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Catequesis de los Miércoles: Sin la oración la fe se tambalea

25 de mayo de 2016.- La necesidad de rezar siempre, sin desfallecer, porque la oración mantiene la fe y la relación con Dios, ha sido el tema de la catequesis del Santo Padre durante la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. Para explicarlo recurrió a la parábola de la viuda y el juez que narra el evangelio de san Lucas.

Las viudas, los huérfanos y los extranjeros eran los grupos más desvalidos de la sociedad; los derechos que la ley les otorgaba podían ser pisoteados fácilmente porque, siendo en general personas solas e indefensas, no contaban con nadie que hiciera valer sus razones. Los jueces, según la tradición bíblica, debían ser hombres temerosos de Dios, imparciales e incorruptibles. Pero el juez al que recurre la viuda de la parábola para tener justicia no lo era, “ni temía a Dios, ni respetaba a nadie”, dice el texto. La única arma de la mujer es su perseverancia, su importunar al alto personaje para que la escuche. Y lo consigue. Al final, el juez accede a sus peticiones, no porque esté movido por la misericordia, ni porque se lo dicte la conciencia; simplemente admite: “Como esta viuda me importuna constantemente, le haré justicia para que no me moleste más”.

“De esta parábola -dijo Francisco-Jesús saca una doble conclusión: si la viuda, con su insistencia consiguió obtener de un juez injusto lo que necesitaba, cuanto más Dios que es nuestro padre, bueno y justo, hará justicia a los que se lo pidan con perseverancia y además sin tardar. Por eso, Jesús nos exhorta a rezar “sin desfallecer”. Todos atravesamos por momentos de fatiga y desánimo, especialmente cuando nuestras oraciones parecen ineficaces. Pero Jesús nos asegura que a diferencia del juez injusto Dios responde con prontitud a sus hijos, aunque esto no quiere decir que lo haga en el tiempo y la forma que nos gustaría. ¡La oración no es una varita mágica! Ayuda a mantener la fe en Dios y confiar en Él, incluso cuando no entendemos su voluntad”.

Jesús mismo, que rezaba tanto, sirve de ejemplo. Como afirma san Pablo en la Carta a los Hebreos, durante su vida terrenal, suplicaba a Dios que podía salvarlo de la muerte y gracias a su abandono a la voluntad del Padre su súplica fue escuchada, aunque si esta afirmación, a primera vista, parece inverosímil, porque Jesús murió en la cruz. “Sin embargo, la Carta a los Hebreos no se equivoca -observó el Papa- Dios salvó a Jesús de la muerte, dándole la victoria total sobre ella, pero el camino para lograrlo pasó incluso a través de la muerte”. Jesús también suplicó al Padre la noche antes de su muerte en Getsemaní para que lo librase del amargo cáliz de la pasión, pero su oración estaba impregnada de confianza en la voluntad del Altísimo: “No como yo quiero, sino como quieres tú”. “El objeto de la oración pasa al segundo plano porque lo que importa por encima de todo es la relación con el Padre. Esto es lo que hace la oración: transforma el deseo y lo moldea según la voluntad de Dios, cualquiera que sea, porque quien reza aspira en primer lugar a la unión con Dios que es Amor Misericordioso”.

La parábola termina con una pregunta: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?”. “Y con esta preguntaestamos todos advertidos: no hay que desistir de la oración, incluso si no es correspondida. La oración mantiene la fe, sin ella la fe se tambalea -dijo el Papa al final de su catequesis- Pidamos al Señor una fe que se haga oración incesante, perseverante como la de la viuda de la parábola, una fe que se nutra del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un padre sale al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso”

(VIS)

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#PapaFrancisco propone estas 30 preguntas para un buen examen de conciencia

FranciscoConfesion2014_LOsservatoreRomano_110315 (ACI).- Hace unos días el Papa Francisco obsequió a los fieles en la Plaza de San Pedro un folleto especial por Cuaresma titulado “Custodia el corazón”, que fue entregado por varios indigentes de Roma y que tiene una serie de importantes recursos para el camino de conversión hacia la Semana Santa.

Entre los distintos recursos planteados por el Santo Padre está un examen de conciencia de 30 preguntas para hacer una buena confesión, así como una breve explicación sobre las razones para acudir al sacramento.

Este recurso cobra particular interés en la víspera de la iniciativa “24 horas con el Señor”, a la que invita el Pontífice los días 13 y 14 de marzo para que los católicos, especialmente los más alejados de la Iglesia, se reconcilien con Dios en preparación para la Pascua.

A la pregunta ¿por qué confesarse?, el folleto contesta: “¡porque somos pecadores! Es decir, pensamos y actuamos de modo contrario al Evangelio. Quien dice estar sin pecado es un mentiroso o un ciego. En el sacramento Dios Padre perdona a quienes, habiendo negado su condición de hijos, se confiesan de sus pecados y reconocen la misericordia de Dios”.

Para confesarse, prosigue el texto es necesario comenzar “por la escucha de la voz de Dios” seguido del “examen de conciencia, el arrepentimiento y el propósito de la enmienda, la invocación de la misericordia divina que se nos concede gratuitamente mediante la absolución, la confesión de los pecados al sacerdote, la satisfacción o cumplimiento de la penitencia impuesta, y finalmente, con la alabanza a Dios por medio de una vida renovada”.

El examen de conciencia

A continuación las 30 preguntas propuestas por el Papa Francisco para hacer una buena confesión:

En relación a Dios

¿Solo me dirijo a Dios en caso de necesidad? ¿Participo regularmente en la Misalos domingos y días de fiesta? ¿Comienzo y termino mi jornada con la oración? ¿Blasfemo en vano el nombre de Dios, de la Virgen, de los santos? ¿Me he avergonzado de manifestarme como católico? ¿Qué hago para crecer espiritualmente, cómo lo hago, cuándo lo hago? ¿Me revelo contra los designios de Dios? ¿Pretendo que Él haga mi voluntad?

En relación al prójimo

¿Sé perdonar, tengo comprensión, ayudo a mi prójimo? ¿Juzgo sin piedad tanto de pensamiento como con palabras? ¿He calumniado, robado, despreciado a los humildes y a los indefensos? ¿Soy envidioso, colérico, o parcial? ¿Me avergüenzo de la carne de mis hermanos, me preocupo de los pobres y de los enfermos?

¿Soy honesto y justo con todos o alimento la cultura del descarte? ¿Incito a otros a hacer el mal? ¿Observo la moral conyugal y familiar enseñada por el Evangelio? ¿Cómo cumplo mi responsabilidad de la educación de mis hijos? ¿Honoro a mis padres? ¿He rechazado la vida recién concebida? ¿He colaborado a hacerlo? ¿Respeto el medio ambiente?

En relación a mí mismo

¿Soy un poco mundano y un poco creyente? ¿Cómo, bebo, fumo o me divierto en exceso? ¿Me preocupo demasiado de mi salud física, de mis bienes? ¿Cómo utilizo mi tiempo? ¿Soy perezoso? ¿Me gusta ser servido? ¿Amo y cultivo la pureza de corazón, de pensamientos, de acciones? ¿Nutro venganzas, alimento rencores? ¿Soy misericordioso, humilde, y constructor de paz?

Descargar AQUI Custodia el Corazón”

 

El don de ciencia nos sintoniza en profundidad con el Creador

El papa explica el don de la ciencia y reza por las víctimas de las inundaciones en Bosnia-Herzegovina y Serbia

12791789394_e19415ff0e_z21 de mayo de 2014.- El don de ciencia que ”no se limita al conocimiento humano, sino que a través de la creación nos lleva a percibir la grandeza de Dios y su amor por sus criaturas”, ha sido el tema de la catequesis del Papa durante la audiencia general de los miércoles.

Ante más de 50.000 personas en la Plaza de San Pedro, Francisco ha explicado que este don del Espíritu Santo nos hace también descubrir cómo la belleza e inmensidad del cosmos nos habla del Creador y nos invita a alabarlo ”desde lo más profundo de nuestro corazón y a reconocer, en todo lo que tenemos y somos un don inestimable de Dios y un signo de su amor infinito por nosotros”.

Ya en el primer capítulo del Génesis, al comienzo de la Biblia, se evidencia que Dios mismo se alegró de su obra ”subrayando repetidamente la belleza y la bondad de cada cosa.. Si Dios ve que la creación es buena y bella- ha dicho Francisco- también nosotros tenemos que asumir esa actitud.. Y cuando Dios acabó de crear al hombre no dijo ”vio que era bueno”, sino ” vio que era muy bueno”. A los ojos de Dios somos lo más hermoso, lo más grande, lo mejor de la creación: hasta los ángeles están por debajo de nosotros; somos más que los ángeles. El Señor nos quiere y tenemos que agradecérselo. El don de ciencia nos sintoniza en profundidad con el Creador y nos hace participar en la claridad de su mirada y de su juicio. Y, desde esta perspectiva -ha dicho el Papa-descubrimos que el hombre y la mujer son el culmen de la creación, como coronación de un plan de amor grabado en cada uno de nosotros y que nos lleva a reconocernos como hermanos y hermanas”.

Todo esto es ”motivo de serenidad y de paz y hace del cristiano un testigo gozoso de Dios, como lo fueron San Francisco de Asís y tantos otros santos que alabaron y cantaron su amor a través de la contemplación de la creación. Del mismo modo el don de ciencia nos ayuda a no caer en el peligro de… creernos dueños absolutos de ella. La creación no es una propiedad de la que podemos disponer como nos parezca, ni mucho menos es sólo propiedad de algunos, de pocos: la creación es un don maravilloso que Dios nos ha dado para que la cuidemos y la utilicemos con respeto, gratitud y en beneficio de todos”.El don de ciencia ayuda también a evitar otro riesgo que es el de limitarnos a las criaturas. ”como si sólo ellas representasen la respuesta a todas nuestras expectativas”.

El Papa ha insistido en el primer riesgo, apropiarse de la creación en vez de cuidarla . La creación,”es un regalo que nos ha hecho Dios… y cuando la explotamos, destruimos el signo de su amor. Destruir la creación es decir a Dios: ”No me gusta” Y esto no está bien, es un pecado. El cuidado de la creación es el cuidado del regalo de Dios, es decir a Dios: ”Gracias, yo soy el que cuida la creación pero para que progrese, jamás para destruir tu regalo”.

”Ese debe ser nuestro comportamiento con la creación porque si la destruimos, ella nos destruirá. ¡No lo olvidéis!”, ha reiterado el Papa, recordando después que hace tiempo en el campo una persona muy sencilla, a la que le gustaban las flores le dijo: ”Tenemos que cuidar de las cosas bellas que Dios nos ha dado; la creación es para nosotros para que la aprovechemos bien; no para explotarla sino para cuidarla porque Dios perdona siempre, nosotros los seres humanos perdonamos algunas veces, pero la creación no perdona jamás y se no la cuidas te destruirá”.

”Tenemos que pensar en todo esto -ha concluido- y pedir al Espíritu Santo el don de la ciencia para entender que la creación es el regalo más hermoso de Dios que hizo tantas cosas buenas, pero la mejor es el ser humano”.

Al finalizar la audiencia general y los saludos a los fieles en las diferentes lenguas, el Santo Padre ha lanzado un llamamiento por los ciudadanos que han perdido la vida, por los numerosos desplazados, y por ingentes daños causados por las inundaciones en Bosnia-Herzegovina y Serbia. ”Por desgracia la situación ha empeorado -ha dicho el Papa- por lo tanto os invito a uniros a mi oración por las victimas y por todas las personas sometidas a duras pruebas por este desastre.. Que no les falte a nuestros hermanos nuestra solidaridad y el apoyo de la comunidad internacional”.

Asimismo Francisco ha recordado que el próximo 24 de mayo se celebra la memoria litúrgica de la beata Virgen María ‘Auxilio de los Cristianos’, venerada con mucha devoción en el santuario de She Shan en Shanghái (China). Por ello el Pontífice ha pedido a los fieles ”rezar para que, bajo la protección de la Madre Auxiliadora, los católicos de China continúen a creer, a esperar y a amar, y sean siempre fermento de armoniosa convivencia entre sus conciudadanos”.

Finalmente, ha destacado que también el próximo sábado, en Aversa (Italia), serán proclamados beatos Mario Vergara, sacerdote del PIME, e Isidoro Ngeikolat, fiel laico y catequista, asesinados por odio a la fe cristiana en 1950 en Birmania. ”Que su heroica fidelidad a Cristo -ha finalizado- sea estímulo y ejemplo para los misioneros y especialmente para los catequistas que realizan una preciosa e insustituible labor apostólica en las tierras de misión, y que toda la Iglesia les agradece”.

(VIS / Iglesiaactualidad)

Nada de chismes, envidias ni celos en la Iglesia, pide el Papa

n1056Al presidir el rezo del Regina Caeli ante los miles de fieles congregados en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco alentó a dejar de lado por completo los chismes, las envidias y los celos en la Iglesia.

El Santo Padre recordó que “hoy la lectura de los Hechos de Apóstoles nos muestra que aun en el comienzo de la Iglesia emergen las primeras tensiones y disensiones. En la vida, los conflictos existen, el problema es cómo se afrontan”.

“Hasta ese momento la unidad de la comunidad cristiana había sido favorecida por la pertenencia a una etnia y cultura, la judaica. Pero, cuando el cristianismo, que por voluntad de Jesús está destinado a todos los pueblos, se abre al ámbito cultural helenista – griego – llega la falta de esta homogeneidad y surgen las primeras dificultades”.

Citado por Radio Vaticano, el Papa señaló que “en ese momento, serpentea el descontento, hay lamentaciones, rumores de favoritismos y trato desigual – esto sucede también en nuestras parroquias -. La ayuda de la comunidad a las personas necesitadas – viudas, huérfanos y pobres en general -, parece privilegiar a los cristianos de origen judío, con relación a los demás”.
Ante este conflicto, dijo, “los Apóstoles toman las riendas de la situación: convocan una reunión ampliada también a los discípulos, debaten juntos acerca de la cuestión, todos. Los problemas, en efecto, ¡no se resuelven fingiendo que no existen!”.

“Y es hermoso este debate sincero entre los pastores y los otros fieles. Se llega por lo tanto a una subdivisión de tareas. Los Apóstoles presentan una propuesta que todos aceptan: ellos se dedicarán a la oración y al ministerio de la Palabra, mientras siete hombres, los diáconos, se encargarán del servicio en las mesas para los pobres”.

Francisco apuntó que “estos siete no son elegidos porque eran expertos en negocios, sino porque eran hombres honestos y de buena reputación, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría; y son constituidos en su servicio mediante la imposición de las manos de parte de los Apóstoles”.
“Y así, de aquel malcontento, de aquella queja, de aquellos rumores de favoritismos y trato desigual, se llega a una solución. Confrontándonos, discutiendo y rezando: así se resuelven los conflictos en la Iglesia. ¡Confrontándonos, discutiendo y rezando, con la certeza de que los chismes y los celos nunca podrán llevarnos a la concordia, a la armonía o a la paz!”.

El Papa indicó que “fue también allí, que el Espíritu Santo coronó este entendimiento y esto nos hace comprender que, cuando nosotros nos dejamos guiar por Espíritu Santo, Él nos lleva a la armonía, a la unidad y al respeto de los diversos dones y talentos”.
“¿Han entendido?… ¡Nada de chismes! ¡Nada de envidias! ¡Nada de celos! ¿entendido?”, preguntó el Papa entre aplausos a los fieles.
“Que la Virgen María nos ayude a ser dóciles al Espíritu Santo, para que sepamos estimarnos mutuamente y converger cada vez más profundamente en la fe y en la caridad, teniendo el corazón abierto a las necesidades de los hermanos”, concluyó.

Homilía del #PapaFrancisco en la Vigilia Pascual

fran19042014Basílica Papal de San Pedro, Vaticano
Sábado Santo, 19 de abril de 2014

El Evangelio de la resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: «Vosotras no temáis» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea» (v. 7). Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).

Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22). Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor. También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.

Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.

El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino! Así sea.

Homilía del #PapaFrancisco en la Santa Misa del Domingo de Ramos

fran13042014Plaza de San Pedro, Vaticano
XXIX Jornada Mundial de la Juventud
Domingo 13 de abril de 2014

Esta semana comienza con una procesión festiva con ramas de olivo: todo el pueblo acoge a Jesús. Los niños y los jóvenes cantan, alaban a Jesús. Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su resurrección.

Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien preguntarnos ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo, delante de Jesús entrando en Jerusalén en este día de fiesta? ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo? ¿O tomo las distancias? ¿Quién soy yo, delante de Jesús que sufre? Hemos oído muchos nombres: tantos nombres.

El grupo de líderes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que había decidido matarlo. Estaban esperando la oportunidad de apresarlo ¿Soy yo como uno de ellos? Incluso hemos oído otro nombre: Judas. 30 monedas. ¿Yo soy como Judas? Hemos escuchado otros nombres: los discípulos que no entendían nada, que se quedaron dormidos mientras el Señor sufría.

¿Mi vida está dormida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que era traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolver todo con la espada: soy yo como ellos? ¿Yo soy como Judas, que finge amar y besa Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos líderes religiosos que tienen prisa en organizar un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy yo como ellos?

Y cuando hago estas cosas, si las hago, ¿creo que con esto salvo al pueblo? ¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar – o condeno yo – a las personas? ¿Soy yo como aquella muchedumbre que no sabía bien si estaba en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elije a Barrabás?

Para ellos es lo mismo: era más divertido, para humillar a Jesús. ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? ¿Soy yo como el Cireneo que regresaba del trabajo, fatigado, pero que tuvo la buena volunta de ayudar al Señor a llevar la cruz? ¿Soy yo como aquellos que pasaban delante de la Cruz y se burlaban de Jesús?: “¡Pero… tan valeroso! ¡Que descienda de la cruz, y nosotros creeremos en Él!”.

La burla a Jesús… ¿Soy yo como aquellas mujeres valientes, y como la mamá de Jesús, que estaba allí, y sufrían en silencio? ¿Soy yo como José, el discípulo escondido, que lleva el cuerpo de Jesús con amor, para darle sepultura? ¿Soy yo como estas dos Marías, que permanecen en la puerta del Sepulcro, llorando, rezando? ¿Soy yo como estos dirigentes que al día siguiente fueron a los de Pilato para decir: “Pero, mira que éste decía que habría resucitado; pero que no venga otro engaño”, y frenan la vida, bloquean el sepulcro para defender la doctrina, para que la vida no salga afuera? ¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de éstas personas yo me parezco?

Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana.

La sabiduría del Espíritu Santo es la gracia de ver las cosas con los ojos de Dios

papa_francisco_saludando_fieles_getty_1105-columnas_69 de abril de 2014.- El Santo Padre Francisco inicia hoy un ciclo de catequesis dedicadas al Espíritu Santo, que ‘constituye el alma y la linfa vital de la Iglesia y de cada cristiano’. El Espíritu Santo es, en sí mismo ‘el don de Dios por excelencia’ y, a su vez ‘comunica a quien lo acoge diversos dones espirituales’. La Iglesia individua siete, un número que simbólicamente indica plenitud y son los que se invocan en la antigua oración llamada ‘Secuencia del Espíritu Santo’: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

El Santo Padre ha hablado del primero: la sabiduría. ‘No se trata simplemente -ha dicho- del saber humano que es fruto del conocimiento y de la experiencia’. La sabiduría que concede el Espíritu Santo es ‘la gracia de poder ver todas las cosas con los ojos de Dios…. Es ver el mundo, las situaciones…los problemas, todo, con los ojos de Dios. ….Y obviamente esto deriva de la intimidad con Dios… de la relación de los hijos con el Padre…Cuando estamos en comunión con el Señor, el Espíritu Santo es como si transfigurase nuestro corazón y nos hiciera percibir todo su calor y su predilección’.

El Espíritu Santo hace entonces del cristiano ‘un sabio’. ¡Pero -ha explicado Francisco- no en el sentido de que tiene una respuesta para todo, que sabe todo, sino en el sentido de que…sabe como actúa Dios, conoce cuando algo es de Dios y cuando no lo es…El corazón del sabio, en este sentido, tiene el gusto y el sabor de Dios…Tenemos dentro de nosotros, en nuestro corazón al Espíritu Santo: podemos escucharlo o no. Si lo escuchamos, nos enseña este camino de sabiduría; nos regala la sabiduría que consiste en ver con los ojos de Dios, escuchar con los oídos de Dios, amar con el corazón de Dios, juzgar las cosas con el juicio de Dios. Esta es la sabiduría que nos regala el Espíritu Santo y todos podemos conseguirla. Solamente tenemos que pedírsela’.

Como ejemplo de sabiduría en la vida diaria, el Papa ha puesto el ejemplo de un matrimonio que se enfada ‘y no se miran, o se miran con mala cara: ¿esta es sabiduría de Dios?. ¡No!. En cambio, si se dicen: ‘Ha amainado la tormenta, vamos a hacer las paces ‘ y empiezan otra vez a caminar juntos en paz…ese es del don de la sabiduría’.

‘Esto -ha concluido- no se aprende; es un regalo del Espíritu Santo. Por eso tenemos que pedir al Señor que nos conceda al Espíritu Santo y el don… de esa sabiduría de Dios que nos enseñe a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios. Y así, con esa sabiduría, vamos adelante, construimos la familia, construimos la Iglesia y todos nos santificamos. Pidamos hoy la gracia de la sabiduría. Y pidamosla a la Virgen que es Trono de la Sabiduría’.

LLAMAMIENTO POR LA PAZ EN SIRIA TRAS LA MUERTE DE UN SACERDOTE JESUITA

“El pasado lunes, en Homes, Siria, fue asesinado el reverendo Frans van der Lugt, mi hermano jesuita, holandés de 75 años, que llegó a Siria hace casi 50 y que se ha comportado siempre bien con todos, con gratitud y amor, y por eso era una persona amada y estimada por cristianos y musulmanes -ha dicho el Papa Francisco después de la catequesis-. Su brutal asesinato me ha llenado de profundo dolor y he vuelto a recordar a toda la gente que sufre y muere en ese atormentado país, presa de un conflicto sangriento que dura desde hace demasiado tiempo y que sigue cosechando muerte y destrucción. Pienso también en la cantidad de personas secuestradas, cristianos y musulmanes, sirios y de otros países, entre los que hay obispos y sacerdotes. Pidamos al Señor que puedan regresar pronto junto a sus seres queridos, sus familias y comunidades’.

Con estas palabras el Santo Padre ha lanzado un llamamiento por el cese de la violencia en Siria, y ha invitado a todos a unirse a su oración por la paz. Ha pedido un alto el fuego en especial, a los responsables sirios y a la comunidad internacional. ‘¡No más guerra! -ha dicho- ¡No más destrucción! Hay que respetar los derechos humanos, atender a la población que necesita ayuda humanitaria y llegar a la deseada paz a través del diálogo y la reconciliación’.

(VIS / Iglesiaactualidad)