Categoría: Vida Consagrada

Mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2019

PADRENUESTRO
LA VIDA CONSAGRADA, PRESENCIA DEL AMOR DE DIOS

Jornada Mundial de la Vida Consagrada 2019
2 de febrero 2019

En el año 1999 san Juan Pablo II propuso a la Iglesia un año dedicado al Padre con el fin de preparar a toda la Iglesia a la acogida del nuevo milenio. Han pasado veinte años y los obispos españoles desean recordar que la vida consagrada es presencia del amor de Dios. Cada consagrado, con su vida y testimonio, nos anuncia que Dios es Padre, es un Dios que ama con entrañas de misericordia.

Su Hijo Jesús nos enseñó una oración, el padrenuestro, que expresa la relación que Dios tiene con cada uno de nosotros, sus hijos y sus consagrados.

Padre nuestro que estás en el cielo

Configurado con el Hijo, el consagrado vive, unido a Cristo, su relación filial con Dios Padre, a quien no duda de llamar confiadamente todos los días: Abba, papá.

El consagrado vive, aquí en la tierra, su relación fraternal con el Hijo y, junto con Él, mira al cielo, pues sabe que allí tiene un Padre que le espera con anhelo para unir su vida divina con la suya, humana, en un abrazo eterno.

Santificado sea tu nombre

La experiencia de amor filial mueve al consagrado a dejar a Dios ser Padre de su vida y, con su abandono, testimoniar el nombre de Dios: amor.

No un amor de superhombre, sino un amor divino que, superando toda comprensión humana, ha asumido nuestro modo de expresar el amor. De este modo, el consagrado es consciente de que, a través de su caridad, expresa de modo humano el amor divino, nombre de Dios Padre.

Venga a nosotros tu Reino

Empapado por el amor divino que recibe del Padre y también de su místico Esposo, el consagrado desea que su experiencia de amor pueda ser compartida por todos. De este modo, es transformado en puente entre el hombre y Dios para que el amor reine también en este mundo.

Junto con el Hijo, el consagrado ruega al Padre para que ningún hombre se pierda, sino que todos puedan vivir la experiencia de un amor paterno. Y, con el Esposo, no deja de ser buen samaritano, que acerca a todo hombre al amor de Dios, indistintamente de sus heridas materiales o espirituales.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo

La experiencia del amor del Padre a lo largo de sus años de consagración transforma el compromiso del consagrado de obedecer a Dios en un deseo de agradar, como el Hijo, al Padre. A la vez, el ejemplo del Esposo: «no se haga mi voluntad sino la tuya», se convierte en criterio y oración: «más que prometerte obediencia te pido, Padre, que realices tu amorosa voluntad sobre mi vida».

Escuchando también del Esposo, cuyo Reino no es de este mundo, el consagrado anhela y enseña la belleza del cielo, en donde todo estará impregnado por la plenitud de su amorosa y divina voluntad.

Danos hoy nuestro pan de cada día

¡Cuántas veces el consagrado ha escuchado el consejo del Hijo: «Pedid y se os dará»! Así, la persona consagrada se convierte en un hombre o una mujer de petición. Ha aprendido de Cristo a ser un hijo, o una hija, confiado en la acción paternal de Dios, incluso en sus aspectos materiales.

El consagrado sabe que todas sus peticiones son escuchadas por el corazón del Padre; sabe que el Padre conoce todas sus necesidades antes de que se lo pida; sabe que Él, como Padre, no siempre nos concederá lo que le pedimos porque siempre piensa en lo mejor para cada uno de nosotros, aunque no se lo pidamos.

Por ello, el consagrado entiende cuando aparentemente Dios no escucha sus peticiones. En esos momentos, él sabe que el silencio divino es también expresión de un amor paterno, mayor del que nosotros mismos podemos imaginar. Y este amor paterno y divino lo enseña a los demás.

Y, sobre todo, la persona consagrada necesita el pan eucarístico, que lo va alimentando y transformando a imagen de su Señor.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Con emoción, el consagrado aprende de las enseñanzas del Hijo la misericordia del Padre. Sabe que el corazón divino se conmueve cuando cumplimos los mandamientos, como el joven rico; y sabe también que, como hijo pequeño, es acogido con sus errores y debilidades.

A la vez, como hijo escogido, el consagrado se ha dejado modelar por los consejos y actitudes del Esposo, que nos ayuda a reconocer los propios pecados antes de tirar la primera piedra, a disculpar al pecador porque no siempre sabe lo que hace, a tomar conciencia de que todo lo que es del Padre, también su misericordia, es don tanto para él como para los demás.

No nos dejes caer en la tentación

El divino amor misericordioso no es solamente reparador de nuestro posible mal actuar. Su misericordia se expresa aún más en su acción providente que ayuda a evitar el pecado.

La vida de su Hijo, Esposo del consagrado, le enseña a superar la tentación fortalecido por la confianza en el Padre, cuya palabra le alimenta y a quien únicamente desea adorar.

Igualmente, el consagrado, como los agricultores de la parábola de la cizaña sembrada por el maligno, no reprocha el desorden de sus hermanos, sino que les ayuda a que den más fruto, confiado en que el Padre, Dueño del campo, a su tiempo retirará la mala hierba.

Y líbranos del mal

La experiencia con el divino Amor no solamente lleva a desterrar las acciones pecaminosas del propio actuar. El consagrado anhela y desea cada día crecer en el bien. Por ello, confiado, se deja en las manos del Padre, para que, como buen alfarero, rompa en él lo que sea necesario para que cada día manifieste mejor la imagen profética del Amor del Padre y del Hijo en el Espíritu.

A su vez, el consagrado, unido al Alfarero, no deja de impulsar en todos los fieles la vocación al amor y a la santidad, los acompaña en los momentos de purificación, les enseña a descubrir la mano del Señor en esos momentos, y les ayuda a convertir el sufrimiento humano en cruz redentora.

Mujer, ahí tienes a tu hijo

Junto con el Padre, el Hijo nos ha mostrado una madre, la suya, como mujer del padrenuestro. Su oración del fiat es un anticipo de la oración que nos enseñó Cristo y con la que el consagrado pide todos los días al Padre que se cumpla su voluntad sobre él.

Con su visita a Isabel, la Virgen Madre se convierte en expresión humana del amor divino. Con su consejo de hacer lo que Él nos diga, enseña a pedir al Padre con confianza. Dando vueltas en su interior a las palabras del Niño, invita a esperar la hora oportuna de Dios. Al pie de la cruz, ayuda a superar los frecuentes momentos de dificultad de la vida. Y su presencia en Pentecostés nos recuerda que el cielo es la meta de todo hijo del Padre.

La Jornada de la Vida Consagrada, que celebramos anualmente cada 2 de febrero, sea este año un acto de especial agradecimiento al Padre nuestro. Pero también a cada consagrado y consagrada, que con su vida es presencia del amor de Dios.

✠ Jesús E. Catalá Ibáñez
Obispo de Málaga
Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada

✠ Card. Aquilino Bocos Merino, CMF

✠ Joaquín Mª López de Andújar y Cánovas del Castillo
Obispo emérito de Getafe

✠ Román Casanova Casanova
Obispo de Vic

 ✠ Manuel Sánchez Monge
Obispo de Santander

✠ Eusebio Ignacio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

✠ Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF
Obispo de Mondoñedo-Ferrol

✠ Manuel Herrero Fernández, OSA
Obispo de Palencia

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Saludo del Santo Padre Francisco tras la Misa en la fiesta de la Presentación del Señor‏

fran02022016_2Plaza de San Pedro, Vaticano
Martes 2 de febrero de 2016

Queridos hermanos y hermanas consagrados:

Muchas gracias. Participasteis de la Eucaristía con un poco de fresco. Pero el corazón arde. Gracias por terminar así, todos juntos, este Año de la Vida Consagrada. Seguid adelante. Cada uno de nosotros tiene un lugar, un trabajo en la Iglesia. Por favor no olvidar la primera vocación, la primera llamada. Haced memoria: con ese amor con el que fuisteis llamados, hoy el Señor continúa llamándote. Que no disminuya la belleza y el estupor de la primera llamada. Después, continuad trabajando. Es bello continuar. Siempre hay algo que hacer. Lo principal es rezar, el centro de la vida consagrada es la oración. Rezar. Y así envejecer, envejecer como el buen vino.

Os digo una cosa, a mí me gusta tanto cuando encuentro a esos religiosos, religiosas ancianos, pero con los ojos brillantes porque tienen el fuego de la vida espiritual encendido. No se apagó, no se apagó ese fuego. Seguid adelante hoy. Continuad trabajando. Mirad el mañana con esperanza pidiendo siempre al Señor que nos envíe vocaciones, así nuestra obra de consagración puede seguir adelante. La memoria: no os olvidéis la primera llamada; el trabajo de todos los días. Después la esperanza de ir adelante y sembrar bien. Que otros que vienen detrás de nosotros puedan recibir la herencia que nosotros les dejaremos.

Homilía del Santo Padre Francisco en el Jubileo de la Vida Consagrada y clausura del Año de la Vida Consagrada

fran02022016Basílica Papal de San Pedro, Vaticano
Martes 2 de febrero de 2016

FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Hoy ante nuestra mirada se presenta un hecho simple, humilde y grande: Jesús es llevado por María y José al templo de Jerusalén. Es un niño como tantos, como todos, pero es único: es el Unigénito venido para todos. Este Niño nos ha traído la misericordia y la ternura de Dios: Jesús es el rostro de la Misericordia del Padre. Es éste el ícono que el Evangelio nos ofrece al final del Año de la Vida Consagrada, un año vivido con mucho entusiasmo. Él, como un río, confluye ahora en el mar de la misericordia, en este inmenso misterio de amor que estamos experimentando con el Jubileo extraordinario.

La fiesta de hoy, sobre todo en Oriente, es llamada fiesta del encuentro. En efecto, en el Evangelio que ha sido proclamado, vemos diversos encuentros (cfr Lc 2,22-40). En el templo Jesús viene a nuestro encuentro y nosotros vamos a su encuentro. Contemplamos el encuentro con el viejo Simeón, que representa la espera fiel de Israel y el regocijo del corazón por el cumplimiento de las antiguas promesas. Admiramos también el encuentro con la anciana profetisa Ana, que, al ver al Niño, exulta de alegría y alaba a Dios. Simeón y Ana son la espera y la profecía, Jesús es la novedad y el cumplimiento: Él se nos presenta como la perenne sorpresa de Dios; en este Niño nacido para todos se encuentran el pasado, hecho de memoria y de promesa, y el futuro, lleno de esperanza.

En esto podemos ver el inicio de la vida consagrada. Los consagrados y las consagradas están llamados ante todo a ser hombres y mujeres del encuentro. La vocación, de hecho, no toma las mociones de un proyecto nuestro pensado “con cálculo”, sino de una gracia del Señor que nos alcanza, a través de un encuentro que cambia la vida. Quien verdaderamente encuentra a Jesús no puede permanecer igual que antes. Él es la novedad que hace nuevas todas las cosas. Quien vive este encuentro se convierte en testimonio y hace posible el encuentro para los otros; y también se hace promotor de la cultura del encuentro, evitando la autoreferencialidad que nos hace encerrarnos en nosotros mismos.

El pasaje de la Carta a los Hebreos, que hemos escuchado, nos recuerda que el mismo Jesús, para salir a nuestro encuentro, no dudó en compartir nuestra condición humana: «Lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre» (v. 14). Jesús no nos ha salvado “desde el exterior”, no se ha quedado fuera de nuestro drama, sino que ha querido compartir nuestra vida. Los consagrados y las consagradas están llamados a ser signo concreto y profético de esta cercanía de Dios, de éstecompartir la condición de fragilidad, de pecado y de heridas del hombre de nuestro tiempo. Todas las formas de vida consagrada, cada una según sus características, están llamadas a estar en permanente estado de misión, compartiendo «las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de todos aquellos que sufren» (Gaudium et spes, 1).

El Evangelio también nos dice que «su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño» (v. 33). José y María custodian el estupor por este encuentro lleno de luz y de esperanza para todos los pueblos. Y también nosotros, como cristianos y como personas consagradas, somos custodios del estupor. Un estupor que pide ser renovado siempre; ay de la costumbre en la vida espiritual; ay de cristalizar nuestros carismas en una doctrina abstracta: los carismas de los fundadores –como he dicho otras veces– no son para sellar en una botella, no son piezas de museo. Nuestros fundadores han sido movidos por el Espíritu y no han tenido miedo de ensuciarse las manos con la vida cotidiana, con los problemas de la gente, recorriendo con coraje las periferias geográficas y existenciales. No se detuvieron ante los obstáculos y las incomprensiones de los otros, porque mantuvieron en el corazón el estupor por el encuentro con Cristo. No han domesticado la gracia del Evangelio; han tenido siempre en el corazón una sana inquietud por el Señor, un deseo vehemente de llevarlo a los demás, como han hecho María y José en el templo. También hoy nosotros estamos llamados a cumplir elecciones proféticas y valientes.

Finalmente, de la fiesta de hoy aprendemos a vivir la gratitud por el encuentro con Jesús y por el don de la vocación a la vida consagrada. Agradecer, acción de gracias: Eucaristía. Cúan hermoso es cuando encontramos el rostro feliz de personas consagradas, quizás ya con tantos años como Simeón o Ana, felices y llenas de gratitud por la propia vocación. Esta es una palabra que puede sintetizar todo aquello que hemos vivido en este Año de la Vida Consagrada: gratitud por el don del Espíritu Santo, que anima siempre a la Iglesia a través de los diversos carismas.

El Evangelio concluye con esta expresión: «El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él» (v. 40). Que el Señor Jesús pueda, por la maternal intercesión de Maria, crecer en nosotros, y aumentar en cada uno el deseo del encuentro, la custodia del estupor y la alegría de la gratitud. Entonces otros serán atraídos por su luz, y podrán encontrar la misericordia del Padre. Así sea.


Traducción de Radio Vaticana adaptada por Iglesiaactualidad. Citas bíblicas tomadas de la Sagrada Biblia. Versión oficial de la Conferencia Episcopal Española.

«HERMANITAS DE LOS POBRES» AL SUPREMO DE EE.UU «No nos obliguen a elegir entre nuestra fe y los pobres»

littlesisters(CNA/InfoCatólica) «Como ‘Hermanitas de los Pobres’, ofrecemos a los mayores más necesitados, de todas las razas y religiones, un hogar donde son bienvenidos, pues representan a Cristo», ha dicho la Hermana Loraine Marie Maguire, Provincial de las ‘Hermanitas de los Pobres’.

«Nosotras realizamos este servicio de amor en razón de nuestra fe», continuó, añadiendo que «las ‘Hermanitas de los Pobres’ no tenemos posibilidad de elegir entre el cuidado a los mayores pobres y nuestra fe, y no deberíamos tener que hacerlo».

Las manifestaciones de la Hermana Maguire se hicieron el pasado 4 de Enero, al presentar su demanda contra la orden federal de apoyo a la contracepción. El caso se verá durante el presente período de sesiones del Tribunal Supremo, como una parte del paquete de reclamaciones contra la orden administrativa de admisión de la contracepción en los seguros médicos obligatorios.

Las ‘Hermanitas de los Pobres’ están representadas por la ‘Fundación Becket para la libertad religiosa’, junto a otros muchos demandantes, quien presentó la demanda ante el Tribunal el pasado lunes.

La polémica

El punto en cuestión es la orden del Departamento de Salud y Servicios Sociales (HHS) queobliga a los empresarios y empleadores a contratar planes de salud para sus trabajadores que cubran – gratis – los servicios de contracepción, esterilización y aquellos medicamentos (sic) que puedan provocar abortos tempranos.

La Administración Obama estableció estrictas excepciones de carácter religioso para los lugares de culto y sus grupos afiliados, pero muchas instituciones benéficas, afiliadas religiosamente, aquellas que son sin ánimo de lucro, y negocios de todo tipo, que objetaron la ley por razones morales, están siendo obligadas a someterse a ella.

En respuesta a una protesta ampliamente respaldada, junto con demandas judiciales de cientos de querellantes por todo lo ancho del país, llevó a la Administración, más tarde, a ofrecer un «favor» a ciertos grupos religiosos sin ánimo de lucro que se habían opuesto, según el cual, ellos podían informar a sus compañías de seguros de sus problemas y objeción de conciencia, para que el asegurador pagase por esas coberturas.

Los críticos contraatacaron, argumentando que los costes financieros de las coberturas objetadas les serían revertidos a los empleadores por la aseguradora y, por ello, los demandantes objetaron que de esta manera se les estaría obligando a ir contra sus creencias religiosas por tener que «facilitar el acceso» a esos servicios.

Muchas organizaciones religiosas sin ánimo de lucro, incluyendo instituciones benéficas, centros educativos e incluso diócesis, llevaron sus casos contra la orden a los tribunales. Las ‘Hermanitas de los Pobres’ perdieron su primera demanda en el Tribunal de Apelación del 10º Circuito, en Julio pasado, al entender el tribunal que el «favor» («acomodación» lo llama la ley americana) ofrecido a las Hermanas no ofendía sustancialmente sus creencias religiosas tan sinceramente mantenidas.

Las hermanas solicitaron y se les aceptó, un juicio de amparo contra la orden del HHS, el pasado mes de Agosto y en Noviembre siguiente el Tribunal Supremo ha acordado ver este caso junto con los de otros demandantes.

El papa Francisco les ofreció un gesto de apoyo cuando las visitó, fuera del programa oficial, el 23 de Septiembre en la Residencia Juana Jugan, para ancianos de mínimos ingresos en Washington, D. C. La visita se presentó como un ‘gesto de apoyo’ para las hermanas mientras el Tribunal Supremo estaba considerando aceptar su caso, según informó el P. Lombardi, director de la Sala de Prensa de la Santa Sede.

En el fondo, la demanda reclama que el gobierno federal está violando la legislación federal al hablar por las hermanas diciendo que la «acomodación» («favor») es compatible con sus creencias religiosas.

La legislación federal discutida es la «Ley de restauración de la libertad religiosa» de 1993, que concede que cuando una acción gubernamental viola los sentimientos religiosos sinceramente mantenidos de una persona, la carga de la prueba recae sobre el gobierno y debe probar que la acción favorece un apremiante interés del Estado y que es la forma menos lesiva de hacerlo.

Además, aunque el gobierno puede no estar de acuerdo con las objeciones religiosas de la persona, ello no concluye en que los sentimientos religiosos de esa persona no tienen base. Esto es lo que defiende la demanda.

La administración «quiere que los demandantes hagan, precisamente, lo que sus sinceras creencias religiosas prohíben, y los está amenazando con multas draconianas a menos que se sometan, según establece la demanda. La negativa del gobierno a reconocer todo esto no es sino un intento prohibido contra posibles expectativas de personas con sinceras creencias religiosas, de que lo que les pide el gobierno les obligaría a cometer un pecado».

 

Traducido por Francisco Javier Revuelta, del equipo de traducción de InfoCatólica

Original en inglés

Mensaje de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada con motivo de la Jornada Pro Orantibus 2015

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Solo Dios basta
El domingo 31 de mayo celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad y la Jornada Pro Orantibus. La Jornada de este año acontece en el marco del Año de la Vida Consagrada proclamado por el papa Francisco para toda la Iglesia y dentro del V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús.

Es una celebración gozosa para dar gracias a Dios por el don de la vida de los monjes y monjas, que se consagran enteramente a Dios y al servicio de la sociedad en los monasterios y claustros. Es un día también para que todo el Pueblo de Dios ore al Señor por esta vocación tan especial y necesaria, despertando el interés por las vocaciones a la vida consagrada contemplativa.

La exhortación apostólica de san Juan Pablo II Vita consecrata, citando al Decreto Perfectae caritatis, n. 7, del Concilio Vaticano II, describe así la naturaleza y nalidad de la vida consagrada contemplativa: «Los Institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura. En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oración, la morticación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del Pueblo de Dios» (VC, n. 8).

El lema de este año es: «Solo Dios basta». Este verso del conocido poema teresiano es como una composición sapiencial, al estilo de los Presentación 7 salmos. Es el resumen esencial de las personas contemplativas. Mientras peregrinamos por este mundo entre luces y sombras, las personas contemplativas nos recuerdan que también hoy Dios es lo único necesario, que hay que buscar primero el Reino de Dios, que la vida nueva en el Espíritu preanuncia la consumación de los bienes invisibles y futuros.

En este Año Jubilar Teresiano la santa doctora mística nos exhorta a comprender: «el gran bien que hace Dios a un alma que la dispone para tener oración con voluntad (…), que no es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida 8, 5).

En esta presentación transcribo un pasaje de la carta del papa Francisco al Sr. obispo de Ávila, con motivo del Año Jubilar Teresiano (15.X.2014), que se reere al camino de la oración. «Cuando los tiempos son recios, son necesarios amigos fuertes de Dios para sostener a los ojos (Vida 15, 5). Rezar no es una forma de huir, tampoco de meterse en una burbuja, ni de aislarse, sino de avanzar en una amistad que tanto más crece cuanto más se trata al Señor, amigo verdadero y compañero el de viaje, con quien todo se puede sufrir, pues siempre ayuda, da esfuerzo y nunca falta (Vida 22, 6). Para orar no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho (Moradas IV, 1, 7), en volver los ojos para mirar a quien no deja de mirarnos amorosamente y sufrirnos pacientemente (cf. Camino, 26, 3-4). Por muchos caminos puede Dios conducir las almas hacia sí, pero la oración es el camino seguro (Vida 21, 5). Dejarla es perderse (cf. Vida, 19, 6). Estos consejos de la santa son de perenne actualidad. ¡Vayan adelante, pues, por el camino de la oración, con determinación, sin detenerse, hasta el n! Esto vale singularmente para todos los miembros de la vida consagrada. En una cultura de lo provisorio, vivan la delidad del para siempre, siempre, siempre (Vida 1, 5); en un mundo sin esperanza, muestren la fecundidad de un corazón enamorado (Poesía 5); y en una sociedad con tantos ídolos, sean testigos de que solo Dios basta (Poesía 9)».

Vivamos con alegría en este año de gracia la Jornada Pro Orantibus y demos gracias a Dios por el don de la vida consagrada contemplativa, que tanto embellece el Rostro de Cristo, que resplandece en su Iglesia.

✠ Vicente Jiménez Zamora
Arzobispo de Zaragoza y Presidente de lavComisión Episcopal para la Vida Consagrada

Mensaje del Santo Padre Francisco con motivo de 44ª Semana Nacional de Vida Consagrada

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Vaticano, 17 febrero 2015

R. P. Carlos Martínez Oliveras, CMF

Querido hermano:

Con motivo de la 44 Semana Nacional de la Vida Religiosa y en el Año de la Vida Consagrada, te hago llegar un cordial saludo extensivo a todos los participantes. Que en estos días puedan renovar la dimensión eclesial y profética de la consagración religiosa. Que el Señor les conceda la gracia de la memoria para hacerse cargo del carisma fundacional; la gracia del coraje para vivirlo y renovarlo en las circunstancias presentes, sin miedos; y la gracia de la fecundidad esperanzada que siempre mira adelante.

Por favor, les pido que recen por mí.

Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.

Fraternalmente,

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La vida consagrada está para dar testimonio de la belleza de seguir a Jesucristo

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1220 de febrero de 2015.– El Secretario de la Congregación  para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Mons. Fr. José Rodríguez Carballo, OFM envía un mensaje a través de Radio Vaticano en ocasión de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada que se celebra este 2 de febrero.

“Demos testimonio gozoso, alegre de la belleza de la vocación con la cual hemos sido enriquecidos sin mérito propio. Es un don, es una gracia y nosotros queremos a pesar de las dificultades personales, institucionales, queremos decir que es bello, hermoso, seguir a Jesús como consagrados, que seamos valientes en salir. El Santo Padre Francisco nos pide constantemente una Iglesia en salida, esto mismo es validísimo y lo pide en la carta apostólica a los consagrados: una vida consagrada en salida”.

“Tenemos que ser protagonistas de la cultura del encuentro de la que tanto habla el Santo Padre. Ay que salir de nuestros nidos. La vida consagrada no puede ser autoreferencial, la vida consagrada está para dar testimonio –como dije antes- de la belleza de seguir a Jesucristo y por eso, ay que salir y en esto tenemos que ser valientes, salir a las periferias. Es verdad que estamos en muchas periferias pero es una llamada que nos viene de la Iglesia, que no podemos desoír y que habrá que reflexionar dónde estamos, por qué estamos y cómo estamos, porque no basta estar en una periferia, ay que saber cómo se está”.

“Nosotros tenemos que estar como discípulos misioneros, por tanto dispuestos a aprender primero de Jesús y después de toda la gente, particularmente de los más pobres”.

“Permanezcamos en discernimiento, es algo que nos pide también el Santo Padre en la carta, preguntémonos a nivel personal: Señor qué quieres que haga en este momento aquí y ahora. No hace cincuenta años, no dentro de cincuenta años sino aquí y ahora. Y comunitariamente hagamos aquella pregunta que se ponía la Iglesia primitiva y que nos transmite los hechos de los apóstoles: ¿Hermanos, hermanas qué tenemos que hacer? Y una vez escuchado lo que tenemos que hacer pongámonos a la obra. Manos a la obra en la revitalización de la vida consagrada y esto depende de todos los consagrados”.

“El Santo Padre nos invita –siguiendo una invitación de Juan Pablo II- a ser expertos en comunión. Una comunión primero a nivel local en la fraternidad o comunidad en donde nos ha tocado vivir y luego a nivel de instituto o de orden como tal. En estos momentos tenemos que colaborar y un carisma no puede dar la espalda al otro. Tenemos que, manteniendo la propia identidad, abrirnos a la riqueza que nos viene de otros carismas y luego a la Iglesia”.

“La vida consagrada no es auto referencial, es un don que a través del Espíritu ha dado a la Iglesia y nosotros queremos vivir como Iglesia, somos Iglesia, queremos vivir con la Iglesia y para la Iglesia”.

“Por último, que es por donde tenemos que empezar, es: que el centro de nuestra vida comunitaria sea Cristo, es a Él a quien queremos seguir, es a Él a quien queremos entregar nuestra vida, es a Él a quien queremos decir con renovado entusiasmo, con renovada pasión sí. Cada día de nuestra vida, como María, abrirnos con corazón disponible y generoso a lo que el Señor nos pide, por eso que Jesús ocupe el centro de esta Jornada, pero sobre todo de nuestra vida”.