Etiqueta: CATEQUIESIS

Audiencia general 13.02.2019: Padre de todos nosotros

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Continuamos nuestro itinerario para aprender cada vez mejor a rezar como Jesús nos enseñó. Tenemos que rezar como Él nos enseñó a hacerlo.

Él dijo: cuando reces, entra en el silencio de tu habitación, retírate del mundo y dirígete  a Dios llamándolo “¡Padre!”. Jesús quiere que sus discípulos no sean como los hipócritas que rezan de pie en las calles para que los admire la gente (cf. Mt 6, 5). Jesús no quiere hipocresía. La verdadera oración es la que se hace en el secreto de la conciencia, del corazón: inescrutable, visible solo para Dios. Dios y yo. Esa oración huye de la falsedad: ante Dios es imposible fingir. Es imposible, ante Dios no hay truco que valga, Dios nos conoce así, desnudos en la conciencia y no se puede fingir. En la raíz del diálogo con Dios hay un  diálogo silencioso, como el cruce de miradas entre dos personas que se aman: el hombre y Dios cruzan la mirada, y esta es oración. Mirar a Dios y dejarse mirar por Dios: esto es rezar. “Pero, padre, yo no digo palabras…” Mira a Dios y déjate mirar por Él: es una oración, ¡una hermosa oración!

Sigue leyendo “Audiencia general 13.02.2019: Padre de todos nosotros”
Anuncios

Audiencia general 12-12-18: El Padre nuestro, una oración que pide con confianza

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Continuamos el camino de catequesis sobre el “Padre nuestro” que comenzó la semana pasada. Jesús pone en los labios de sus discípulos una oración breve, audaz, compuesta de siete peticiones: un número que en la Biblia no es accidental, indica plenitud. Digo audazmente porque, si Cristo no lo hubiera sugerido, probablemente ninguno de nosotros – todavía más, ninguno de los teólogos más famosos-  se atrevería a rezar a Dios de esta manera.

Sigue leyendo “Audiencia general 12-12-18: El Padre nuestro, una oración que pide con confianza”

Audiencia general 05.12.18: Enséñanos a orar

Catequesis del Santo Padre

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Hoy comenzamos un ciclo de catequesis sobre el “Padre nuestro”.

Los evangelios nos presentan retratos muy vívidos de Jesús como hombre de oración. Jesús rezaba. A pesar de la urgencia de su misión y el apremio de tantas personas que lo reclaman, Jesús siente la necesidad de apartarse en soledad y rezar. El Evangelio de Marcos nos cuenta este detalle desde la primera página del ministerio público de Jesús (cf. 1: 35). El día inaugural de Jesús en Cafarnaúm  terminó triunfalmente. Cuando baja el sol, una multitud de enfermos llega a la puerta donde mora Jesús: el Mesías predica y sana. Se cumplen las antiguas profecías y las expectativas de tantas personas que sufren: Jesús es el Dios cercano, el Dios que libera. Pero esa multitud es todavía pequeña en comparación con muchas otras multitudes que se reunirán alrededor del profeta de Nazaret; a veces se trata de reuniones oceánicas, y Jesús está en el centro de todo, el esperado por el pueblo, el resultado de la esperanza de Israel.

Sigue leyendo “Audiencia general 05.12.18: Enséñanos a orar”

Audiencia general: El Bautismo, fundamento de la vida cristiana

franisco-audiencia

Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Los cincuenta días del tiempo litúrgico pascual son propicios para reflexionar sobre la vida cristiana que, por su naturaleza, es la vida que proviene de Cristo mismo. De hecho, somos cristianos en la medida en que permitimos que Jesucristo viva en nosotros. Entonces, ¿desde dónde podemos comenzar a reavivar  esta conciencia si no desde el principio, desde el Sacramento que ha encendido la vida cristiana en nosotros? Este es el Bautismo. La Pascua de Cristo, con su carga de novedad, nos alcanza a través del Bautismo para transformarnos a su imagen: los bautizados son de Jesucristo, Él es el Señor de su existencia. El bautismo es el «fundamento de toda la vida cristiana» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213). Es el primero de los sacramentos, ya que es la puerta que permite a Cristo el Señor tomar morada en nuestra persona y a nosotros sumergirnos en su Misterio. Sigue leyendo “Audiencia general: El Bautismo, fundamento de la vida cristiana”

Catequesis de los miércoles: La humildad es la condición necesaria para ser escuchados por Dios

francisco_audiencia (2)1 de junio de 2016.- La parábola del fariseo y el publicano, con la que Jesús nos enseña cómo se debe rezar para invocar la misericordia del Padre, ha sido el hilo conductor de la catequesis del Papa durante la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro a la que han asistido más de 15.000 personas.

Los protagonista de la parábola suben al templo para rezar, pero actúan de maneras muy diferentes, obteniendo resultados opuestos. El fariseo reza “de pie” y usa muchas palabras. Aunque la suya parezca una oración de agradecimiento a Dios es en realidad un despliegue de sus propios méritos, con un sentido de superioridad sobre los demás a quienes tilda de ladrones, injustos, adúlteros, y señala entre ellos al publicano que está a su lado. “Precisamente aquí está el problema -explicó Francisco- el fariseo reza a Dios, pero en realidad se mira y se reza a sí mismo. En lugar de ponerse ante el Señor se pone ante un espejo. Aunque se encuentra en el templo, no siente la necesidad de inclinarse ante la grandeza de Dio: está de pie, se siente seguro, como si fuera el dueño del templo. Enumera sus buenas obras: es irreprochable, incluso observa la Ley más de lo debido, desayuna “dos veces por semana” y paga el “décimo” de todo lo que tiene.. En resumen, más que rezar el fariseo se complace en su observancia de los preceptos. Sin embargo, su actitud y sus palabras están lejos de la forma de actuar y de hablar de Dios, que ama a todas las personas y no desprecia a los pecadores. El fariseo, en cambio, desprecia a los pecadores, también cuando señala a “ese otro” que está alli. y, sintiéndose justo, deja de lado el mandamiento más importante: el amor a Dios y el amor al prójimo”.

Por lo tanto, “no es suficiente, preguntarnos cuánto rezamos, también hay que preguntarse cómo rezamos, o más bien, como es nuestro corazón: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y erradicar la arrogancia y la hipocresía. Y me pregunto ¿se puede rezar con arrogancia? No ¿Se puede rezar con hipocresía?No Tenemos que rezar poniéndonos ante Dios tal y como somos. No como el fariseo que rezaba con arrogancia y con hipocresía.Todos estamos atrapados en el frenesí del ritmo diario y a menudo a merced de las sensaciones, aturdidos y confusos. Hace falta aprender a encontrar el camino hacia nuestro corazón, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque allí es donde Dios se encuentra con nosotros y nos habla. Sólo a partir de ahí podemos, a nuestra vez, conocer a los demás y hablar con ellos. El fariseo se ha encaminado hacia el templo, está seguro de sí, pero no se da cuenta de que ha perdido el camino hacia su corazón.”

En cambio, el publicano se presenta en el templo con un corazón humilde y contrito, no se atreve ni siquiera a levantar los ojos y se golpea el pecho. Su oración es brevísima, no tan larga como la del fariseo. “Oh Dios, ten piedad de mí que soy un pecador.” Nada más. Efectivamente los recaudadores de impuestos -llamados publicanos – eran considerados como personas impuras, sumisas a los gobernantes extranjeros, mal vistas por el pueblo y por lo general asociados con los pecadores. La parábola enseña que se es justo o pecador, no por la pertenencia social, sino por la forma de relacionarse con Dios y con los hermanos. Sus gestos de penitencia y sus palabras sencillas atestiguan que es consciente de su miserable condición. Su oración es esencial. Es humilde y está seguro solamente de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no pedia nada porque ya lo tenía todo, el publicano sólo puede pedir misericordia de Dios.

“Presentándose con las “manos vacías”, con el corazón desnudo y reconociéndose pecador -señaló Francisco- el publicano nos enseña la condición necesaria para recibir el perdón del Señor. Al final, él, tan despreciado, se convierte en un icono del verdadero creyente”.

Jesús concluye la parábola con una frase: “Os digo que éste – es decir, el publicano – a diferencia del otro volvió a su casa justificado, porque cualquiera que se enaltece será humillado, pero el que se humilla será ensalzado”.

“¿De estos dos, quien es el corrupto? El fariseo -subrayó el Santo Padre-, el farisseo es el icono de la corrupción porque finge rezar cuando lo que hace es pavonearse. También en la vida el que se cree justo y juzga a los demás es un corrupto y un hipócrita. La soberbia pone en entredicho cualquier buena acción, vacía la oración, aleja de Dios y de los demás. Si Dios prefiere la humildad no es por menoscabarnos: la humildad es, más bien, la condición necesaria para que nos levante, para poder experimentar la misericordia que viene a llenar nuestros vacíos. Si la oración de los soberbios no llega al corazón de Dios, la humildad del miserable la abre de par en par. Dios tiene una debilidad por los humildes y ante un corazón humilde abre el suyo completamente”.

Esa humildad es la misma que la Virgen María expresa en el canto del Magnificat: “Ha visto la humillación de su esclava…de generación en generación su misericordia para los que le temen”, dijo al final de la catequesis Francisco, pidiendo la ayuda de María para rezar con un corazón humilde e invitando a los fieles presentes en la Plaza a repetir tres veces la breve plegaria del publicano: “Oh Dios, ten piedad de mí que soy un pecador.”

(VIS)

Catequesis de los Miércoles: Sin la oración la fe se tambalea

25 de mayo de 2016.- La necesidad de rezar siempre, sin desfallecer, porque la oración mantiene la fe y la relación con Dios, ha sido el tema de la catequesis del Santo Padre durante la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. Para explicarlo recurrió a la parábola de la viuda y el juez que narra el evangelio de san Lucas.

Las viudas, los huérfanos y los extranjeros eran los grupos más desvalidos de la sociedad; los derechos que la ley les otorgaba podían ser pisoteados fácilmente porque, siendo en general personas solas e indefensas, no contaban con nadie que hiciera valer sus razones. Los jueces, según la tradición bíblica, debían ser hombres temerosos de Dios, imparciales e incorruptibles. Pero el juez al que recurre la viuda de la parábola para tener justicia no lo era, “ni temía a Dios, ni respetaba a nadie”, dice el texto. La única arma de la mujer es su perseverancia, su importunar al alto personaje para que la escuche. Y lo consigue. Al final, el juez accede a sus peticiones, no porque esté movido por la misericordia, ni porque se lo dicte la conciencia; simplemente admite: “Como esta viuda me importuna constantemente, le haré justicia para que no me moleste más”.

“De esta parábola -dijo Francisco-Jesús saca una doble conclusión: si la viuda, con su insistencia consiguió obtener de un juez injusto lo que necesitaba, cuanto más Dios que es nuestro padre, bueno y justo, hará justicia a los que se lo pidan con perseverancia y además sin tardar. Por eso, Jesús nos exhorta a rezar “sin desfallecer”. Todos atravesamos por momentos de fatiga y desánimo, especialmente cuando nuestras oraciones parecen ineficaces. Pero Jesús nos asegura que a diferencia del juez injusto Dios responde con prontitud a sus hijos, aunque esto no quiere decir que lo haga en el tiempo y la forma que nos gustaría. ¡La oración no es una varita mágica! Ayuda a mantener la fe en Dios y confiar en Él, incluso cuando no entendemos su voluntad”.

Jesús mismo, que rezaba tanto, sirve de ejemplo. Como afirma san Pablo en la Carta a los Hebreos, durante su vida terrenal, suplicaba a Dios que podía salvarlo de la muerte y gracias a su abandono a la voluntad del Padre su súplica fue escuchada, aunque si esta afirmación, a primera vista, parece inverosímil, porque Jesús murió en la cruz. “Sin embargo, la Carta a los Hebreos no se equivoca -observó el Papa- Dios salvó a Jesús de la muerte, dándole la victoria total sobre ella, pero el camino para lograrlo pasó incluso a través de la muerte”. Jesús también suplicó al Padre la noche antes de su muerte en Getsemaní para que lo librase del amargo cáliz de la pasión, pero su oración estaba impregnada de confianza en la voluntad del Altísimo: “No como yo quiero, sino como quieres tú”. “El objeto de la oración pasa al segundo plano porque lo que importa por encima de todo es la relación con el Padre. Esto es lo que hace la oración: transforma el deseo y lo moldea según la voluntad de Dios, cualquiera que sea, porque quien reza aspira en primer lugar a la unión con Dios que es Amor Misericordioso”.

La parábola termina con una pregunta: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?”. “Y con esta preguntaestamos todos advertidos: no hay que desistir de la oración, incluso si no es correspondida. La oración mantiene la fe, sin ella la fe se tambalea -dijo el Papa al final de su catequesis- Pidamos al Señor una fe que se haga oración incesante, perseverante como la de la viuda de la parábola, una fe que se nutra del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un padre sale al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso”

(VIS)

Catequesis del Papa: Ignorar al pobre es despreciar a Dios

fran_audiencia18 de mayo de 2016.- La misericordia como responsabilidad con los pobres, explicada a través de la parábola del pobre Lázaro, tirado en el portal del hombre rico que se vestía de púrpura y lino y comía opíparamente sin dejar que el mendigo recogiera al menos las migajas, fue el tema de la catequesis del Santo Padre en la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro.

“Las vidas de estas dos personas van en direcciones paralelas -dijo el Papa- no se encuentran nunca. La puerta del rico siempre está cerrada para el pobre que yace ahí fuera intentando comer algunas sobras de su mesa. El rico usa ropa de lujo, mientras Lázaro esta cubierto de llagas… y se muere de hambre…. Esta escena recuerda el duro reproche del Hijo del Hombre en el Juicio Final: “Tuve hambre y no me distéis de comer, tuve sed y no me distéis de beber, estaba […] desnudo y no me vestisteis”. Lázaro representa el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo donde inmensas riquezas y recursos están en pocas manos”.

Jesús cuenta que un día ese hombre rico murió y entonces rogó a Abraham, llamándole “padre”. Reivindicaba así que era hijo suyo, que pertenecía al pueblo de Dios. Y sin embargo, cuando estaba vivo no había tenido para nada en consideración a Dios, solamente a sí mismo, convirtiéndose en el centro de todo, encerrado en su mundo de lujo y derroche. Excluyendo a Lázaro, no había tenido en cuenta ni al Señor ni su ley. “¡Ignorar al pobre es despreciar a Dios! -afirmó Francisco- Tenemos que aprenderlo muy bien: Ignorar al pobre es despreciar a Dios”,reiteró, explicando que en la parábola hay que advertir un detalle: el rico no tiene nombre, mientras el del pobre, Lázaro, que significa “Dios ayuda”, se repite cinco veces. “Lázaro que yace en el portal es un llamado viviente al rico para que se acuerde de Dios, pero no lo percibe. Por lo tanto será condenado, no por su riqueza, sino por su incapacidad de compadecerse de Lázaro y socorrerlo”.

En la segunda parte de la parábola, nos encontramos con Lázaro y el hombre rico después de su muerte. La situación se ha invertido: a Lázaro los ángeles lo llevan al cielo de Abraham, mientras el rico precipita en sus tormentos. Entonces mira hacia arriba y ve al mendigo en el seno de Abraham. Es como si lo viera por primera vez, pero sus palabras le traicionan. “Padre Abraham – dice – ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque me abrasan estas llamas”.

“Ahora el rico reconoce a Lázaro y pide ayuda, mientras que en vida fingía no verlo. ¡Cuántas veces, cuántas, tanta gente hace como si no viera a los pobres! Para ellos los pobres no existen -observó el Pontífice- Antes le negaba incluso las sobras de su mesa y ahora quiere que le lleve de beber. Todavía cree que puede reclamar derechos por su estado anterior. Pero Abraham, afirmando que es imposible satisfacer su petición, nos da la clave de toda la historia: explica que el bien y el mal han sido distribuidos para compensar la injusticia terrenal y la puerta que separaba a los ricos de los pobres en la vida, se ha convertido en “un gran abismo.” Mientras Lázaro estaba en su portal, el rico tenía una posibilidad de salvación: abrir de par en par la puerta, ayudar a Lázaro, pero ahora que ambos están muertos, la situación es irreparable. Dios no es llamado nunca directamente en causa pero la parábola advierte claramente: la misericordia de Dios hacia nosotros está vinculada con nuestra misericordia hacia el prójimo; cuando ésta falta, tampoco la otra encuentra espacio en nuestro corazón cerrado, no puede entrar. Si yo no abro la puerta de mi corazón al pobre, esa puerta permanece cerrada también para Dios y es terrible”.

Entonces el hombre rico piensa en sus hermanos, que pueden correr la misma suerte, y pide que Lázaro vuelva al mundo para advertirles. Pero Abraham responde: “Ya tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. “Para convertirnos no debemos esperar acontecimientos prodigiosos, sino abrir el corazón a la Palabra, que nos llama a amar a Dios y al prójimo -subrayó el Papa- La Palabra de Dios puede revivir un corazón endurecido y curarlo de su ceguera. El hombre rico conocía la Palabra de Dios, pero no la dejó entrar en su corazón, no la escuchó, por eso fue incapaz de abrir los ojos y compadecerse del pobre”.

“Ningún mensajero ni ningún mensaje reemplazarán a los pobres que nos encontremos en el camino, porque en ellos nos sale al encuentro Jesús mismo: “Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos, a mí lo hicisteis”. Así, en el cambio de suerte que la parábola describe se esconde el misterio de nuestra salvación, en que Cristo une la pobreza a la misericordia. Al escuchar este Evangelio, todos nosotros, junto con los pobres de la tierra -terminó el Santo Padre- podemos cantar con María: “Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes; A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada”.

Después de la catequesis el Papa saludó “con afecto especial a los niños ucranianos, huérfanos y prófugos a causa del conflicto armado que continúa todavía en el este de ese país. Por intercesión de María Santísima -dijo- renuevo mi oración para que se llegue a una paz duradera, que alivie a la población sometida a pruebas tan duras y ofrezca un futuro sereno a las nuevas generaciones”.

“Hoy, día del nacimiento de san Juan Pablo II -añadió- saludo cordialmente a todos los polacos aquí presentes. Me uno espiritualmente al presidente de la República de Polonia, con los combatientes y los participantes en la santa misa en el cementerio polaco de Montecassino en recuerdo de los caídos, además de a los que se han reunido en Torún para la consagración del santuario de la Bienaventurada Virgen María Estrella de la Nueva Evangelización y de san Juan Pablo II. ¡Que estos acontecimientos tan importantes sean para vosotros una invitación a rezar por la paz, por la Iglesia en Polonia y por la prosperidad de vuestra patria!”.

En italiano el Papa dio la bienvenida a los sacerdotes de la Iglesia ortodoxa rusa, huéspedes del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, a los niños del departamento de oncología del hospital del Bambin Gesú y a los devotos de san Francisco de Paola, fundador de la Orden de los Mínimos y patrono de la región italiana de Calabria, de quien este año se celebra el sexto aniversario del nacimiento.

También saludó a los peregrinos de lengua francesa del seminario de Estrasburgo, a la delegación del santuario de Notre-Dame de La Salette y a la del Gran San Bernardo de Suiza. Entre los de habla portuguesa recordó a las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción y a los grupos parroquiales de Porto Nacional y de Póvoa de Varzim, deseándoles que la peregrinación a las tumbas de los santos apóstoles Pedro y Pablo reforzase en ellos “el sentir y el vivir en la Iglesia bajo la tierna mirada de la Virgen Madre”. Asimismo, saludó a los grupos parroquiales eslovacos, así como a los estudiantes y profesores de la Escuela Católica primaria de san Francisco de Asís en Vranov y entre los de habla alemana a los participantes en la peregrinación jubilar de la diócesis de Augsburg, a los monaguillos de la diócesis de Eichstatt, además de a los estudiantes y profesores de la Facultad Teológica de Paderborn.

(VIS)