Las 4 cosas que atraen hacia la iglesia a los padres jóvenes desinteresados en la religión

P.J.Ginés/ReL

En Estados Unidos se multiplican las investigaciones y análisis sobre los llamados “nones”, que son aquellos que en las encuestas, cuando se les pregunta “¿cuál es su religión?” responden “ninguna”. Serían un 20% ya en las encuestas.

Eso no quiere decir que sean necesariamente ateos. Por ejemplo, la American Religious Identification Survey 2008, a partir de 54.000 entrevistas, detectaba que el 51% de los que decían no tener religión sí creían en Dios o en un Poder Superior. “No es gente secularizada, no es gente que piense en la religión y la rechace, no hay docenas de metodistas que hayan leído a Dawkins y se hayan hecho ateos… simplemente, no piensan en absoluto en el tema”, explicaba Barry Cosmin, autor del estudio, en USA Today.

La revista católica MagisCenter hace ahora una síntesis de algunos de los estudios y libros recientes sobre los “nones” o “sin religión”, incluyendo uno sobre padres jóvenes que al educar a sus niños pequeños empiezan a hacerse preguntasLosing Our Religion: How Unaffiliated Parents Are Raising Their Children, de Christel Manning. El 75% se criaron en hogares religiosos, y la mayoría dejaron cualquier práctica religiosa en la adolescencia, pero ahora que son padres piensan más en estos temas, y en lo que darán a sus hijos. 

Las 4 cosas que llevan a padres no religiosos a la iglesia

La investigación, según Manning y el resumen de MagisCenter, señala que hay 4 cosas que hacen que los jóvenes padres “sin religión” se planteen acudir a la iglesia (o a la sinagoga, a la comunidad religiosa):

1. Entienden que la religión enseñará a sus hijos moralidad y valores
2. Entienden que la religión conecta a los niños con su historia familiar
3. Valoran el poder realizar los rituales como la Primera Comunión
4. Entienden que la religión puede ofrecer una comunidad o una estructura de apoyo (grupos familiares, escuela religiosa, scouts, catequesis, grupos juveniles, excursiones, grupos de padres, incluso ayuda en crisis…)

Una vez se acercan a la iglesia, sería bueno que pastores, catequistas y parroquianos entendieran lo que les alejó de ella, que también es algo bastante estudiado (aunque las respuestas en EEUU quizá no encajen exactamente con la experiencia en España o Hispanoamérica):

– Dejaron de creer en lo que la Iglesia enseña (suponiendo que lo entendieran o conocieran)
– Pensaron que las “grandes preguntas” las respondería la ciencia
– las reglas morales de la Iglesia, sobre todo de moral sexual, les parecían desfasadas (ahora que son padres, y han vivido heridas emocionales, quizá no piensan igual)
– las explicaciones que les dieron en la Iglesia sobre el mal y el sufrimiento no les satisfacían (el problema del mal no es irrelevante)
– no veían que la religión tuviera relevancia o efecto en la vida: veían gente sin religión a los que les parecía ir bien
– algunos dicen que dejaron la iglesia por los escándalos
– algunos veían demasiado énfasis en temas de donativos y recaudación de fondos (quizá más en iglesias no católicas)
– algunos buscaban una iglesia donde sentirse cómodos, y no la encontraron
– otros, simplemente, al tener pareja, bebés, trabajo, cambió su ritmo de vida y se alejaron

Sí, la religión vivida y la práctica regular protege a los hijos

Los padres hacen bien en acercar a sus hijos a la religión, porque la sociología tiene ya muy establecido que eso ayudará a niños y adolescentes. Les ayudará contra la depresión y contra las adicciones y contra comportamientos destructivos, aunque para eso no basta con cumplir un par de ritos: se necesita fe y práctica estable, vivida y sentida.

Un estudio reciente al respecto es el de Jane Cooley Fruehwirth, co-autora de la investigación Religion and Depression in Adolescence,” publicado en el Journal of Political Economy (junio de 2019). En Estados Unidos hoy, un 13% de adolescentes y jóvenes declaran haber tenido una situación de depresión grave en el último año: eso es dos tercios más que hace apenas diez años. Es una epidemia de depresión.

Jane Cooley y su equipo usaron los muchos datos que aporta la Encuesta Nacional Longitudinal de Salud de Adolescentes a Adultos, prestando atención a los jóvenes que en los últimos años de instituto (15-18) años se hacían más religiosos por influencia de sus compañeros de clase y sus amigos.

Estos adolescentes, al hacerse más religiosos (pero sin cambiar de familia, barrio, etc…), empezando a acudir regularmente a la iglesia, conseguían mejorar su salud mental: bajaba en 11 puntos porcentuales la estadística de depresión… y eso es más de lo que consiguen los fármacos, especialmente en los casos severos.

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Adoración eucarística con adolescentes en una parroquia de EEUU: la religiosidad protege a los jóvenes de depresión y adicciones, pero requiere que se practique con asiduidad, no basta una mera creencia

Un estudio de Michelle V. Porche en 2015, difundido por la Chester University, a partir de 900 entrevistas en profundidad, demostraba que si los adolescentes hacen una “opción personal” de implicarse en actividades espirituales y religiosas, y eran perseverantes en asistir al culto y a comunidades de fe, se protegían contra el alcohol y las adicciones (es decir, no bebían en exceso ni se drogaban).

“Nuestro estudio apoya que una mayor religiosidad en la infancia y primera etapa adulta, definida como más asistencia a la iglesia en estos periodos de vida, puede proteger contra un uso precoz del alcohol y contra el desarrollo de problemas de alcoholismo posteriores. La religiosidad es uno de los muchos factores que pueden influir el uso del alcohol pero el hecho es que está asociada con un riesgo menor en los primeros años de vida adulta y eso es importante para intervenciones potenciales”, señala el estudio de Porche.

Estudios anteriores ya detectaban estos efectos. Por ejemplo, un estudio de 2001 (de Hodge, Cardenas y Montoya) y otro de 1999 (de John M. Wallace) mostraba que los jóvenes latinos de EEUU que acudían a la iglesia con más frecuencia eran los que menos se implicaban en el uso de drogas.

Despertar amor y maravilla en los apáticos

El problema de esto es que no tiene mucho sentido que los padres poco o casi nada creyentes digan a sus hijos “ve a misa cada domingo, y a los scouts y a tu grupo juvenil parroquial, que te protegerá” si ellos, adultos, no acuden nunca a misa o no participan en nada de la parroquia. El niño quizá lo soporta, pero el adolescente se indignará con razón: ¿por qué él debe ser regular en su asistencia y sus padres no, si es algo bueno? Por otra parte, es cierto que en la adolescencia el muchacho busca más el ejemplo de los iguales (y de jóvenes adultos) y ya intuye que hay muchas cosas que sus padres no conocen.

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Una charla a padres de catequesis en Canarias… pero quizá la mayoría nunca ha sentido ni ha asumido el amor de Dios, la necesidad de tratar con Él en persona de forma asidua

Al final, en el núcleo de toda evangelización y pastoral está el amor: cuando uno entiende que Dios le ama, y le pide pasar tiempo con Él, y también con los hermanos en la comunidad de fe, es cuando la vida queda transformada.

El sacerdote jesuita Robert Brungs, fundador y director de ITEST (Theological Encounter with Science and Technology), explica al respecto, en su trabajo con gente alejada de la fe: “Si podemos ayudar enseñando a los niños el Amor de Dios por nosotros y su deseo de que le amemos, así como el misterio y la belleza de la Creación, y sí, su utilidad para la humanidad, habremos conseguido mucho”.

La clave está en que esos alejados que empiezan a interesarse por la Iglesia están buscando cosas buenas como moralidad, valores y seguridad para sus hijos… pero sin fundarlas en el Amor de Dios, y el Amor a Dios, en la relación con Él, tienen pies de barro (incluso estadísticamente).

Justina Miller, autora del análisis-resumen de MagisCenter, concluye: “Nuestro papel como cristianos en la Nueva Evangelización es despertar un sentido de maravilla en los apáticos. A veces esto implica ayudarles a retirar obstáculos sobre ciencia, razón y fe, pero al final, como dice el padre Brung, si mantenemos el Amor de Dios y su plan para la Creación como nuestro fundamento y objetivo, lograremos mucho”.

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