El sostenimiento económico de la Iglesia se consigue gracias al Fondo Común Interdiocesano, que supone el 22% de la financiación básica de las diócesis españolas. Este fondo se obtiene de dos fuentes principales: las aportaciones directas de los fieles y la asignación tributaria.
Las aportaciones directas de los fieles se obtienen por diferentes cauces como colectas, donativos, legados, herencias. Con todo, es la suscripción periódica (mensual, trimestral, semestral o anual) la que se constituye como el modelo más deseable de sostenimiento de la Iglesia, ya que gracias a esta periodicidad en la financiación se puede administrar el presupuesto de forma más eficaz para ir afrontando los distintos problemas que día a día van surgiendo en las distintas diócesis de nuestro país. En cuestión de datos, podemos decir que durante el 2010 las aportaciones directas aumentaron un 15% con respecto a los años anteriores, esfuerzo a destacar por parte de los fieles, sobre todo si tenemos en cuenta la coyuntura de crisis económica que asola nuestro país.
En cuanto a la asignación tributaria, también podemos hablar de un aumento porcentual, ya que, desde que se estableció el nuevo sistema de asignación tributaria por primera vez en 2008, se ha producido un incremento en el número de contribuyentes que desean que el 0,7% de sus impuestos sea cedido por el Estado a la labor de la Iglesia. Así pues, durante el 2010 la cifra alcanzó el 35,71% del total de las declaraciones, de tal forma que la asignación tributaria supuso de media un 22% de los recursos de la diócesis.
Por su parte, el patrimonio eclesiástico supone una fuente de riqueza y valor para toda la sociedad española. Más de 40.000 entidades católicas gestionan dicho patrimonio autónomamente. No obstante, el indiscutible valor de dicho patrimonio obliga a su continua conservación y rehabilitación, lo que también supone importantes gastos. Este hecho se aprecia en un reciente estudio en el que se muestra que el gasto de conservación y construcción de nuevos templos supone un 20% del presupuesto anual de las diócesis en los años estudiados (2007-2009).
La Iglesia también presenta otras fuentes de financiación entre las que se encuentran subvenciones otorgadas en convocatorias públicas o algunas actividades económicas, que vienen a complementar en un 20% el presupuesto que la Iglesia destina a fines muy variados y amplios.
