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Audiencia general: El Bautismo, fundamento de la vida cristiana

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Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Los cincuenta días del tiempo litúrgico pascual son propicios para reflexionar sobre la vida cristiana que, por su naturaleza, es la vida que proviene de Cristo mismo. De hecho, somos cristianos en la medida en que permitimos que Jesucristo viva en nosotros. Entonces, ¿desde dónde podemos comenzar a reavivar  esta conciencia si no desde el principio, desde el Sacramento que ha encendido la vida cristiana en nosotros? Este es el Bautismo. La Pascua de Cristo, con su carga de novedad, nos alcanza a través del Bautismo para transformarnos a su imagen: los bautizados son de Jesucristo, Él es el Señor de su existencia. El bautismo es el «fundamento de toda la vida cristiana» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213). Es el primero de los sacramentos, ya que es la puerta que permite a Cristo el Señor tomar morada en nuestra persona y a nosotros sumergirnos en su Misterio. Continue reading “Audiencia general: El Bautismo, fundamento de la vida cristiana”

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Catequesis de los Miércoles: Sin la oración la fe se tambalea

25 de mayo de 2016.- La necesidad de rezar siempre, sin desfallecer, porque la oración mantiene la fe y la relación con Dios, ha sido el tema de la catequesis del Santo Padre durante la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. Para explicarlo recurrió a la parábola de la viuda y el juez que narra el evangelio de san Lucas.

Las viudas, los huérfanos y los extranjeros eran los grupos más desvalidos de la sociedad; los derechos que la ley les otorgaba podían ser pisoteados fácilmente porque, siendo en general personas solas e indefensas, no contaban con nadie que hiciera valer sus razones. Los jueces, según la tradición bíblica, debían ser hombres temerosos de Dios, imparciales e incorruptibles. Pero el juez al que recurre la viuda de la parábola para tener justicia no lo era, “ni temía a Dios, ni respetaba a nadie”, dice el texto. La única arma de la mujer es su perseverancia, su importunar al alto personaje para que la escuche. Y lo consigue. Al final, el juez accede a sus peticiones, no porque esté movido por la misericordia, ni porque se lo dicte la conciencia; simplemente admite: “Como esta viuda me importuna constantemente, le haré justicia para que no me moleste más”.

“De esta parábola -dijo Francisco-Jesús saca una doble conclusión: si la viuda, con su insistencia consiguió obtener de un juez injusto lo que necesitaba, cuanto más Dios que es nuestro padre, bueno y justo, hará justicia a los que se lo pidan con perseverancia y además sin tardar. Por eso, Jesús nos exhorta a rezar “sin desfallecer”. Todos atravesamos por momentos de fatiga y desánimo, especialmente cuando nuestras oraciones parecen ineficaces. Pero Jesús nos asegura que a diferencia del juez injusto Dios responde con prontitud a sus hijos, aunque esto no quiere decir que lo haga en el tiempo y la forma que nos gustaría. ¡La oración no es una varita mágica! Ayuda a mantener la fe en Dios y confiar en Él, incluso cuando no entendemos su voluntad”.

Jesús mismo, que rezaba tanto, sirve de ejemplo. Como afirma san Pablo en la Carta a los Hebreos, durante su vida terrenal, suplicaba a Dios que podía salvarlo de la muerte y gracias a su abandono a la voluntad del Padre su súplica fue escuchada, aunque si esta afirmación, a primera vista, parece inverosímil, porque Jesús murió en la cruz. “Sin embargo, la Carta a los Hebreos no se equivoca -observó el Papa- Dios salvó a Jesús de la muerte, dándole la victoria total sobre ella, pero el camino para lograrlo pasó incluso a través de la muerte”. Jesús también suplicó al Padre la noche antes de su muerte en Getsemaní para que lo librase del amargo cáliz de la pasión, pero su oración estaba impregnada de confianza en la voluntad del Altísimo: “No como yo quiero, sino como quieres tú”. “El objeto de la oración pasa al segundo plano porque lo que importa por encima de todo es la relación con el Padre. Esto es lo que hace la oración: transforma el deseo y lo moldea según la voluntad de Dios, cualquiera que sea, porque quien reza aspira en primer lugar a la unión con Dios que es Amor Misericordioso”.

La parábola termina con una pregunta: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?”. “Y con esta preguntaestamos todos advertidos: no hay que desistir de la oración, incluso si no es correspondida. La oración mantiene la fe, sin ella la fe se tambalea -dijo el Papa al final de su catequesis- Pidamos al Señor una fe que se haga oración incesante, perseverante como la de la viuda de la parábola, una fe que se nutra del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un padre sale al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso”

(VIS)

Catequesis del Papa: Ignorar al pobre es despreciar a Dios

fran_audiencia18 de mayo de 2016.- La misericordia como responsabilidad con los pobres, explicada a través de la parábola del pobre Lázaro, tirado en el portal del hombre rico que se vestía de púrpura y lino y comía opíparamente sin dejar que el mendigo recogiera al menos las migajas, fue el tema de la catequesis del Santo Padre en la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro.

“Las vidas de estas dos personas van en direcciones paralelas -dijo el Papa- no se encuentran nunca. La puerta del rico siempre está cerrada para el pobre que yace ahí fuera intentando comer algunas sobras de su mesa. El rico usa ropa de lujo, mientras Lázaro esta cubierto de llagas… y se muere de hambre…. Esta escena recuerda el duro reproche del Hijo del Hombre en el Juicio Final: “Tuve hambre y no me distéis de comer, tuve sed y no me distéis de beber, estaba […] desnudo y no me vestisteis”. Lázaro representa el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo donde inmensas riquezas y recursos están en pocas manos”.

Jesús cuenta que un día ese hombre rico murió y entonces rogó a Abraham, llamándole “padre”. Reivindicaba así que era hijo suyo, que pertenecía al pueblo de Dios. Y sin embargo, cuando estaba vivo no había tenido para nada en consideración a Dios, solamente a sí mismo, convirtiéndose en el centro de todo, encerrado en su mundo de lujo y derroche. Excluyendo a Lázaro, no había tenido en cuenta ni al Señor ni su ley. “¡Ignorar al pobre es despreciar a Dios! -afirmó Francisco- Tenemos que aprenderlo muy bien: Ignorar al pobre es despreciar a Dios”,reiteró, explicando que en la parábola hay que advertir un detalle: el rico no tiene nombre, mientras el del pobre, Lázaro, que significa “Dios ayuda”, se repite cinco veces. “Lázaro que yace en el portal es un llamado viviente al rico para que se acuerde de Dios, pero no lo percibe. Por lo tanto será condenado, no por su riqueza, sino por su incapacidad de compadecerse de Lázaro y socorrerlo”.

En la segunda parte de la parábola, nos encontramos con Lázaro y el hombre rico después de su muerte. La situación se ha invertido: a Lázaro los ángeles lo llevan al cielo de Abraham, mientras el rico precipita en sus tormentos. Entonces mira hacia arriba y ve al mendigo en el seno de Abraham. Es como si lo viera por primera vez, pero sus palabras le traicionan. “Padre Abraham – dice – ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque me abrasan estas llamas”.

“Ahora el rico reconoce a Lázaro y pide ayuda, mientras que en vida fingía no verlo. ¡Cuántas veces, cuántas, tanta gente hace como si no viera a los pobres! Para ellos los pobres no existen -observó el Pontífice- Antes le negaba incluso las sobras de su mesa y ahora quiere que le lleve de beber. Todavía cree que puede reclamar derechos por su estado anterior. Pero Abraham, afirmando que es imposible satisfacer su petición, nos da la clave de toda la historia: explica que el bien y el mal han sido distribuidos para compensar la injusticia terrenal y la puerta que separaba a los ricos de los pobres en la vida, se ha convertido en “un gran abismo.” Mientras Lázaro estaba en su portal, el rico tenía una posibilidad de salvación: abrir de par en par la puerta, ayudar a Lázaro, pero ahora que ambos están muertos, la situación es irreparable. Dios no es llamado nunca directamente en causa pero la parábola advierte claramente: la misericordia de Dios hacia nosotros está vinculada con nuestra misericordia hacia el prójimo; cuando ésta falta, tampoco la otra encuentra espacio en nuestro corazón cerrado, no puede entrar. Si yo no abro la puerta de mi corazón al pobre, esa puerta permanece cerrada también para Dios y es terrible”.

Entonces el hombre rico piensa en sus hermanos, que pueden correr la misma suerte, y pide que Lázaro vuelva al mundo para advertirles. Pero Abraham responde: “Ya tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. “Para convertirnos no debemos esperar acontecimientos prodigiosos, sino abrir el corazón a la Palabra, que nos llama a amar a Dios y al prójimo -subrayó el Papa- La Palabra de Dios puede revivir un corazón endurecido y curarlo de su ceguera. El hombre rico conocía la Palabra de Dios, pero no la dejó entrar en su corazón, no la escuchó, por eso fue incapaz de abrir los ojos y compadecerse del pobre”.

“Ningún mensajero ni ningún mensaje reemplazarán a los pobres que nos encontremos en el camino, porque en ellos nos sale al encuentro Jesús mismo: “Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos, a mí lo hicisteis”. Así, en el cambio de suerte que la parábola describe se esconde el misterio de nuestra salvación, en que Cristo une la pobreza a la misericordia. Al escuchar este Evangelio, todos nosotros, junto con los pobres de la tierra -terminó el Santo Padre- podemos cantar con María: “Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes; A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada”.

Después de la catequesis el Papa saludó “con afecto especial a los niños ucranianos, huérfanos y prófugos a causa del conflicto armado que continúa todavía en el este de ese país. Por intercesión de María Santísima -dijo- renuevo mi oración para que se llegue a una paz duradera, que alivie a la población sometida a pruebas tan duras y ofrezca un futuro sereno a las nuevas generaciones”.

“Hoy, día del nacimiento de san Juan Pablo II -añadió- saludo cordialmente a todos los polacos aquí presentes. Me uno espiritualmente al presidente de la República de Polonia, con los combatientes y los participantes en la santa misa en el cementerio polaco de Montecassino en recuerdo de los caídos, además de a los que se han reunido en Torún para la consagración del santuario de la Bienaventurada Virgen María Estrella de la Nueva Evangelización y de san Juan Pablo II. ¡Que estos acontecimientos tan importantes sean para vosotros una invitación a rezar por la paz, por la Iglesia en Polonia y por la prosperidad de vuestra patria!”.

En italiano el Papa dio la bienvenida a los sacerdotes de la Iglesia ortodoxa rusa, huéspedes del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, a los niños del departamento de oncología del hospital del Bambin Gesú y a los devotos de san Francisco de Paola, fundador de la Orden de los Mínimos y patrono de la región italiana de Calabria, de quien este año se celebra el sexto aniversario del nacimiento.

También saludó a los peregrinos de lengua francesa del seminario de Estrasburgo, a la delegación del santuario de Notre-Dame de La Salette y a la del Gran San Bernardo de Suiza. Entre los de habla portuguesa recordó a las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción y a los grupos parroquiales de Porto Nacional y de Póvoa de Varzim, deseándoles que la peregrinación a las tumbas de los santos apóstoles Pedro y Pablo reforzase en ellos “el sentir y el vivir en la Iglesia bajo la tierna mirada de la Virgen Madre”. Asimismo, saludó a los grupos parroquiales eslovacos, así como a los estudiantes y profesores de la Escuela Católica primaria de san Francisco de Asís en Vranov y entre los de habla alemana a los participantes en la peregrinación jubilar de la diócesis de Augsburg, a los monaguillos de la diócesis de Eichstatt, además de a los estudiantes y profesores de la Facultad Teológica de Paderborn.

(VIS)

Síntesis en español de la catequesis del Papa Francisco (20.04.2016)

fran20022016Miércoles 20 de abril de 2016

El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos leído refleja con claridad un aspecto fundamental de la misericordia: la sinceridad de nuestro arrepentimiento suscita en Dios su perdón incondicional.

Mientras Jesús, invitado por Simón el fariseo, está sentado a la mesa, una mujer, considerada por todos pecadora, entra, se pone a sus pies, los baña con sus lágrimas y los seca con sus cabellos; luego los besa y los unge con el aceite perfumado que ha traído consigo.

La actitud de la mujer contrasta con la del fariseo. El celoso servidor de la ley, que juzga a los demás por las apariencias, desconfía de Jesús porque se deja tocar por los pecadores, y se contamina. La mujer, en cambio, expresa con sus gestos la sinceridad de su arrepentimiento y, con amor y veneración, se abandona confiadamente en Jesús. Cristo no hace componendas con el pecado, que es oposición radical al amor de Dios. Pero no rechaza a los pecadores, sino que los acoge: Jesús, el Santo de Dios, se deja tocar por ellos, sin miedo de ser contaminado, los perdona y los libera del aislamiento al que estaban condenados por el juicio despiadado de quienes se creían perfectos, abriéndoles un futuro.

***

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y América latina. Queridos hermanos, en Cristo, que perdona los pecados, brilla en él la fuerza de la misericordia de Dios, capaz de transformar los corazones. Abrámonos al amor del Señor, y dejémonos renovar por Él.

(El Papa expresa cercanía al pueblo del Ecuador y pide oraciones)

Muchas gracias.

Audiencia Jubilar (9 Abril): La limosna, aspecto esencial de la misericordia

fran_audiencia9 de abril de 2016.- En la audiencia jubilar de este mes el Papa Francisco habló de un aspecto esencial de la misericordia, la limosna, un gesto que no se puede vacíar del gran contenido que posee y que como la misericordia tiene muchos modos de manifestarse.

Francisco recordó a las cuarenta mil personas presentes en la Plaza de San Pedro que el deber de la limosna es tan antiguo como la Biblia y que, junto con el sacrifcio eran dos preceptos a los que debían atenerse las personas religiosas.“Hay páginas importantes en el Antiguo Testamento -dijo- donde Dios exige una atención especial para los pobres que, de vez en vez, son los que no tienen nada, los extranjeros, los huérfanos y las viudas.Y en la Biblia son una constante: el necesitado, la viuda, el extranjero, el forastero, el huérfano, porque Dios quiere que su pueblo mire a estos hermanos nuestros; mas aun, diría que están en el centro del mensaje: alabar a Dios con el sacrificio, alabar a Dios con la limosna. Junto con la obligación de acordarse de ellos, se da también una indicación valiosa: “Da con generosidad y , mientras lo haces, que no se entristezca tu corazón”. Esto significa que la caridad requiere, en primer lugar, una actitud de alegría interior. Ofrecer misericordia no puede ser un peso o una molestia de la que nos tenemos que liberar cuanto antes”. Y cuanta gente -observó el Obispo de Roma- se justifica para no dar limosna diciendo: “¿Cómo será este al que se la doy? A lo mejor va a comprarse vino para emborracharse?. ¡Pero si emborracha es porque no tiene otro camino!… Y tú ¿que haces…cuando no te ven los demás? ¿Eres el juez de ese pobre hombre que te pide una moneda para un vaso de vino?”.

El Papa citó después la sabia lección que, en el Antiguo Testamento, da el anciano Tobías sobre el valor de la limosna, después de recibir una gran suma de dinero: “No apartes tu rostro de ningún pobre, porque así no apartará de tí su rostro el Señor”. Y en el Nuevo Testamento, Jesús, nos da una enseñanza insustituible al respecto. En primer lugar nos pide que no demos limosna para ser alabados por nuestra generosidad. “No cuentan las apariencias -explicó el Pontífice- lo que cuenta es la capacidad de mirar a la cara a la persona que nos pide auxilio. Cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Soy capaz de detenerme y mirar a la cara, mirar a los ojos, a la persona, que me pide ayuda? Por lo tanto no hay que identificar, la limosnas con la moneda dada rápidamente sin mirar a la persona y sin detenerse a hablar con ella para entender lo que realmente necesita. Pero al mismo tiempo -advirtió- hay que distinguir entre los pobres y las diversas formas de mendicidad que no renden un buen servicio a los verdaderos pobres”.

En resumen, la limosna es un gesto sincero de amor y de atención “ante quien nos encontramos y nos pide ayuda hecho en secreto, donde sólo Dios ve y entiende el valor del acto realizado”. Pero dar limosna debe ser también un sacrificio y, para involucrarse con los pobres, hay que dar de lo que es nuestro. “Yo me privo de algo mío para dártelo a tí, concluyó el Papa, citando como colofón las palabras de san Pablo: “En todo os he enseñado que es así, trabajando como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús que dijo. “Mayor felicidad hay en dar que en recibir”.

Finalizada la catequesis en italiano, el Papa saludó a los fieles de diversas nacionalidades presentes en la Plaza de San Pedro, entre ellos a los peregrinos de la arquidiócesis de Dublín, a los grupos de Pontal y del Colegio San Benito de Rio de Janeiro, a los llegados de diversas diócesis italianas y a las peregrinaciones de la Universidad Católica del Sagrado Corazón, de la Caritas de Casale Monferrato y de la Federación Italiana de los Semanarios Católicos que celebran el 50 aniversario de su fundación, así como a los chicos de la Profesión de Fe de Tívoli y a los enfermos asistidos por la Unitalsi de Lombardía y de Campania.

(VIS)

Audiencia del papa Francisco a Comunión y Liberación

franciscoEl Santo Padre Francisco ha recibido este sábado a más de 80 mil miembros de Comunión y Liberación (CL) en la Plaza de San Pedro, con motivo del décimo aniversario de la muerte de su fundador, Don Luigi Giussani, y cuando se cumplen 60 años del nacimiento del movimiento.

Durante el multitudinario encuentro, todos los presentes han recibido al Santo Padre entonando “Zamba de mi speranza”, un canto popular argentino muy apreciado por el Pontífice.

En sus palabras de bienvenida, el presidente de la Fraternidad Comunión y Liberación, Don Julián Carrón, ha asegurado al papa Francisco que “hemos venido como mendigos, con el deseo de aprender, para ser ayudados a vivir con pasión el carisma recibido”. “Nosotros, como todos, necesitamos la mirada misericordiosa del Señor de la que usted, Santidad, es signo e instrumento”, ha añadido. Y ha reconocido también que “estamos aquí, Santidad, con la tensión de vivir la renovación de ese acontecimiento que nos permite experimentar la alegría de ser cristianos”.

El Santo Padre, muy agradecido por el cariño con el que ha sido recibido y por las palabras de Carrón, ha asegurado que la labor de Mons. Luigi Giussani ha marcado tanto su vida sacerdotal como la personal a través de sus libros y artículos. “Su pensamiento es profundamente humano y llega hasta el más íntimo anhelo del hombre”, ha afirmado el Pontífice. Y así ha recordado la importancia que tenía para Don Giussani “el encuentro no con una idea, sino con una Persona, con Jesucristo” que es quien “nos da la libertad”.

En esta línea, el Papa ha advertido que “¡el carisma no se conserva en una botella de agua destilada! Fidelidad al carisma no quiere decir ‘petrificarlo’ –es el diablo el que ‘petrifica’– no significa escribirlo en un pergamino y ponerlo en un cuadro”.

“La referencia al legado que os ha dejado Don Giussani –ha explicado– no puede reducirse a un museo de recuerdos, de decisiones tomadas, de normas de conducta. Comporta, en cambio, fidelidad a la tradición, y fidelidad a la tradición, decía Mahler, significa tener vivo el fuego, no adorar las cenizas”. “Don Giussani no os perdonaría nunca que perdierais la libertad y os transformarais en guías de museo o adoradores de cenizas”, ha destacado Francisco.

Asimismo, el Santo Padre ha pedido a los fieles que recuerden que “¡en el centro solo está el Señor!”, que nos precede siempre, y que salgan a la búsqueda de los alejados para “servir a Jesús en cada persona marginada, abandonada, sin fe, decepcionada por la Iglesia, prisionera de su propio egoísmo”.

“Cuando somos esclavos de la autorreferencialidad –ha advertido– terminamos por cultivar una ‘espiritualidad de etiqueta’: ‘Soy CL’. Esta es la etiqueta; y luego caemos en las mil trampas que nos ofrece la complacencia autorreferencial, el mirarnos en el espejo que nos lleva a desorientarnos y convertimos en meros empresarios de una ONG”.

“‘Salir’ significa también rechazar la autorreferencialidad, en todas sus formas, significa saber escuchar a aquellos que no son como nosotros, aprendiendo de todos, con sincera humildad”, ha indicado.

Cada una de las ideas del discurso del Pontífice argentino han sido aplaudidas por los miembros del movimiento. Durante su esperada intervención, el papa Francisco ha insistido en que el camino de la Iglesia es dejar que se manifieste la gran misericordia de Dios.

(ZENIT)

Los laicos están llamados a ser ‘apóstoles del barrio’

Audiencia del Papa al Pontificio Consejo para los Laicos

b9pcqr6iiaa8tzp7 de febrero de 2015.- Las ciudades presentan grandes oportunidades y grandes riesgos: puede ser magníficos espacios de libertad y de realización humana, pero también terribles espacios de deshumanización y de infelicidad. Además,los laicos son llamados a vivir un humilde protagonismo en la Iglesia y convertirse en fermento de vida cristiana para toda la ciudad”. Es una reflexión del Santo Padre Francisco en su discurso a los participantes de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para los Laicos, que ha tratado el tema “Encontrar a Dios en el corazón de la ciudad”.

El tema elegido, ha observado el Papa, se coloca en el surco de la Evangelii gaudium para entrar en los “desafíos de las culturas urbanas”. Por eso, Francisco ha recordado que el fenómeno del urbanismo ha asumido ya dimensiones globales: más de la mitad de los hombres del planeta vive en las ciudades. Y el contexto urbano –ha explicado– tiene un fuerte impacto en la mentalidad, la cultura, los estilos de vida, las relaciones interpersonales, la religiosidad de las personas.

Asimismo, ha observado que parece que cada ciudad, tiene la capacidad de generar dentro de sí una oscura “anti-ciudad”. Parece que junto a los ciudadanos existen también los no-ciudadanos: “personas invisibles, pobres de medios y de calor humano, que viven en “no-lugares”, que viven de las “no-relaciones”. Son individuos a los que nadie dirige “una mirada, una atención, un interés”, ha advertido el Papa.

Pero frente a estos tristes escenarios, el Santo Padre ha indicado que debemos recordar siempre que Dios no ha abandonado la ciudad.

Por otro lado, ha pedido no abandonarse nunca en el pesimismo y el derrotismo, sino tener una mirada de fe sobre la ciudad, una mirada contemplativa que descubra es Dios que habita en sus casas, en sus calles, en sus plazas.

Al respecto, el Pontífice ha recordado que los fieles laicos, sobre todo, están llamados a salir sin temor para ir al encuentro de los hombres de la ciudad: “en las actividades cotidianas, en el trabajo, como solteros o como familias, junto a la parroquia o en los movimientos eclesiales de los que forman parte, pueden romper el muro del anonimato y de indiferencia que a menudo reina en la ciudad. Se trata de ser “apóstoles del barrio”. Asimismo, ha recordado que en la ciudad a menudo hay un terreno de apostolado mucho más fértil de lo que muchos imaginan. Y por eso, ha reconocido el Pontífice, es importante cuidar la formación de los laicos.

Al mismo tiempo –ha proseguido– es necesario alimentar en ellos el deseo del testimonio, para que puedan donar a los otros con amor el don de la fe que han recibido, acompañando con afecto a esos sus hermanos que mueven los primeros pasos en la vida de fe.

(ZENIT)