Categoría: Angelus Domini

Palabras del Santo Padre al rezo del Ángelus Domini, 14.04.2019

Antes del Ángelus

Queridos hermanos y heramanas,

Os saludo a todos vosotros que habéis participado en esta celebración y a cuantos os habéis unido a nosotros a través de los diversos medios de comunicación. Este saludo se extienda a todos los jóvenes que hoy, junto a sus obispos, celebran la Jornada de la Juventud en cada diócesis del mundo. Queridos jóvenes, os invito a hacer vuestra y a vivir en la cotidianidad las indicaciones de la reciente Exhortación apostólica Christus vivit, fruto del Sínodo que congregó a tantos coetáneos vuestros. En este texto cada uno de vosotros puede encontrar ideas fructíferas para su propia vida y su propio camino de crecimiento en la fe y en el servicio a los hermanos.

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Palabras del Santo Padre al rezo del Ángelus Domini, 07.04.2019

Antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

En este quinto domingo de Cuaresma, la liturgia presenta el episodio de la mujer adúltera (cf. Jn 8, 1-11) en el que se contraponen dos actitudes: la de los escribas y los fariseos, por una parte, y la de Jesús, por otra. Los primeros quieren condenar a la mujer, porque se sienten los guardianes de la Ley y de su fiel aplicación. En cambio, Jesús quiere salvarla, porque personifica la misericordia de Dios que, perdonando, redime y reconciliando, renueva.

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Palabras del Santo Padre al rezo del Ángelus Domini, 20.01.2019

Estas son las palabras del Papa al introducir la oración mariana:

Antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

El domingo pasado, con la fiesta del Bautismo del Señor, comenzamos el camino del tiempo litúrgico denominado “ordinario”: es el tiempo para seguir a Jesús en su vida pública, en la misión por la cual el Padre lo envió al mundo. En el Evangelio de hoy (cf. Jn 2, 1-11) encontramos el relato del primero de los milagros de Jesús. El primero de estos signos prodigiosos tiene lugar en el pueblo de Cana, en Galilea, durante una fiesta de matrimonio. No es casual que al comienzo de la vida pública de Jesús haya una ceremonia nupcial, porque en él Dios se ha desposado con la humanidad: esta es la buena noticia, aunque los que lo han invitado todavía no saben que a su mesa está sentado el Hijo de Dios y que el verdadero novio es él. En efecto, todo el misterio del signo de Caná se funda en la presencia de este esposo divino, Jesús, que comienza a revelarse. Jesús se manifiesta como el esposo del pueblo de Dios, anunciado por los profetas, y nos revela la profundidad de la relación que nos une a él: es una nueva Alianza de amor.

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Palabras del Santo Padre al rezo del Ángelus Domini, 16.12.2018

Antes del Ángelus

Queridos hermanas y hermanas, buenos días.

En este tercer domingo de Adviento la liturgia nos invita a la alegría. Escuchad bien: a la alegría. Con estas palabras, el profeta Sofonías se dirige a la pequeña porción del pueblo de Israel: “¡Lanza gritos de gozo, hija de Sion, lanza clamores, Israel, alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén!” (3, 14). Gritar de gozo, exultar, alegrarse: esta es la invitación de este domingo. Los habitantes de la ciudad santa están llamados a regocijarse porque el Señor ha retirado su sentencia (cfr. v. 15). Dios ha perdonado, no ha querido castigar. En consecuencia, ya no hay ninguna razón para la tristeza del pueblo, ya no hay razón para el desaliento, sino que todo conduce a una gratitud gozosa a Dios, que siempre quiere redimir y salvar a quienes ama. Y el amor del Señor por su pueblo es incesante, comparable a la ternura del padre por los hijos, del esposo por la esposa, como dice Sofonías: “Él exulta de gozo por ti,  te renueva por su amor, danza por ti con gritos de júbilo” (v. 17). Este es, así se llama, el domingo de la alegría: el tercer domingo de Adviento, antes de Navidad.

Esta llamada del profeta es especialmente apropiada en el tiempo en que nos preparamos para la Navidad, porque se aplica a Jesús, Emmanuel, Dios con nosotros: su presencia es la fuente de alegría. De hecho, Sofonías proclama: “¡Yahveh, Rey de Israel, está en medio de tí”; y un poco más tarde, repite: “Yahveh, un poderoso salvador” (vv. 15. 17). Este mensaje encuentra su pleno significado en el momento de la Anunciación a María, narrado por el evangelista Lucas. Las palabras dirigidas por el ángel Gabriel a la Virgen son como un eco de las del profeta. ¿Qué dice el arcángel Gabriel? “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc 1, 28). “Alégrate”, le dice a la Virgen. En un pueblo remoto de Galilea, en el corazón de una joven desconocida para el mundo, Dios enciende la chispa de la felicidad para todo el mundo. Y hoy, el mismo anuncio se dirige a la Iglesia, llamada a acoger el Evangelio para que se convierta en carne, vida concreta. Dice a la Iglesia, a todos nosotros: “Regocíjate, pequeña comunidad cristiana, pobre y humilde pero hermosa a mis ojos porque deseas ardientemente mi Reino, tienes hambre y sed de justicia, tejes pacientemente tramas de paz, no sigues a los poderosos de turno, sino que te mantienes fielmente al lado de los pobres. Y así no tienes miedo de nada, sino que tu corazón está alegre”. Si vivimos así, en la presencia del Señor, nuestro corazón siempre estará alegre. La alegría de “alto nivel”, cuando existe, plena, y la alegría humilde de cada día, es decir, la paz. La paz es la alegría más pequeña, pero es alegría.

También hoy, San Pablo nos exhorta a no angustiarnos, a no a desesperarnos por nada, sino a presentar en todas las circunstancias nuestras peticiones, nuestras necesidades, nuestras preocupaciones a Dios “con la oración y la súplica” (Fil 4, 6). La certeza de que en las dificultades siempre podemos recurrir al Señor y de que Él nunca rechaza nuestras invocaciones, es un gran motivo de alegría. Ninguna preocupación, ningún temor conseguirá quitarnos nunca la serenidad que no proviene de las cosas humanas, de los consuelos humanos, no, la serenidad que proviene de Dios, de saber que Dios guía amorosamente nuestras vidas y siempre lo hace. Incluso en medio de los problemas y de los sufrimientos, esta certeza nutre la esperanza y el valor.

Pero para recibir la invitación del Señor a la alegría, necesitamos ser personas dispuestas a cuestionarnos a nosotros mismos. ¿Qué significa esto? Al igual que aquellos que, después de haber escuchado la predicación de Juan el Bautista, le preguntan: “Tú predicas así, y nosotros, “¿qué debemos hacer?” (Lc 3, 10). ¿Qué debo hacer?, la conversión a que estamos invitados en este tiempo de Adviento. Cada uno de nosotros se pregunte: ¿qué debo hacer? Algo pequeño, pero “¿qué debo hacer?”. Y la Virgen María, que es nuestra madre, nos ayude a abrir nuestro corazón al Dios que viene, para que Él inunde toda nuestra vida de alegría.

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

La semana pasada, se aprobó en Marrakech, Marruecos, el Pacto Mundial para una Migración Segura, Regular y Ordenada, que quiere ser un marco de referencia para toda la comunidad internacional. Por eso espero que la misma, gracias también a esta herramienta, pueda trabajar con responsabilidad, solidaridad y compasión con aquellos que, por diversas razones, han abandonado su país y confío esta intención a vuestras oraciones.

Os saludo a todos vosotros, familias, grupos parroquiales y asociaciones, venidos de Roma, de Italia y de muchas partes del mundo. En particular, saludo a los peregrinos de Sevilla, Hamburgo, Múnich y Chapelle, en Bélgica. Saludo a los fieles de Pescara, Potenza, Bucchianico, Fabriano y Blera; a los misioneros laicos combonianos; y a los scouts de Jesolo y Ca ‘Savio.

Y ahora me dirijo especialmente a vosotros, queridos niños de Roma, que habéis venido para la bendición de los “Bambinelli”  acompañados por el obispo auxiliar monseñor Ruzza. Doy las gracias al Centro de Oratorios Romanos y a los voluntarios. Queridos niños, cuando, en vuestras casas, os reunáis en oración ante el Belén, fijando la mirada en el Niño Jesús, sentiréis asombro… Me preguntareis: ¿qué significa “asombro”? Es un sentimiento más fuerte, es más que una emoción común. Es ver a Dios: el asombro por el gran misterio de Dios hecho hombre; y el Espíritu Santo os pondrá en el corazón la humildad, la ternura y la bondad de Jesús. Jesús es bueno, Jesús es tierno, Jesús es humilde. ¡Esta es la Navidad verdadera! No os olvidéis. ¡Que sea así para vosotros y vuestros familiares! Bendigo todos los “Bambinelli”.

Os deseo a todos un buen domingo y una buena tercera semana de Adviento. Con alegría, tanta alegría y tanta paz cuando la alegría no sea posible. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

Palabras del Papa Francisco al rezo del Ángelus Domini, 09.12.2018

Antes del Ángelus

Queridos hermanas y hermanas, buenos días.

El domingo pasado la liturgia nos invitaba a vivir el tiempo de Adviento y de espera del Señor con actitud de vigilancia y también de oración: “velad”  y ”orad”. Hoy, segundo domingo de Adviento, se nos indica cómo dar sustancia a esta espera: emprendiendo un camino de conversión, cómo hacer concreta esta espera. Como guía en este camino, el Evangelio nos presenta la figura de Juan el Bautista, que «recorrió toda la región del río Jordán, predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados» (Lc 3, 3). Para describir la misión del Bautista, el evangelista Lucas recoge la antigua profecía de Isaías que dice así: «Voz que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. Todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado» (vv. 4-5).

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Palabras del Santo Padre al rezo del Ángelus Domini, 08.12.2018

Antes del Ángelus

Queridos hermanas y hermanas, buenos días y feliz fiesta.

La Palabra de Dios nos presenta hoy una alternativa. En la primera lectura está el hombre que en los orígenes dice no a Dios y en el Evangelio está María que en la Anunciación dice  a Dios. En ambas lecturas es Dios quien busca al hombre. Pero en el primer caso se dirige a Adán, después del pecado, y le pregunta: ‘¿Dónde estás?’ (Gn 3, 9), y él responde: ‘Me he escondido’ (v. 10). En el segundo caso, en cambio, se dirige a María, sin pecado, que le responde: ‘He aquí la esclava del Señor’ (Lc 1,38). Heme aquí es lo opuesto de me he escondido. El heme aquí abre a Dios, mientras el pecado cierra, aísla, hace permanecer solos con uno mismo.

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Palabras del Papa al rezo del Ángelus Domini, 28.10.2018

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Antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Esta mañana, en la Basílica de San Pedro, hemos celebrado la Misa de clausura de la Asamblea del Sínodo de los Obispos dedicada a los jóvenes. La primera lectura del profeta Jeremías (31, 7-9), se entonaba particularmente con este momento, porque es una palabra de esperanza que Dios  da a su pueblo. Una palabra de consuelo, fundada en el hecho de que Dios es un padre para su pueblo, lo ama y lo trata como a un hijo (cfr. v 9): abre ante él un horizonte del futuro, un camino accesible y practicable por el que podrán caminar también “el ciego y el cojo, la mujer embarazada y la parturienta” (v. 8), es decir, las personas en dificultad, Porque la esperanza de Dios no es un espejismo, como alguna publicidad donde todos son sanos y guapos, sino  una promesa para la gente real, con sus cualidades y defectos, potencialidades y debilidades, como todos nosotros: la esperanza de Dios es una promesa para gente como nosotros. Sigue leyendo “Palabras del Papa al rezo del Ángelus Domini, 28.10.2018”