Carta del Papa emérito Benedicto XVI

Benedictus XVI
Papa emeritus

La Iglesia y el escándalo del abuso sexual

Del 21 al 24 de febrero, tras la invitación del Papa Francisco, los presidentes de las conferencias episcopales del mundo se reunieron en el Vaticano para discutir la crisis de fe y de la Iglesia, una crisis palpable en todo el mundo tras las chocantes revelaciones del abuso clerical perpetrado contra menores. La extensión y la gravedad de los incidentes reportados han desconcertado a sacerdotes y laicos, y ha hecho que muchos cuestionen la misma fe de la Iglesia. Fue necesario enviar un mensaje fuerte y buscar un nuevo comienzo para hacer que la Iglesia sea nuevamente creíble como luz entre los pueblos y como una fuerza que sirve contra los poderes de la destrucción.

Sigue leyendo
Anuncios

Entrevista a Benedicto XVI: «La obediencia a mi sucesor nunca se ha puesto en discusión»

Visita-al-Papa-Benedicto-junio-2015-2El Papa emérito respondió al periodista Elio Guerriero en el diario La Repubblica sobre cuestiones relativas a su renuncia y la relación con el Papa Francisco. Reproducimos por su interés la traducción de la entrevista realizada por Religión en Libertad.

Santidad, visitando por última vez Alemania en 2011, usted dijo: «No se puede renunciar a Dios». Y también: «Donde hay Dios, ahí está el futuro». ¿No le disgustó tener que renunciar en el año de la fe?

Naturalmente, tenía presente llevar a término el año de la fe y escribir la encíclica sobre la fe que debía concluir el recorrido iniciado con Deus caritas est. Como dice Dante, el amor que mueve el sol y las demás estrellas nos impulsa, nos conduce a la presencia de Dios, que nos da esperanza en el futuro. En una situación de crisis, la mejor actitud es ponerse delante de Dios con el deseo de reencontrar la fe para poder proseguir el camino de la vida. Por su parte, al Señor le agrada acoger nuestro deseo de darnos las luces que nos guían en el peregrinaje de la vida. Es la experiencia de los santos, de San Juan de la Cruz o de Santa Teresita del Niño Jesús. En 2013, sin embargo, había numerosos compromisos que consideraba que no podría completar.

¿Cuáles eran estos compromisos?

En particular, ya estaba fijada la fecha de la Jornada Mundial de la Juventud que debía tener lugar en el verano de 2013 en Río de Janeiro, en Brasil. A este respecto yo tenía dos convicciones muy precisas. Después de la experiencia del viaje a México y a Cuba, ya no me sentía capaz de realizar un viaje tan comprometido. Además, con la impronta marcada por Juan Pablo II en estas jornadas, la presencia física del Papa era indispensable. No se podía pensar en una participación televisiva o en otras formas facilitadas por la tecnología. Ésta asimismo era una circunstancia por la cual la renuncia era para mí un deber.

En fin, tenía la certeza de que también sin mi presencia el año de la Fe llegaría en cualquier caso a buen puerto. La fe, de hecho, es una gracia, un don generoso de Dios a los creyentes. Por tanto, tenía la firme convicción de que mi sucesor –como así ha sucedido- llevaría igualmente al buen fin querido por el Señor la iniciativa que yo había comenzado.

Visitando la basílica de Collemaggio en L’Aquila, dejó su palio sobre el altar de San Celestino V [el único Papa, además de él, que ha renunciado al pontificado]. ¿Me puede decir cuándo llegó a la decisión de tener que renunciar al ejercicio del ministerio petrino por el bien de la Iglesia?

El viaje a México y Cuba había sido para mí hermoso y conmovedor desde muchos puntos de vista. En México me había impactado la fe profunda de tantos jóvenes, con la experiencia de su pasión gozosa por Dios. Del mismo modo me habían impresionado los grandes problemas de la sociedad mexicana y el compromiso de la Iglesia de encontrar, a partir de la fe, una respuesta al desafío de la pobreza y de la violencia.

Tampoco es preciso recordar expresamente cómo me impactó en Cuba ver la forma en la que Raúl Castro quería conducir a su país por un nuevo camino sin romper la continuidad con el pasado inmediato. En ese sentido me impresionó mucho el modo en el que mis hermanos en el episcopado buscan encontrar una guía para este difícil proceso partiendo de la fe.

En esos mismos días, sin embargo, experimenté con gran fuerza los límites de mi resistencia física. Sobre todo, me di cuenta de que ya no estaba en disposición de afrontar un futuro vuelo transoceánico por los problemas del huso horario. Naturalmente, hablé de estos problemas con mi médico, el profesor doctor Patrizio Polisca. De esta forma, se hacía evidente que ya no podría participar en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro en el verano de 2013, se oponía claramente el problema del huso horario. Desde entonces tuve que decidir en un tiempo relativamente breve sobre la fecha de mi renuncia.

Tras la renuncia, muchos imaginaban escenarios medievales, con portazos y denuncias clamorosas. Hasta el extremo de que los mismos comentaristas quedaron sorprendidos, casi desilusionados, con su decisión de permanecer en el recinto de San Pedro, de subir al monasterio de Mater Ecclesiae. ¿Cómo llegó a esta decisión?

Había visitado muchas veces el monasterio Mater Ecclesiae desde sus orígenes. A menudo había ido para participar en las Vísperas y celebrar la Santa Misa para todas las religiosas que pasaban por allí. Por último, había estado con ocasión del aniversario de la fundación de las hermanas visitandinas.

»En su momento, Juan Pablo II había decidido que la casa, que antes servía como residencia del director de Radio Vaticana, en el futuro debía convertirse en un lugar de oración contemplativa, como una fuente de agua viva en el Vaticano. Habiendo sabido que aquella primavera concluía el trienio de las visitandinas, me vino casi naturalmente la certeza de que éste sería el lugar donde podría retirarme para continuar, a mi modo, el servicio de la oración al cual Juan Pablo II había destinado esta casa.

No sé si ha visto una foto tomada por un corresponsal de la BBC, el día de su renuncia, donde se ve la cúpula de San Pedro alcanzada por un rayo [Benedicto hace ademán con la cabeza de haberla visto]. Para muchos esa imagen sugirió una idea de decadencia, o incluso del fin del mundo. Ahora, sin embargo, se me ocurre decir: si esperaban herir a un vencido, a un derrotado por la Historia, yo a quien veo aquí es a un hombre sereno y confiado.

Estoy plenamente de acuerdo. Yo me habría preocupado si no hubiese estado convencido, como dije al inicio de mi pontificado, de ser un simple y humilde trabajador en la vida del Señor.Desde el inicio fui consciente de mis límites y acepté, como he siempre intentado hacer en mi vida, en espíritu de obediencia. Luego estuvieron las dificultades mayores o menores del pontificado, pero también hubo muchas gracias. Me daba cuenta de que todo aquello que tenía que hacer no podía hacer hacerlo yo solo, y de este modo estaba casi obligado a ponerme en manos de Dios, a confiar en Jesús, a quien, a medida que escribía mi libro sobre Él, me sentía vinculado con una amistad antigua y cada vez más profunda. Y luego estaba la Madre de Dios, la madre de la esperanza, que era un apoyo seguro en las dificultades y a quien sentía cada vez más cercana en el rezo del santo Rosario y en las visitas a santuarios marianos.

En fin, estaban los santos, mis compañeros de viaje de toda la vida: San Agustín y San Buenaventura, mis maestros del espíritu, pero también San Benito, cuyo lema de poner por delante a Cristo me resultaba cada vez más familiar; y San Francisco, el pobrecito de Asís, el primero que intuyó que el mundo es el espejo del amor creador de Dios, del cual provenimos y hacia el cual nos dirigimos.

¿Son, pues, consolaciones espirituales?

No, mi camino no estaba acompañado sólo por lo Alto. Todos los días recibía numerosas cartas, no sólo de los grandes de la Tierra, sino también de personas humildes y sencillas que querían decirme que me sentían próximo, que rezaban por mí. De aquí también, en los momentos difíciles, la confianza y la certeza de que la Iglesia está guiada por el Señor y que, por consiguiente, podía volver a poner en sus manos el mandato que me había confiado el día de la elección. Por lo demás, este apoyo ha continuado tras mi renuncia, por cual no puedo más que dar las gracias al Señor y a todos los que me expresaron y todavía me manifiestan su afecto.

En su despedida a los cardenales, el 28 de febrero de 2013, prometió a partir de entonces obediencia a su sucesor. En ese tiempo, tengo la impresión de que usted ha contado con la cercanía humana y la cordialidad del Papa Francisco. ¿Cómo es la relación con su sucesor?

La obediencia a mi sucesor nunca se ha puesto en discusión. Pero hay además un sentimiento de comunión profunda y de amistad. En el momento de su elección sentí, como tantos otros, un sentimiento espontáneo de gratitud a la Providencia. Después de dos pontífices provenientes de la Europa central, el Señor, por así decirlo, volvía su mirada a la Iglesia universal y nos invitaba a una comunión más extensa, más católica.

Personalmente me impresionó profundamente desde el primer momento la extraordinaria disponibilidad humana del Papa Francisco respecto a mí. Nada más ser elegido me llamó por teléfono. No consiguiéndolo en ese intento, me volvió a llamar inmediatamente después de su encuentro con la Iglesia universal en el balcón de San Pedro y me habló con gran cordialidad. Desde entonces me ha regalado una maravillosa relación paterno-fraternal. A menudo recibo aquí pequeños regalos, cartas escritas personalmente. Antes de emprender grandes viajes, el Papa nunca deja de visitarme. La benevolencia humana con la que me trata es una gracia especial para mí en esta última fase de mi vida, de la cual sólo puedo estar agradecido.

Lo que [Francisco] dice sobre la disponibilidad hacia los demás no son solamente palabras. Las pone en práctica conmigo. ¡Que él Señor, por su parte, le haga sentir todos los días su benevolencia! Es lo que le pido al Señor para él.

Teoría de género: ¿Qué opinan los papas Francisco y Benedicto XVI?

stos días se está hablando mucho de las teorias de género y del intento del estado de introducir estos temas en los programas de instrucción pública.

El Papa Francisco ha hablado a menudo de este tema condenando la ideología del género como un “error de la mente humana”, una “colonización ideológica” (…) “que crea tanta confusión” (palabras pronunciadas en marzo del 2015 en su visita a Nápoles y Pompeya).

En el mes de junio, dirigiéndose a la Conferencia Episcopal de Puerto Rico, el Pontífice afirmó que “la complementariedad del hombre y la mujer (…) está siendo cuestionada por la llamada ideología de género, en nombre de una sociedad más libre y más justa”.

En la audiencia general del 15 de abril, hablando de la diferencia sexual entre hombre y mujer, el Papa Francisco se preguntaba “si la así llamada teoría del gender no sea también expresión de una frustración y de una resignación, orientada a cancelar la diferencia sexual porque ya no sabe confrontarse con la misma”.

Se trata solo de algunos ejemplos de las muchas declaraciones del Papa Francisco sobre el tema de las teorías de género y de la “colonización ideológica” a la cual algunos quieren someter nuestros hijos en las escuelas públicas desde muy temprana edad.

Desde diciembre del 2014, en sus habituales audiencias de los miércoles, Francisco ha dedicado varias catequesis a la familia, tal y como es presentada y vivida en la tradición de la Iglesia y en la sociedad occidental: una unión entre el hombre y la mujer vivida en el amor y en el don de sí mismo; una unión indisoluble, fiel y fecunda -abierta a la vida- capaz de acoger, curar y educar a los hijos que Dios quiera darles.

Estas catequesis sobre la familia se colocan en la linea temporal que une dos asambleas sinodales, ambas dedicadas a la familia: el sínodo extraordinario, ya concluido (5-19 de octubre 2014), y el sínodo general ordinario, que tendrá lugar del 4 al 19 de octubre de este año sobre el tema “Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia”.

A pesar de que en los ultimos meses, de modo particular durante las reuniones del sínodo, se haya filtrado el miedo a un cambio en la doctrina de la Iglesia sobre la familia, se ha calculado que, desde la clausura del sínodo extraordinario hasta mediados de mayo, el Santo Padre ha efectuado más de 40 intervenciones sobre el tema de la familia, todas en linea con la doctrina y la praxistradicional en materia familiar.

Lo que a menudo causa problemas son las noticias difundidas por los medios de comunicación y por la prensa internacional, siempre dispuestos a difundir noticias de posibles y supuestos cambios en lapraxis o en la doctrina de la Iglesia, más que a transmitir el contenido esencial de los mensajes papales.

Sin embargo Francisco no es el primer pontífice que ha condenado publicamente las teorías de género. Es cierto que Juan Pablo II dedicó buena parte de su magisterio a la moral sexual y familiar (la así conocida como “Teología del cuerpo”) hasta merecer el título de “papa de la familia”, pero el primer Papa que habló sobre el gender fue Benedicto XVI.

Era el 21 de diciembre del 2012 quando el Santo Padre Benedicto XVI, dirigiéndose a la Curia Romana con motivo de las felicitaciones de Navidad, condenó firmemente la teoría del género. En el discurso, el Papa quiso hablar de algunos acontecimientos destacados de su ministerio acaecidos durante el año que estaba terminando.

Entre estos acontecimientos recordó su visita pastoral a la archidiócesis de Milan y su participación en la “Fiesta de la familia” (VII Encuentro Mundial de las Familias), en el mes de junio.

Hablando de la familia, de la crisis que la amenaza y de los desafíos que debe enfrentar, el Papa Benedicto citó al Gran Rabino de Francia, Gilles Bernheim y su libro Matrimonio homosexual, homoparentalidad y la adopción.

El texto del Rabino Bernheim ha sido definido por Benedicto un “tratado cuidadosamente documentado y profundamente conmovedor” que muestra el atentado que sufre hoy en día la familia. El Papa Benedicto habló de la “nueva filosofía de la sexualidad” que amenaza, no sólo a la familia, sino al mismo fundamento de “lo que significa ser hombres“.

Como es habitual, Benedicto XVI logra ofrecer en pocas lineas, el significado más profundo del problema, sin que el contenido se sacrifique en favor de la síntesis. En pocas palabras el actual papa emérito sintetizó el sentido de esta particular “filosofía de la sexualidad” definiéndola, sin términos medios, comoprofundamente errónea, falaz.

La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear.

Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna. Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: “Hombre y mujer los creó” (Gn 1,27).

Vale la pena sin embargo, en estos tiempos, entretenerse y leer con atención el texto completo para apreciar toda la anchura del problema y la profundidad de la argumentación magistralmente sintetizada por el pontífice alemán:

“La gran alegría con la que se han reunido en Milán familias de todo el mundo ha puesto de manifiesto que, a pesar de las impresiones contrarias, la familia es fuerte y viva también hoy. Sin embargo, es innegable la crisis que la amenaza en sus fundamentos, especialmente en el mundo occidental.

Me ha llamado la atención que en el sínodo se haya subrayado repetidamente la importancia de la familia para la transmisión de la fe como lugar auténtico en el que se transmiten las formas fundamentales del ser persona humana. Se aprenden viviéndolas y también sufriéndolas juntos.

Así se ha hecho patente que en el tema de la familia no se trata únicamente de una determinada forma social, sino de la cuestión del hombre mismo; de la cuestión sobre qué es el hombre y sobre lo que es preciso hacer para ser hombres del modo justo.

Los desafíos en este contexto son complejos. Tenemos en primer lugar la cuestión sobre la capacidad del hombre de comprometerse, o bien de su carencia de compromisos. ¿Puede el hombre comprometerse para toda la vida? ¿Corresponde esto a su naturaleza? ¿Acaso no contrasta con su libertad y las dimensiones de su autorrealización?

El hombre, ¿llega a ser sí mismo permaneciendo autónomo y entrando en contacto con el otro solamente a través de relaciones que puede interrumpir en cualquier momento? Un vínculo para toda la vida ¿está en conflicto con la libertad? El compromiso, ¿merece también que se sufra por él?

El rechazo de la vinculación humana, que se difunde cada vez más a causa de una errónea comprensión de la libertad y la autorrealización, y también por eludir el soportar pacientemente el sufrimiento, significa que el hombre permanece encerrado en sí mismo y, en última instancia, conserva el propio “yo” para sí mismo, no lo supera verdaderamente.

Pero el hombre sólo logra ser él mismo en la entrega de sí mismo, y sólo abriéndose al otro, a los otros, a los hijos, a la familia; sólo dejándose plasmar en el sufrimiento, descubre la amplitud de ser persona humana. Con el rechazo de estos lazos desaparecen también las figuras fundamentales de la existencia humana: el padre, la madre, el hijo; decaen dimensiones esenciales de la experiencia de ser persona humana.

El gran rabino de Francia, Gilles Bernheim, en un tratado cuidadosamente documentado y profundamente conmovedor, ha mostrado que el atentado, al que hoy estamos expuestos, contra la auténtica forma de la familia, compuesta por padre, madre e hijo, tiene una dimensión aún más profunda.

Si hasta ahora habíamos visto como causa de la crisis de la familia un malentendido de la esencia de la libertad humana, ahora se ve claro que aquí está en juego la visión del ser mismo, de lo que significa realmente ser hombres.

Cita una afirmación que se ha hecho famosa de Simone de Beauvoir: “Mujer no se nace, se hace” (“On ne naît pas femme, on le devient). En estas palabras se expresa la base de lo que hoy se presenta bajo el lema gender como una nueva filosofía de la sexualidad.

Según esta filosofía, el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente, mientras que hasta ahora era la sociedad la que decidía.

La falacia profunda de esta teoría y de la revolución antropológica que subyace en ella es evidente. El hombre niega tener una naturaleza preconstituida por su corporeidad, que caracteriza al ser humano. Niega la propia naturaleza y decide que ésta no se le ha dado como hecho preestablecido, sino que es él mismo quien se la debe crear.

Según el relato bíblico de la creación, el haber sido creada por Dios como varón y mujer pertenece a la esencia de la criatura humana. Esta dualidad es esencial para el ser humano, tal como Dios la ha dado. Precisamente esta dualidad como dato originario es lo que se impugna.

Ya no es válido lo que leemos en el relato de la creación: “Hombre y mujer los creó” (Gn 1,27). No, lo que vale ahora es que no ha sido Él quien los creó varón o mujer, sino que hasta ahora ha sido la sociedad la que lo ha determinado, y ahora somos nosotros mismos quienes hemos de decidir sobre esto.

Hombre y mujer como realidad de la creación, como naturaleza de la persona humana, ya no existen. El hombre niega su propia naturaleza. Ahora él es sólo espíritu y voluntad. La manipulación de la naturaleza, que hoy deploramos por lo que se refiere al medio ambiente, se convierte aquí en la opción de fondo del hombre respecto a sí mismo.

En la actualidad, existe sólo el hombre en abstracto, que después elije para sí mismo, autónomamente, una u otra cosa como naturaleza suya. Se niega a hombres y mujeres su exigencia creacional de ser formas de la persona humana que se integran mutuamente.

Ahora bien, si no existe la dualidad de hombre y mujer como dato de la creación, entonces tampoco existe la familia como realidad preestablecida por la creación. Pero, en este caso, también la prole ha perdido el puesto que hasta ahora le correspondía y la particular dignidad que le es propia.

Bernheim muestra cómo ésta, de sujeto jurídico de por sí, se convierte ahora necesariamente en objeto, al cual se tiene derecho y que, como objeto de un derecho, se puede adquirir. Allí donde la libertad de hacer se convierte en libertad de hacerse por uno mismo, se llega necesariamente a negar al Creador mismo y, con ello, también el hombre como criatura de Dios, como imagen de Dios, queda finalmente degradado en la esencia de su ser.

En la lucha por la familia está en juego el hombre mismo. Y se hace evidente que, cuando se niega a Dios, se disuelve también la dignidad del hombre. Quien defiende a Dios, defiende al hombre”.

MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI PARA JMJ RIO DE JANEIRO 2013

MENSAJE DEL PAPA JMJ RIO DE JANEIRO 2013

«¡Alegráos siempre en el Señor!» (Flp 4,4)

Queridos jóvenes:

Me alegro de dirigirme de nuevo a vosotros con ocasión de la XXVII Jornada Mundial de la Juventud. El recuerdo del encuentro de Madrid el pasado mes de agosto sigue muy presente en mi corazón. Ha sido un momento extraordinario de gracia, durante el cual el Señor ha bendecido a los jóvenes allí presentes, venidos del mundo entero. Doy gracias a Dios por los muchos frutos que ha suscitado en aquellas jornadas y que en el futuro seguirán multiplicándose entre los jóvenes y las comunidades a las que pertenecen. Ahora nos estamos dirigiendo ya hacia la próxima cita en Río de Janeiro en el año 2013, que tendrá como tema «¡Id y haced discípulos a todos los pueblos!» (cf. Mt 28,19). Sigue leyendo