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Discurso del Papa Francisco a los obispos centroamericanos

Discurso del Santo Padre

Gracias Mons. José Luis Escobar Alas, arzobispo de San Salvador, por las palabras de bienvenida que me dirigió en nombre de todos. Me alegra poder encontrarlos y compartir de manera más familiar y directa sus anhelos, proyectos e ilusiones de pastores a quienes el Señor confió el cuidado de su pueblo santo. Gracias por la fraterna acogida.

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Discurso del Papa Francisco en el Encuentro con los obispos: “Sanación, acompañamiento y profecía”

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Discurso del Papa Francisco

Eminencia,
queridos hermanos en el episcopado:

Para todos nosotros ha sido una jornada llena, pero de gran alegría. Esta mañana hemos celebrado la Eucaristía junto a los fieles provenientes de todos los rincones del País y por la tarde hemos encontrado a los líderes de la comunidad budista mayoritaria. Me gustaría que nuestro encuentro de esta tarde fuera un momento de serena gratitud por estas bendiciones y de reflexión tranquila sobre las alegrías y los desafíos de vuestro ministerio de Pastores de la grey de Cristo en este País. Agradezco a Mons. Félix [Lian Khen Thang] por las palabras de saludo que en vuestro nombre me ha dirigido. A todos os abrazo con gran afecto en el Señor. Continue reading “Discurso del Papa Francisco en el Encuentro con los obispos: “Sanación, acompañamiento y profecía””

Once cardenales entran en juego antes del Sínodo con un libro para frenar la ofensiva antifamilia

24368_sesion_final_de_la_fase_de_2014_del_sinodo_sobre_la_familia____al_acercarse_el_de_2015_se_oiran_muchas_voces_poco_atendidas_en_la_fase_anteriorA pesar de que la noticia se mantiene aún bajo estricta reserva y nadie haya podido leer los textos en primicia, está a punto de salir, antes del próximo Sínodo de octubre, un libro que podríamos titular “Permanecer en la Verdad de Cristo 2”.

Según una noticia que ha circulado en los Estados Unidos, parece ser que un cierto número de cardenales, entre los que se citan a Raymond Burke y Walter Brandmuller, han colaborado en la redacción de otro texto que se contrapone a las tesis del cardenal Walter Kasper y de otros teólogos acerca de los temas del Sínodo sobre la familia. Pero, por lo que sabemos, las cosas no están exactamente así.

Las polémicas que acompañaron la salida del libro Permanecer en la Verdad de Cristofueron candentes. Faltaban pocos días para el Sínodo de 2014 y, más o menos directamente, la editorial Cantagalli, junto a los cinco cardenales autores del mismo, fueron acusados de llevar a cabo una “operación editorial” contra el Papa. El mismo Walter Kasper, en una entrevista del 18 de septiembre de 2014, lo dijo abiertamente: “El objetivo de las polémicas no soy yo, sino el Papa”. El cardenal De Paolis, uno de los cinco cardenales que habían contribuido al texto, expresó al periódico La Repubblica su sorpresa: «Hay quien sostiene incluso la hipótesis de una operación planificada a propósito, de un complot. No hay ningún complot; sólo la voluntad de expresar una posición».

Pero alguien parecía querer acallar las voces discordantes respecto a una ruta ya preestablecida, sin respeto alguno por esa parresia que el mismo Papa indicaba como método para desarrollar los trabajos.

Según lo que sabe La Nuova Bussola Quotidiana, parece que el guión podría repetirse. La noticia de que un grupo de cardenales ha trabajado en un nuevo texto en vista del Sínodo ordinario es verdadera. Debería titularse Matrimonio y familia, con un subtítulo que desvele algo más. Se habla, de hecho, de «perspectivas pastorales de 11 cardenales», un grupo decididamente consistente que, visto el número futbolístico, podemos decir que sale al campo con una formación imponente.

Sin embargo, entre estos no figuran, al contrario de lo que indican las indiscreciones de ultramar, ni el cardenal Burke ni el cardenal Brandmuller, mientras que los purpurados implicados deberían ser los siguientes:

-Carlo Caffarra, arzobispo de Bolonia;
-Baselios Cleemis, arzobispo mayor de la Iglesia católica siro-malankar y Presidente de la Conferencia Episcopal de la India;
-Paul Josef Cordes, presidente emérito del Consejo Pontificio «Cor Unum»;
-Dominik Duka, O.P., arzobispo de Praga, primado de Bohemia;
-Willem Jacobus Eijk, arzobispo de Utrecht;
-Joachim Meisner, arzobispo emérito de Colonia;
-John Olorunfemi Onaiyekan, arzobispo de Abuja (Nigeria);
-Antonio María Rouco Varela, arzobispo emérito de Madrid;
-Camillo Ruini, vicario general emérito de Su Santidad para la diócesis de Roma;
-Robert Sarah
, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos;
-Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de Caracas (Venezuela).

Responsable del volumen es el profesor alemán Winfried Aymans, experto de derecho canónico en la Ludwig-Maximilians-Universität, en Múnich. El pasado junio Aymans había escrito en el Osservatore Romano que «en un tiempo en el que el derecho civil tiende cada vez más a abandonar el contrato matrimonial a merced de un arbitrio que aumenta en todos los aspectos, el anuncio de la Iglesia deberá ser aún más claro».

¿Serán de nuevo todos ellos acusados de obstaculizar el debate o, peor aún, de oponerse al Papa? Alguno podría intentarlo, buscando la manera de alimentar el juego de las partes que tiende a crear alineaciones y grupos de hinchas, pero los once cardenales en el campo de juego no parecen estar en absoluto dispuestos a dejarse aplastar en su mitad del campo. Tampoco parecen proclives a un juego de catenaccio, del que muchos desearían poderlos acusar para hacerlos pasar por banales defensores de la “cristalización” de la doctrina.

Por lo que sabemos, las preguntas a las que los once cardenales desean responder son totalmente pastorales y tocan -diríamos incluso que se inclinan sobre- la carne y la sangre de todos nosotros.

¿Cómo podemos acompañar mejor a quienes han sido abandonados por el cónyuge y permanecen fieles al matrimonio así desvinculado?

¿De qué modo la preparación al matrimonio debería afrontar de manera más eficaz la situaciones de jóvenes parejas escasamente catequizadas y muy influenciadas por una cultura cada vez más secularizada?

Para responder a estas y otras preguntas similares no nos queda más que esperar lasalida del libro a finales de septiembre. Respecto a la editorial, todos los indicios apuntan a la sienesa Cantagalli. Estaremos a pocos días del inicio del Sínodo y entre las posibles respuestas pastorales sobre los temas de matrimonio y familia habrá que tener en cuenta también éstas.

Una noticia de última hora. Contemporáneamente al libro de los once cardenales, debería salir otro texto de gran interés. En este caso el número será también de once entre obispos y cardenales, pero todos africanos. Para contarnos África, o más bien para hacer oír la voz de África sobre los temas del Sínodo, y no solo. Será mejor abrir los oídos porque, y esto se vocifera en el título, «nova patria Christi Africa».

(Artículo publicado en La Nuova Bussola Quotidiana
, traducción del italiano de Helena Faccia Serrano)

Homilía del #PapaFrancisco en la Santa Misa con obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos

fran16012015_misaS.I. Catedral de la Inmaculada Concepción, Manila
Viernes 16 de enero de 2015

“¿Me amas?… Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17). Las palabras de Jesús a Pedro en el Evangelio de hoy son las primeras que les dirijo, queridos hermanos obispos y sacerdotes, religiosos y religiosas, seminaristas y jóvenes. Estas palabras nos recuerdan algo esencial. Todo ministerio pastoral nace del amor. Toda vida consagrada es un signo del amor reconciliador de Cristo. Al igual que santa Teresa de Lisieux, cada uno de nosotros, en la diversidad de nuestras vocaciones, está llamado de alguna manera a ser el amor en el corazón de la Iglesia.

Los saludo a todos con gran afecto. Y les pido que hagan llegar mi afecto a todos sus hermanos y hermanas ancianos y enfermos, y a todos aquellos que no han podido unirse a nosotros hoy. Ahora que la Iglesia en Filipinas mira hacia el quinto centenario de su evangelización, sentimos gratitud por el legado dejado por tantos obispos, sacerdotes y religiosos de generaciones pasadas. Ellos trabajaron, no sólo para predicar el Evangelio y edificar la Iglesia en este país, sino también para forjar una sociedad animada por el mensaje del Evangelio de la caridad, el perdón y la solidaridad al servicio del bien común. Hoy ustedes continúan esa obra de amor. Como ellos, están llamados a construir puentes, a apacentar las ovejas de Cristo, y preparar caminos nuevos para el Evangelio en Asia, en los albores de una nueva era.

“El amor de Cristo nos apremia” (2 Co 5, 14). En la primera lectura de hoy san Pablo nos dice que el amor que estamos llamados a proclamar es un amor reconciliador, que brota del corazón del Salvador crucificado. Estamos llamados a ser “embajadores de Cristo” (2 Co 5, 20). El nuestro es un ministerio de la reconciliación. Proclamamos la Buena Nueva del amor infinito, de la misericordia y de la compasión de Dios. Proclamamos la alegría del Evangelio. Pues el Evangelio es la promesa de la gracia de Dios, la única que puede traer la plenitud y la salvación a nuestro mundo quebrantado. Es capaz de inspirar la construcción de un orden social verdaderamente justo y redimido.

Ser un embajador de Cristo significa, en primer lugar, invitar a todos a un renovado encuentro personal con el Señor Jesús (Evangelii Gaudium, 3). Esta invitación debe estar en el centro de su conmemoración de la evangelización de Filipinas. Pero el Evangelio es también una llamada a la conversión, a examinar nuestra conciencia, como individuos y como pueblo. Como los obispos de Filipinas han enseñado justamente, la Iglesia está llamada a reconocer y combatir las causas de la desigualdad y la injusticia profundamente arraigada, que deforman el rostro de la sociedad filipina, contradiciendo claramente las enseñanzas de Cristo. El Evangelio llama a cada cristiano a vivir una vida de honestidad, integridad e interés por el bien común. Pero también llama a las comunidades cristianas a crear “círculos de integridad”, redes de solidaridad que se expandan hasta abrazar y transformar la sociedad mediante su testimonio profético.

Como embajadores de Cristo, nosotros, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, debemos ser los primeros en acoger en nuestros corazones su gracia reconciliadora. San Pablo explica con claridad lo que esto significa: rechazar perspectivas mundanas y ver todas las cosas de nuevo a la luz de Cristo; ser los primeros en examinar nuestras conciencias, reconocer nuestras faltas y pecados, y recorrer el camino de una conversión constante. ¿Cómo podemos proclamar a los demás la novedad y el poder liberador de la Cruz, si nosotros mismos no dejamos que la Palabra de Dios sacuda nuestra complacencia, nuestro miedo al cambio, nuestros pequeños compromisos con los modos de este mundo, nuestra “mundanidad espiritual”? (Cf. Evangelii gaudium, 93).

Para nosotros, sacerdotes y personas consagradas, la conversión a la novedad del Evangelio implica un encuentro diario con el Señor en la oración. Los santos nos enseñan que ésta es la fuente de todo el celo apostólico. Para los religiosos, vivir la novedad del Evangelio significa también encontrar siempre de nuevo en la vida comunitaria y en los apostolados de la comunidad el incentivo de una unión cada vez más estrecha con el Señor en la caridad perfecta. Para todos nosotros, significa vivir de modo que se refleje en nuestras vidas la pobreza de Cristo, cuya existencia entera se centró en hacer la voluntad del Padre y en servir a los demás. El gran peligro, por supuesto, es el materialismo que puede deslizarse en nuestras vidas y comprometer el testimonio que ofrecemos. Sólo si llegamos a ser pobres, y eliminamos nuestra complacencia, seremos capaces de identificarnos con los últimos de nuestros hermanos y hermanas. Veremos las cosas desde una perspectiva nueva y así responderemos con honestidad e integridad al desafío de anunciar la radicalidad del Evangelio en una sociedad acostumbrada a la exclusión social, a la polarización y a la inequidad escandalosa.

Quisiera dirigir unas palabras especialmente a los jóvenes sacerdotes, religiosos y seminaristas, aquí presentes. Les pido que compartan con todos la alegría y el entusiasmo de su amor a Cristo y a la Iglesia, pero sobre todo con sus coetáneos. Que estén cerca de los jóvenes que pueden estar confundidos y desanimados, pero siguen viendo a la Iglesia como compañera en el camino y una fuente de esperanza. Estar cerca de aquellos que, viviendo en medio de una sociedad abrumada por la pobreza y la corrupción, están abatidos, tentados de darse por vencidos, de abandonar los estudios y vivir en las calles. Proclamar la belleza y la verdad del mensaje cristiano a una sociedad que está tentada por una visión confusa de la sexualidad, el matrimonio y la familia. Como saben, estas realidades sufren cada vez más el ataque de fuerzas poderosas que amenazan con desfigurar el plan de Dios sobre la creación y traicionan los verdaderos valores que han inspirado y plasmado todo lo mejor de su cultura.

La cultura filipina, de hecho, ha sido modelada por la creatividad de la fe. Los filipinos son conocidos en todas partes por su amor a Dios, su ferviente piedad y su cálida devoción a Nuestra Señora y su Rosario. Este gran patrimonio contiene un poderoso potencial misionero. Es la forma en la que su pueblo ha inculturado el Evangelio y sigue viviendo su mensaje (cf. Evangelii gaudium, 122). En sus trabajos para preparar el quinto centenario, construyan sobre esta sólida base.

Cristo murió por todos para que, muertos en él, ya no vivamos para nosotros mismos, sino para él (cf. 2 Co 5, 15). Queridos hermanos obispos, sacerdotes y religiosos: pido a María, Madre de la Iglesia, que les conceda un celo desbordante que los lleve a gastarse con generosidad en el servicio de nuestros hermanos y hermanas. Que de esta manera, el amor reconciliador de Cristo penetre cada vez más profundamente en el tejido de la sociedad filipina y, a través de él, hasta los confines de la tierra. Así sea.

Comunicado final del Encuentro de Obispos de Conferencias Episcopales con la Asamblea de ordinarios de Tierra Santa

La dignidad humana como fundamento de la Paz

16086791187_f797366c6d_zHemos venido a rezar y apoyar a la comunidad cristiana, para promover la paz y la dignidad humana en esta tierra dividida.

Hemos visto las trágicas consecuencias del fracaso de la política nacional e internacional para lograr la paz. La dignidad humana viene dada por Dios y es absoluta. El actual conflicto amenaza la dignidad de los Palestinos y de los Israelíes, pero sobre todo nuestro compromiso con los pobres nos urge a apoyar a las personas que sufren en Gaza. Hace un año, definimos la situación de Gaza como “un desastre realizado por el hombre, un escándalo desconcertante, una injusticia que pide a la humanidad una solución”. A raíz de la terrible destrucción causada por la guerra del pasado año, nuestra presencia recordó a la pequeña comunidad cristiana de Gaza que no ha sido olvidada.

Decenas de miles de familias de Gaza no tienen una vivienda adecuada. En este último período de frío polar, al menos dos niños murieron de hipotermia. El bloqueo continuo impide la reconstrucción y contribuye dramáticamente a la desesperación que mina la legítima esperanza de los Israelíes por su seguridad. Pero también crea niveles intolerables de desempleo y empuja a las personas sencillas hacia la pobreza más extrema.

A pesar de la devastación, las aterradoras escenas de destrucción que hemos visto, y los temores de otra guerra que hemos podido escuchar, la esperanza está viva en Gaza. Hemos visto familias que recontruyen sus vidas con determinación. Hemos visto una pequeña comunidad cristiana con una fe enorme. Hemos admirado la tenacidad de muchos voluntarios. Hemos visitado la escuela “Sagrada Familia”, donde Musulmanes y Cristianos estudian y juegan juntos en armonía. Nos hemos reunido con las Hermanas del Santo Rosario, que fieles a su cofundadora la beata Marie-Alphonsine, que este año será canonizada por el Papa Francisco, realizan un ministerio profético de educación. Hemos celebrado la misa con las Hermanas Carmelitas del Carmelo de Belén. Su fundadora la beata Mariam Baouardy, es otra cristiana Palestina cuya vida da testimonio de la santidad que aún emana de esta tierra, y también ella será canonizada.

Los líderes políticos deben defender la dignidad humana de la población de Gaza. Un estudiante nos dijo, de modo punzante, que había recibido un e-mail durante la guerra en el que le preguntaban si necesitaba comida, ropa o vivienda. Sin amargura, respondió que lo que necesitaba era dignidad. Las personas de buena voluntad de ambas partes del conflicto quieren lo mismo, una vida digna de la persona humana.

En los próximos meses vamos a seguir oponiéndonos al proyecto de la construcción del muro en el valle de Cremisán, ya que esto significaría la pérdida de las tierras y del sustento de muchas familias cristianas. Esta situación es trágicamente un microcosmos respecto a la cuestión de la tierra. Seguiremos también oponiéndonos a la expansión del programa de los asentamientos, ilegales según el derecho internacional, de la que hemos sido testigos directos en Hebrón. Su impacto en la libertad de circulación de los Palestinos y en la confiscación de tierras es simplemente injusto.

Tras el fracaso de las negociaciones y la consiguiente violencia del 2014, invitamos urgentemente a los poderes públicos a ser creativos, a encontrar nuevos enfoques, para construir puentes, no muros. Tenemos que humanizar el conflicto favoreciendo una mayor interacción entre Israelíes y Palestinos. La paz sólo llegará cuando todas las partes respeten el hecho de que la Tierra Santa es sagrada para las tres religiones y es el hogar de dos pueblos.

Conscientes de que este año hemos caminado siguiendo las huellas del Papa Francisco, hacemos nuestra su reciente Discurso realizado ante el Cuerpo Diplomático:

«Mi pensamiento se dirige, sobre todo, a Oriente Medio, comenzando por la amada tierra de Jesús, que he tenido la alegría de visitar el pasado mes de mayo y a la que no nos cansaremos nunca de desear la paz. Así lo hicimos, con extraordinaria intensidad, junto al entonces Presidente israelí, Shimon Peres, y al Presidente palestino, Mahmud Abbas, con la esperanza firme de que se puedan retomar las negociaciones entre las dos partes, para que cese la violencia y se alcance una solución que permita, tanto al pueblo Palestino como al Israelí, vivir finalmente en paz, dentro de unas fronteras claramente establecidas y reconocidas internacionalmente, de modo que “la solución de dos Estados” se haga efectiva. »

El camino de la paz exige el respeto de los derechos humanos de Israelíes y Palestinos. Nuestra oración alimenta la esperanza que hace posible la paz. Pedimos a todos los cristianos que recen por los Judíos, los Cristianos y los Musulmanes de esta tierra que llamamos Santa.

Obispo Stephen Ackermann, Alemania

Arzobispo Stephen Brislin, Sudáfrica

Obispo Raymond Browne, Irlanda

Obispo Peter Bürcher, Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega, Suecia

Obispo Oscar Cantú, EE.UU.

Obispo Christopher Chessun, Iglesia de Inglaterra

Obispo Michel Dubost, Francia

Arzobispo Ricardo Fontana, Italia

Obispo Lionel Gendron, Canadá

Obispo Felix Gmur, Suiza

Arzobispo Patrick Kelly, Inglaterra y Gales

Obispo William Kenney, Inglaterra y Gales, COMECE

Obispo Declan Lang, Inglaterra y Gales

Obispo Kieran O’Reilly, Irlanda

Obispo Thomas Maria Renz, Alemania

Arzobispo Joan-Enric Vives, España.


Notas para los editores:

Desde 1998, la Coordinadora de las Conferencias Episcopales en apoyo de la Iglesia en Tierra Santa se viene reuniendo por invitación de la Asamblea de Ordinarios Católicos en Tierra Santa. Por un mandato expreso de la Santa Sede, la Coordinadora de Tierra Santa se reúne cada mes de enero en Tierra Santa, concentrándose en la oración, la peregrinación y la persuasión, con el objetivo de actuar en solidaridad con la comunidad cristiana, ya que ésta experimenta fuertes presiones políticas y socioeconómicas.