Padre y a hacer lo que nos dirá Jesús, quien ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos. Y ha tomado sí nuestros dolores para llevarnos, a través de la Cruz, al gozo de la Resurrección. Amén.

Bajo tu protección, buscamos refugio, Santa Madre de Dios. No desprecies las súplicas de los que estamos en la prueba y líbranos de todo peligro, ¡oh Virgen gloriosa y bendita!

¡Qué el Señor os bendiga, os guarde y os conceda la paz!

La Comisión Ejecutiva de la CEE

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