San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen, Doctores de la Iglesia

REFLEXIÓN PARA EL XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO EN LA DECLARACIÓN DE SAN JUAN DE ÁVILA Y SANTA HILDEGARDA DE BINGEN COMO DOCTORES DE LA IGLESIA UNIVERSAL [7 DE OCTUBRE DE 2012]

San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen, Doctores de la Iglesia

Hoy, 7 de octubre, la Iglesia se llena de alegría al celebrar un acontecimiento que no se celebre muy a menudo. Sí, el Santo Padre Benedicto XVI declará hoy Doctores de la Iglesia al sacerdote español San Juan de la Cruz y a la abadesa Santa Hildegarda de Bingen, O.S.B. Como decimos, sentimientos de alegría son los que surgen al pueblo de Dios; pero, también se plantean algunos interrogantes: ¿Quiénes son estos dos personajes? ¿Qué puede decirnos una mujer del siglo XI y un hombre del siglo XVI a quienes vivimos en el siglo XXI? ¿Por qué sus doctorados tras siglos de su muerte? Y sin más, ¿qué es ser Doctor de la Iglesia?

El punto decisivo para que un santo sea proclamado Doctor de la Iglesia es que su doctrina haya sido declarada eminente, que haya gozado de un particular carisma de sabiduría, dado por el Espíritu Santo para el bien de la Iglesia, comprobado y ratificado por la influencia benéfica en el pueblo de Dios. Un Maestro, un Doctor de la Iglesia es, pues, quien ha estudiado y contemplado con singular clarividencia los misterios más profundos de la fe y es capaz de exponerlos a los fieles de modo que les sirvan de guía en su formación y en su vida espiritual. Todo esto lo podemos resumir en que en la figura de un Doctor de la Iglesia brotan torrentes de santidad. San Juan de Ávila será el cuarto Doctor de la Iglesia español. Ya lo son: San Isidoro de Sevilla, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Y junto con Santa Hildegarda de Bingen, el número total de Doctores de la Iglesia será de 35.

Santa Hildegarda de Bingen nació en 1098 en Bermesheim, en Renania (Alemania). Enviada por sus padres a la vida religiosa desde que tenía ocho años, se hizo benedictina en el monasterio de san Disibodo. Fue priora de la comunidad femenina y, dado el número siempre creciente de aspirantes que llamaban a las puertas de su convento, decidió separarse del complejo monástico masculino trasladando su comunidad de Religiosas a Bingen, donde transcurrió el resto de su vida. Desde joven había recibido visiones místicas. Pidió consejo a su confesor san Bernardo de Claraval. En 1147 obtuvo la aprobación del Papa Eugenio III. El Pontífice la autorizó a escribir sus visiones y a hablar en público. Su fama de santidad se difundió pronto. En su obra Scivias resume en treinta y cinco visiones los eventos de la historia de la salvación, desde la creación del mundo hasta el fin de los tiempos. Era monja, teóloga, cosmóloga, botánica, música: es considerada la primera mujer compositora de la historia cristiana. Murió en 1179 a los 81 años. Aunque los Papas habían permitido su culto en Alemania no había sido canonizada. Benedicto XVI autorizó su canonización equivalente el 10 de mayo de este año.

Esta gran monja benedictina «también hoy nos habla con gran actualidad»1. La santa, que presenta cinco visiones inspiradas en el prólogo del Evangelio de san Juan, refiere las palabras que el Hijo dirige al Padre: «Toda la obra que tú has querido y que me has confiado, yo la he llevado a buen fin; yo estoy en ti, y tú en mí, y somos uno»2. Exhortaba sobre todo a las comunidades monásticas y al clero a una vida conforme a su vocación.

San Juan de Ávila nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) en 1499. Él propuso un camino de santidad a todo género de personas tanto en el recogimiento de las iglesias y de los conventos como en el bullicio de las calles, los mercados o las plazas. Tras haber estudiado Leyes en Salamanca y Artes y Teología en la Universidad de Alcalá, recibe en 1526 la ordenación sacerdotal y celebra en Almodóvar, su pueblo natal, la primera misa solemne. Llama poderosamente la atención que invitara a comer, aquel día, a doce pobres, vendiera sus cuantiosos bienes y los distribuyese entre los necesitados. Él acertó a poner adecuadas palabras a la única Palabra que invariablemente transmitía en su enseñanza y que era Cristo, encarnado, muerto y resucitado por todos. Él convirtió en oración y en vida su consejo y su predicación. Cristo crucificado fue siempre su mejor libro. Fue maestro de santos, instrumento de sonadas conversiones, orientador de conciencias y guía seguro para todo el pueblo de Dios. Muere con gran fama de santidad el 10 de mayo de 1569 en su humilde casa de Montilla (Córdoba). Beatificado por el Papa León XIII el 15 de mayo de 1894, el 2 de julio de 1946 el Papa Pio XII lo declara Patrono del Clero secular español, y, el 31 de mayo de 1970, es canonizado por el Papa Pablo VI.

San Juan de Ávila nos enseña a tener, como él, «el corazón lleno de fe y de entusiasmo evangelizador»3. Él decía que Dios le había alquilado para dos cosas: para hacer llegar a los hombres al conocimiento de sí mismos, con el fin de que se despreciasen, y para hacer llegar a éstos al conocimiento de Cristo, con el fin de que pudieran apreciar los tesoros de sabiduría y de amor que se encerraban en aquel pecho divino.

A los nuevos Doctores le separan años de vida terrenal, sin embargo comparten un mismo origen. Los dos provenían de familias acomodadas y los dos lo dejaron todo atrás para seguir a Cristo, para ser un nuevo Cristo en la tierra. Hildegarda de Bingen «se distinguió por sabiduría espiritual y santidad de vida» e «interpretaba las Sagradas Escrituras a la luz de Dios, aplicándolas a las distintas circunstancias de la vida»4.Juan de Ávila destacó porque vivió «dedicado a la oración, al estudio y a la predicación», de está forma, él exhortaba a la «frecuencia de los sacramentos y de la lectura asidua de la Sagrada Escritura»5 y predicaba «la fe amorosa y lealtad obedienta que se debe tener con nuestro Señor»6. Ambos nos invitan a que tomemos conciencia sobre la necesidad de conocer la Escritura para crecer en el amor de Cristo.

A San Juan de Ávila y a Santa Hildegarda de Binger confiamos los trabajos de la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos que comienza también hoy. Que ellos, junto a la Virgen María, nos concedan ese espíritu evangelizador que ellos tuvieron para que, así, seamos testigos de Cristo y hagamos resonar su voz e iluminemos el camino que conduce a la única Verdad que puede hacernos libres y dar pleno sentido a nuestra vida.

Oh Dios, concédenos ser sencillos como niños para así entrar en tu compañía como lo han hecho San Juan de Ávila y Santa Hildegarde de Bingen. Así sea.

Domingo 7 de octubre de 2012, en la declaración de San Juan de Ávila y Santa Hildegarda de Bingen como Doctores de la Iglesia universal y en la apertura de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos.

 

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