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Discurso del Papa Francisco en el Encuentro con los obispos: “Sanación, acompañamiento y profecía”

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Discurso del Papa Francisco

Eminencia,
queridos hermanos en el episcopado:

Para todos nosotros ha sido una jornada llena, pero de gran alegría. Esta mañana hemos celebrado la Eucaristía junto a los fieles provenientes de todos los rincones del País y por la tarde hemos encontrado a los líderes de la comunidad budista mayoritaria. Me gustaría que nuestro encuentro de esta tarde fuera un momento de serena gratitud por estas bendiciones y de reflexión tranquila sobre las alegrías y los desafíos de vuestro ministerio de Pastores de la grey de Cristo en este País. Agradezco a Mons. Félix [Lian Khen Thang] por las palabras de saludo que en vuestro nombre me ha dirigido. A todos os abrazo con gran afecto en el Señor. Sigue leyendo “Discurso del Papa Francisco en el Encuentro con los obispos: “Sanación, acompañamiento y profecía””

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Homilía de Mons. D. Braulio Rodríguez Plaza en la solemnidad de san Ildefonso, obispo, patrono de la archidiócesis de Toledo

braulio23012015Mons. D. Braulio RODRÍGUEZ PLAZA
Arzobispo de Toledo y Primado de España

S.I. Catedral Primada de la Asunción, Toledo
Viernes 23 de enero del 2015

A san Ildefonso le decimos Patrono de la ciudad de Toledo y de la Archidiócesis toledana. En nuestro leguaje, Patrono es el santo o santa elegido como protector. Le tenemos, pues, como “Defensor”, “Protector” o “Amparador” para nuestra vida, la fe y la actividad de esta porción del Pueblo de Dios que es la Iglesia de Toledo. En otros muchas diócesis de España guardan su memoria.

Pero no le separamos de Cristo, pues sin Jesús, san Ildefonso nada sería para nosotros, salvo tal vez un gran hombre, una figura señera para las gentes toledanas del siglo VII. Pero como discípulo de Cristo, amado del Señor, Pastor toledano que cuidó de este Pueblo con la gracia de Cristo, es mediador precisamente porque está arraigado en el misterio salvador del Hijo de Dios.

A la pregunta, ¿quién es éste que hoy celebramos como Patrono?, la respuesta es: uno de los Doce, es decir, un sucesor de los Apóstoles, que habiendo sido alcanzado por Cristo, y siguiéndole de cerca, sirvió a su Pueblo, a la comunidad eclesial de la Toledo del sigo VII, a la sociedad en que vivía, en un ámbito vital de la persona humana: la orientación de la vida del hombre y la mujer, la vía de la sabiduría y la felicidad.

En esa comunidad eclesial existe la posibilidad de que lo que se ate en la tierra quede atado en el cielo y viceversa, porque el Obispo es el vicario de Cristo para sus fieles. También habla Jesús en el evangelio de esta fiesta de la eficacia absoluta de la oración en común de al menos dos discípulos, porque el mismo Cristo se une a los reunidos en su nombre como abogado ante el Padre. ¡Ah! Eso es muy significativo, porque, para los que forman la Iglesia del Señor, la presencia activa y efectiva del que está al frente de ella, el Obispo, garantiza por la gracia de Dios que esa oración se hace “en nombre de Jesús” y su presencia misma. Es precisamente la adhesión a Cristo el motivo que les reúne.

Por otra parte, toda la sentencia de las palabras de Jesús en el evangelio proclamado debe ser entendida como válida también, y de manera especial, para la época en que Jesús no estará ya con su presencia física entre los discípulos y ha de oírse como de labios del Señor resucitado y glorioso. Existe un hermoso paralelo en la literatura rabínica a estas palabras de Jesús: “Donde dos están sentados (juntos) y hablan entre sí palabras de la torá, allí mora la sekiná, la presencia de Dios entre ellos (Misná, Sentencias de los Padres (Pirké Abbot), III,2).

Los discípulos de Jesús no son simplemente individuos religiosos o “gente de Iglesia”: somos la Iglesia misma, en la que santos como san Ildefonso ayudan a ver la vida de una manera concreta, preocupándose de aquellos con los que viven en nuestros pueblos y ciudades, en nuestros barrios e instituciones. En la oración para la paz dirá el celebrante: “Te ruego, por fin, confiadamente, que a todos los que aterroriza el miedo <y son muchos>, aflige la carencia de alimentos, veja la tribulación, abruman las enfermedades, a todos los puestos en el tormento, los cargados de deudas y sometidos a cualquier tristeza, a todos, los libere tu indulgente piedad, los alivie la enmienda de sus costumbres, y los reconforte tu misericordia de cada día”.

Pero no se trata, como tantas veces piensan los que no nos conocen, de una simple oración. En la Illatio que abre la plegaria eucarística se dice: “Él <Jesucristo> hizo confesor, por su fe y por su amor, a san Ildefonso, y no defraudó la esperanza que manifiesta en sus ruegos de ver gozoso en el cielo al que confesaba en la tierra con el corazón y los labios. Él nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que se encuentren en cualquier aprieto, fiándonos de él y superando por él las tentaciones”.

Superar las tentaciones. ¿Cuáles en concreto? Me arriesgo a enunciar alguna de ellas. Por ejemplo, el dejar para mañana cuanto podemos hacer hoy por el Reino de Dios, evitando la rutina o haciendo lo que siempre hemos hecho. Celebrar a san Ildefonso es también estar implicado en las tareas eclesiales, como son luchar por una parroquia en conversión misionera, por luchar ante la insensibilidad ante lo que ocurre con nuestros niños y adolescentes, débiles por un consumismo egoísta y distanciador de los más pobres, luchar por caer en la cuenta que la alternativa al fundamentalismo yihadista no es la blasfemia ni el relativismo de una sociedad sin valores espirituales, cuyo fin primordial sea enriquecerse, aunque la conducta sea inmoral. La manera de luchar contra el yihadismo no puede ser la burla del hecho religioso, ni la reivindicación de la libertad de expresión por falta al respeto. Estas maneras de comportarse, por otro lado, sabemos que no alcanzan a Dios, pero sí degradan al que así actúa, aunque no crea en nada ni en nadie.

Hay muchas tareas que llevar a cabo en el campo de la Iniciación Cristiana, dejándonos de componendas en la recepción de esos sacramentos; o en el campo de una buena educación afectivo-sexual, que puede engrandecer la vivencia de la sexualidad humana masculina y femenina; o en crear mejor oferta en nuestras caritas y organismo similares para atender dificultades concretas en la vida de familias enteras, que superen el mero asistencialismo en el fondo fácil, y se ocupen más intensamente de toda la persona con la dignidad que ha recibido del Señor. Otras tareas se pueden apuntar, pero no he de alargarme; sólo os exhorto a la lucha por el bien común de nuestra sociedad en un año complejo y difícil para todos. Los católicos deben aportar sus virtudes ciudadanas, que no la diferenciarán mucho de su comportamiento virtuoso cristiano, pues de la abundancia del corazón habla la boca. ¡Cómo me gustaría que esa vida virtuosa se notara en nuestra sociedad toledana!

San Ildefonso, nuestro Patrono, en unas coordenadas históricas diferentes, creo yo que os diría cosas parecida a las que yo os digo; eso sí, mejor dichas y con mucha más autoridad moral. A su intercesión ante el Señor nos acogemos. Dios sea bendito. Amén.