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Audiencia general: El Bautismo, fundamento de la vida cristiana

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Catequesis del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

Los cincuenta días del tiempo litúrgico pascual son propicios para reflexionar sobre la vida cristiana que, por su naturaleza, es la vida que proviene de Cristo mismo. De hecho, somos cristianos en la medida en que permitimos que Jesucristo viva en nosotros. Entonces, ¿desde dónde podemos comenzar a reavivar  esta conciencia si no desde el principio, desde el Sacramento que ha encendido la vida cristiana en nosotros? Este es el Bautismo. La Pascua de Cristo, con su carga de novedad, nos alcanza a través del Bautismo para transformarnos a su imagen: los bautizados son de Jesucristo, Él es el Señor de su existencia. El bautismo es el «fundamento de toda la vida cristiana» (Catecismo de la Iglesia Católica, 1213). Es el primero de los sacramentos, ya que es la puerta que permite a Cristo el Señor tomar morada en nuestra persona y a nosotros sumergirnos en su Misterio. Continue reading “Audiencia general: El Bautismo, fundamento de la vida cristiana”

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Catequesis de los miércoles: La humildad es la condición necesaria para ser escuchados por Dios

francisco_audiencia (2)1 de junio de 2016.- La parábola del fariseo y el publicano, con la que Jesús nos enseña cómo se debe rezar para invocar la misericordia del Padre, ha sido el hilo conductor de la catequesis del Papa durante la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro a la que han asistido más de 15.000 personas.

Los protagonista de la parábola suben al templo para rezar, pero actúan de maneras muy diferentes, obteniendo resultados opuestos. El fariseo reza “de pie” y usa muchas palabras. Aunque la suya parezca una oración de agradecimiento a Dios es en realidad un despliegue de sus propios méritos, con un sentido de superioridad sobre los demás a quienes tilda de ladrones, injustos, adúlteros, y señala entre ellos al publicano que está a su lado. “Precisamente aquí está el problema -explicó Francisco- el fariseo reza a Dios, pero en realidad se mira y se reza a sí mismo. En lugar de ponerse ante el Señor se pone ante un espejo. Aunque se encuentra en el templo, no siente la necesidad de inclinarse ante la grandeza de Dio: está de pie, se siente seguro, como si fuera el dueño del templo. Enumera sus buenas obras: es irreprochable, incluso observa la Ley más de lo debido, desayuna “dos veces por semana” y paga el “décimo” de todo lo que tiene.. En resumen, más que rezar el fariseo se complace en su observancia de los preceptos. Sin embargo, su actitud y sus palabras están lejos de la forma de actuar y de hablar de Dios, que ama a todas las personas y no desprecia a los pecadores. El fariseo, en cambio, desprecia a los pecadores, también cuando señala a “ese otro” que está alli. y, sintiéndose justo, deja de lado el mandamiento más importante: el amor a Dios y el amor al prójimo”.

Por lo tanto, “no es suficiente, preguntarnos cuánto rezamos, también hay que preguntarse cómo rezamos, o más bien, como es nuestro corazón: es importante examinarlo para evaluar los pensamientos, los sentimientos, y erradicar la arrogancia y la hipocresía. Y me pregunto ¿se puede rezar con arrogancia? No ¿Se puede rezar con hipocresía?No Tenemos que rezar poniéndonos ante Dios tal y como somos. No como el fariseo que rezaba con arrogancia y con hipocresía.Todos estamos atrapados en el frenesí del ritmo diario y a menudo a merced de las sensaciones, aturdidos y confusos. Hace falta aprender a encontrar el camino hacia nuestro corazón, recuperar el valor de la intimidad y del silencio, porque allí es donde Dios se encuentra con nosotros y nos habla. Sólo a partir de ahí podemos, a nuestra vez, conocer a los demás y hablar con ellos. El fariseo se ha encaminado hacia el templo, está seguro de sí, pero no se da cuenta de que ha perdido el camino hacia su corazón.”

En cambio, el publicano se presenta en el templo con un corazón humilde y contrito, no se atreve ni siquiera a levantar los ojos y se golpea el pecho. Su oración es brevísima, no tan larga como la del fariseo. “Oh Dios, ten piedad de mí que soy un pecador.” Nada más. Efectivamente los recaudadores de impuestos -llamados publicanos – eran considerados como personas impuras, sumisas a los gobernantes extranjeros, mal vistas por el pueblo y por lo general asociados con los pecadores. La parábola enseña que se es justo o pecador, no por la pertenencia social, sino por la forma de relacionarse con Dios y con los hermanos. Sus gestos de penitencia y sus palabras sencillas atestiguan que es consciente de su miserable condición. Su oración es esencial. Es humilde y está seguro solamente de ser un pecador necesitado de piedad. Si el fariseo no pedia nada porque ya lo tenía todo, el publicano sólo puede pedir misericordia de Dios.

“Presentándose con las “manos vacías”, con el corazón desnudo y reconociéndose pecador -señaló Francisco- el publicano nos enseña la condición necesaria para recibir el perdón del Señor. Al final, él, tan despreciado, se convierte en un icono del verdadero creyente”.

Jesús concluye la parábola con una frase: “Os digo que éste – es decir, el publicano – a diferencia del otro volvió a su casa justificado, porque cualquiera que se enaltece será humillado, pero el que se humilla será ensalzado”.

“¿De estos dos, quien es el corrupto? El fariseo -subrayó el Santo Padre-, el farisseo es el icono de la corrupción porque finge rezar cuando lo que hace es pavonearse. También en la vida el que se cree justo y juzga a los demás es un corrupto y un hipócrita. La soberbia pone en entredicho cualquier buena acción, vacía la oración, aleja de Dios y de los demás. Si Dios prefiere la humildad no es por menoscabarnos: la humildad es, más bien, la condición necesaria para que nos levante, para poder experimentar la misericordia que viene a llenar nuestros vacíos. Si la oración de los soberbios no llega al corazón de Dios, la humildad del miserable la abre de par en par. Dios tiene una debilidad por los humildes y ante un corazón humilde abre el suyo completamente”.

Esa humildad es la misma que la Virgen María expresa en el canto del Magnificat: “Ha visto la humillación de su esclava…de generación en generación su misericordia para los que le temen”, dijo al final de la catequesis Francisco, pidiendo la ayuda de María para rezar con un corazón humilde e invitando a los fieles presentes en la Plaza a repetir tres veces la breve plegaria del publicano: “Oh Dios, ten piedad de mí que soy un pecador.”

(VIS)

Catequesis de los Miércoles: Sin la oración la fe se tambalea

25 de mayo de 2016.- La necesidad de rezar siempre, sin desfallecer, porque la oración mantiene la fe y la relación con Dios, ha sido el tema de la catequesis del Santo Padre durante la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro. Para explicarlo recurrió a la parábola de la viuda y el juez que narra el evangelio de san Lucas.

Las viudas, los huérfanos y los extranjeros eran los grupos más desvalidos de la sociedad; los derechos que la ley les otorgaba podían ser pisoteados fácilmente porque, siendo en general personas solas e indefensas, no contaban con nadie que hiciera valer sus razones. Los jueces, según la tradición bíblica, debían ser hombres temerosos de Dios, imparciales e incorruptibles. Pero el juez al que recurre la viuda de la parábola para tener justicia no lo era, “ni temía a Dios, ni respetaba a nadie”, dice el texto. La única arma de la mujer es su perseverancia, su importunar al alto personaje para que la escuche. Y lo consigue. Al final, el juez accede a sus peticiones, no porque esté movido por la misericordia, ni porque se lo dicte la conciencia; simplemente admite: “Como esta viuda me importuna constantemente, le haré justicia para que no me moleste más”.

“De esta parábola -dijo Francisco-Jesús saca una doble conclusión: si la viuda, con su insistencia consiguió obtener de un juez injusto lo que necesitaba, cuanto más Dios que es nuestro padre, bueno y justo, hará justicia a los que se lo pidan con perseverancia y además sin tardar. Por eso, Jesús nos exhorta a rezar “sin desfallecer”. Todos atravesamos por momentos de fatiga y desánimo, especialmente cuando nuestras oraciones parecen ineficaces. Pero Jesús nos asegura que a diferencia del juez injusto Dios responde con prontitud a sus hijos, aunque esto no quiere decir que lo haga en el tiempo y la forma que nos gustaría. ¡La oración no es una varita mágica! Ayuda a mantener la fe en Dios y confiar en Él, incluso cuando no entendemos su voluntad”.

Jesús mismo, que rezaba tanto, sirve de ejemplo. Como afirma san Pablo en la Carta a los Hebreos, durante su vida terrenal, suplicaba a Dios que podía salvarlo de la muerte y gracias a su abandono a la voluntad del Padre su súplica fue escuchada, aunque si esta afirmación, a primera vista, parece inverosímil, porque Jesús murió en la cruz. “Sin embargo, la Carta a los Hebreos no se equivoca -observó el Papa- Dios salvó a Jesús de la muerte, dándole la victoria total sobre ella, pero el camino para lograrlo pasó incluso a través de la muerte”. Jesús también suplicó al Padre la noche antes de su muerte en Getsemaní para que lo librase del amargo cáliz de la pasión, pero su oración estaba impregnada de confianza en la voluntad del Altísimo: “No como yo quiero, sino como quieres tú”. “El objeto de la oración pasa al segundo plano porque lo que importa por encima de todo es la relación con el Padre. Esto es lo que hace la oración: transforma el deseo y lo moldea según la voluntad de Dios, cualquiera que sea, porque quien reza aspira en primer lugar a la unión con Dios que es Amor Misericordioso”.

La parábola termina con una pregunta: “Cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará fe en la tierra?”. “Y con esta preguntaestamos todos advertidos: no hay que desistir de la oración, incluso si no es correspondida. La oración mantiene la fe, sin ella la fe se tambalea -dijo el Papa al final de su catequesis- Pidamos al Señor una fe que se haga oración incesante, perseverante como la de la viuda de la parábola, una fe que se nutra del deseo de su venida. Y en la oración experimentamos la compasión de Dios, que como un padre sale al encuentro de sus hijos lleno de amor misericordioso”

(VIS)

Catequesis del Papa: Ignorar al pobre es despreciar a Dios

fran_audiencia18 de mayo de 2016.- La misericordia como responsabilidad con los pobres, explicada a través de la parábola del pobre Lázaro, tirado en el portal del hombre rico que se vestía de púrpura y lino y comía opíparamente sin dejar que el mendigo recogiera al menos las migajas, fue el tema de la catequesis del Santo Padre en la audiencia general de los miércoles en la Plaza de San Pedro.

“Las vidas de estas dos personas van en direcciones paralelas -dijo el Papa- no se encuentran nunca. La puerta del rico siempre está cerrada para el pobre que yace ahí fuera intentando comer algunas sobras de su mesa. El rico usa ropa de lujo, mientras Lázaro esta cubierto de llagas… y se muere de hambre…. Esta escena recuerda el duro reproche del Hijo del Hombre en el Juicio Final: “Tuve hambre y no me distéis de comer, tuve sed y no me distéis de beber, estaba […] desnudo y no me vestisteis”. Lázaro representa el grito silencioso de los pobres de todos los tiempos y la contradicción de un mundo donde inmensas riquezas y recursos están en pocas manos”.

Jesús cuenta que un día ese hombre rico murió y entonces rogó a Abraham, llamándole “padre”. Reivindicaba así que era hijo suyo, que pertenecía al pueblo de Dios. Y sin embargo, cuando estaba vivo no había tenido para nada en consideración a Dios, solamente a sí mismo, convirtiéndose en el centro de todo, encerrado en su mundo de lujo y derroche. Excluyendo a Lázaro, no había tenido en cuenta ni al Señor ni su ley. “¡Ignorar al pobre es despreciar a Dios! -afirmó Francisco- Tenemos que aprenderlo muy bien: Ignorar al pobre es despreciar a Dios”,reiteró, explicando que en la parábola hay que advertir un detalle: el rico no tiene nombre, mientras el del pobre, Lázaro, que significa “Dios ayuda”, se repite cinco veces. “Lázaro que yace en el portal es un llamado viviente al rico para que se acuerde de Dios, pero no lo percibe. Por lo tanto será condenado, no por su riqueza, sino por su incapacidad de compadecerse de Lázaro y socorrerlo”.

En la segunda parte de la parábola, nos encontramos con Lázaro y el hombre rico después de su muerte. La situación se ha invertido: a Lázaro los ángeles lo llevan al cielo de Abraham, mientras el rico precipita en sus tormentos. Entonces mira hacia arriba y ve al mendigo en el seno de Abraham. Es como si lo viera por primera vez, pero sus palabras le traicionan. “Padre Abraham – dice – ten piedad de mí y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua y me refresque la lengua, porque me abrasan estas llamas”.

“Ahora el rico reconoce a Lázaro y pide ayuda, mientras que en vida fingía no verlo. ¡Cuántas veces, cuántas, tanta gente hace como si no viera a los pobres! Para ellos los pobres no existen -observó el Pontífice- Antes le negaba incluso las sobras de su mesa y ahora quiere que le lleve de beber. Todavía cree que puede reclamar derechos por su estado anterior. Pero Abraham, afirmando que es imposible satisfacer su petición, nos da la clave de toda la historia: explica que el bien y el mal han sido distribuidos para compensar la injusticia terrenal y la puerta que separaba a los ricos de los pobres en la vida, se ha convertido en “un gran abismo.” Mientras Lázaro estaba en su portal, el rico tenía una posibilidad de salvación: abrir de par en par la puerta, ayudar a Lázaro, pero ahora que ambos están muertos, la situación es irreparable. Dios no es llamado nunca directamente en causa pero la parábola advierte claramente: la misericordia de Dios hacia nosotros está vinculada con nuestra misericordia hacia el prójimo; cuando ésta falta, tampoco la otra encuentra espacio en nuestro corazón cerrado, no puede entrar. Si yo no abro la puerta de mi corazón al pobre, esa puerta permanece cerrada también para Dios y es terrible”.

Entonces el hombre rico piensa en sus hermanos, que pueden correr la misma suerte, y pide que Lázaro vuelva al mundo para advertirles. Pero Abraham responde: “Ya tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen”. “Para convertirnos no debemos esperar acontecimientos prodigiosos, sino abrir el corazón a la Palabra, que nos llama a amar a Dios y al prójimo -subrayó el Papa- La Palabra de Dios puede revivir un corazón endurecido y curarlo de su ceguera. El hombre rico conocía la Palabra de Dios, pero no la dejó entrar en su corazón, no la escuchó, por eso fue incapaz de abrir los ojos y compadecerse del pobre”.

“Ningún mensajero ni ningún mensaje reemplazarán a los pobres que nos encontremos en el camino, porque en ellos nos sale al encuentro Jesús mismo: “Cuanto hicisteis a uno de estos mis hermanos, a mí lo hicisteis”. Así, en el cambio de suerte que la parábola describe se esconde el misterio de nuestra salvación, en que Cristo une la pobreza a la misericordia. Al escuchar este Evangelio, todos nosotros, junto con los pobres de la tierra -terminó el Santo Padre- podemos cantar con María: “Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes; A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada”.

Después de la catequesis el Papa saludó “con afecto especial a los niños ucranianos, huérfanos y prófugos a causa del conflicto armado que continúa todavía en el este de ese país. Por intercesión de María Santísima -dijo- renuevo mi oración para que se llegue a una paz duradera, que alivie a la población sometida a pruebas tan duras y ofrezca un futuro sereno a las nuevas generaciones”.

“Hoy, día del nacimiento de san Juan Pablo II -añadió- saludo cordialmente a todos los polacos aquí presentes. Me uno espiritualmente al presidente de la República de Polonia, con los combatientes y los participantes en la santa misa en el cementerio polaco de Montecassino en recuerdo de los caídos, además de a los que se han reunido en Torún para la consagración del santuario de la Bienaventurada Virgen María Estrella de la Nueva Evangelización y de san Juan Pablo II. ¡Que estos acontecimientos tan importantes sean para vosotros una invitación a rezar por la paz, por la Iglesia en Polonia y por la prosperidad de vuestra patria!”.

En italiano el Papa dio la bienvenida a los sacerdotes de la Iglesia ortodoxa rusa, huéspedes del Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, a los niños del departamento de oncología del hospital del Bambin Gesú y a los devotos de san Francisco de Paola, fundador de la Orden de los Mínimos y patrono de la región italiana de Calabria, de quien este año se celebra el sexto aniversario del nacimiento.

También saludó a los peregrinos de lengua francesa del seminario de Estrasburgo, a la delegación del santuario de Notre-Dame de La Salette y a la del Gran San Bernardo de Suiza. Entre los de habla portuguesa recordó a las Hermanas Franciscanas Hospitalarias de la Inmaculada Concepción y a los grupos parroquiales de Porto Nacional y de Póvoa de Varzim, deseándoles que la peregrinación a las tumbas de los santos apóstoles Pedro y Pablo reforzase en ellos “el sentir y el vivir en la Iglesia bajo la tierna mirada de la Virgen Madre”. Asimismo, saludó a los grupos parroquiales eslovacos, así como a los estudiantes y profesores de la Escuela Católica primaria de san Francisco de Asís en Vranov y entre los de habla alemana a los participantes en la peregrinación jubilar de la diócesis de Augsburg, a los monaguillos de la diócesis de Eichstatt, además de a los estudiantes y profesores de la Facultad Teológica de Paderborn.

(VIS)

Catequesis del Papa Francisco: Acoger la invitación de Jesús a participar en la fiesta de la misericordia

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11 de mayo de 2016.- La audiencia general de hoy, como señaló el Papa antes de dar inicio a la catequesis, se ha celebrado en dos lugares: en la Plaza de San Pedro, donde estaban reunidas 20.000 personas y en el Aula Pablo VI donde, debido al mal tiempo, se encontraban los enfermos que siguieron las palabras de Francisco gracias a las pantallas gigantes allí instaladas y fueron saludados por el Pontífice y por toda la Plaza al principio de la audiencia, dedicada a la parábola del hijo pródigo o, como la define Francisco “del Padre Misericordioso”.

“Comenzamos por el final -dijo el Papa- es decir, por la alegría del Padre, que dice: “Hagamos fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado”. Son las palabras con que interrumpe a su hijo menor cuando estaba confesando su culpabilidad: “Ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo …”. Pero esa frase es insoportable para su padre, que en cambio se apresura a devolverle los signos de su dignidad: el vestido bueno, el anillo, las sandalias . Jesús no describe un padre ofendido y resentido, un padre que dice a su hijo : “Ahora me lo vas a pagar”… por el contrario, lo único que le importa es que este hijo esté delante de él sano y salvo….Por supuesto, el hijo reconoce su error: “He pecado … tratáme como a uno de tus jornaleros”. Sin embargo, estas palabras se disuelven frente al perdón del padre. El abrazo y el beso de su papá le hacen entender que siempre ha sido considerado hijo, a pesar de todo. Es importante esta enseñanza de Jesús: nuestra condición de hijos de Dios es fruto del amor del Padre: no depende de nuestros méritos o de nuestras acciones y, por lo tanto, nadie nos la puede quitar”.

La parábola nos anima a “no desesperar jamás. Pienso en las madres y los padres que ven que sus hijos se alejan tomando caminos peligrosos -observó Francisco- Pienso en los párrocos y catequistas que a veces se preguntan si su trabajo era en vano. Pero también pienso en los que están en la cárcel y sienten que su vida ha terminado; en los que han tomado decisiones equivocadas y no consiguen mirar al futuro; en todos los que tienen hambre de misericordia y de perdón y creen que no lo merecen … En cualquier situación de la vida, no tengo que olvidar que nunca dejaré de ser hijo de Dios, hijo de un Padre que me ama y espera mi regreso”.

Pero en la parábola hay otro hijo, el mayor, que también necesita descubrir la misericordia del Padre. “Ha estado siempre en casa, pero ¡es tan diferente de su padre! -observó el Pontífice- Sus palabras carecen de ternura: “Yo te he servido durante muchos años y nunca he desobedecido tus órdenes … pero ahora que ese hijo tuyo, ha vuelto …” Escuchamos su desprecio: nunca dice “padre”, nunca dice”hermano”, piensa solamente en sí mismo. Se vanagloria de que ha estado siempre con su padre y le ha servido; sin embargo, nunca ha vivido con alegría esta cercanía”.

El hijo mayor también necesita misericordia. “Los justos, los que se creen justos -subrayó Francisco- también necesitan misericordia. Ese hijo somos nosotros cuando nos preguntamos si vale la pena luchar tanto cuando no recibimos nada a cambio. Jesús nos recuerda que no se está en la casa del Padre para recibir un premio, sino porque se tiene la dignidad de hijos corresponsables. No se trata de “negociar” con Dios, sino de seguir a Jesús, que se entregó en la cruz sin medida”.

“Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo que es mío es tuyo, pero tenemos que hacer fiesta y regocijarnos” dice el padre al hijo mayor porque “su lógica es la de la misericordia El hijo menor pensaba que merecía un castigo por sus pecados, el hijo mayor esperaba una recompensa por sus servicios. Los dos hermanos no se hablan entre sí, viven historias diferentes, pero ambos piensan siguiendo una lógica ajena a Jesús: si te portas bien te dan un premio, si te portas mal, un castigo. Esta lógica es subvertida por las palabras del padre: “Teníamos que hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y ha sido hallado”. El padre ha recuperado al hijo perdido, y ahora también puede devolvérselo a su hermano. Sin el menor, también el hijo mayor deja de ser un “hermano”. La mayor alegría para el padre es ver que sus hijos se reconocen como hermanos”.

“Los hijos -concluyó el Papa- pueden decidir si unirse a la felicidad del padre o rechazarlo. Deben cuestionar sus propios deseos y la visión que tienen de la vida. La parábola termina dejando el final suspendido; no sabemos cual habrá sido la decisión del hijo mayor. Y esto es un estímulo para nosotros. Este Evangelio nos enseña que todos necesitamos entrar en la casa del Padre y participar de su alegría, de su fiesta de la misericordia y de la fraternidad”.

En los saludos en diversos idiomas el Papa dio, entre otros, la bienvenida a la peregrinación de los alcaldes de la diócesis francesa de Chartres, así como al peregrinaje diocesano de Córcega. También saludó especialmente, entre los fieles de lengua árabe, a los procedentes de Siria y Líbano y recordó a los peregrinos alemanes que el Año Jubilar era una invitación a hacer una buena confesión para ser tocados por el amor misericordioso del Padre.

En italiano saludó a los sacerdotes asiáticos y africanos del Pontificio Colegio Misionero de San Pablo Apóstol , al Instituto Antoniano y a la Fundación de San Gotardo que celebra el XX aniversario de su fundación; entre los enfermos, a los huéspedes del Cottolengo de Trentola Ducenta y entre los recién casados a los pertenecientes al Movimiento de los Focolares.

“Queridos peregrinos brasileños pienso en vuestra amada nación -dijo también el Papa- En estos días, cuando nos preparamos a la fiesta de Pentecostés, pido al Señor que difunda con abundancia los dones de su Espíritu para que el país, en estos momentos de dificultad, proceda por los senderos de la armonía y de la paz, con la ayuda de la oración y del diálogo. ¡Que la cercanía de Nuestra Señora Aparecida, que como buena madre no abandona nunca a sus hijos, sea defensa y guía en el camino!

“El viernes es la memoria litúrgica de la Virgen de Fátima -recordó dirigiéndose a los peregrinos polacos- En esta aparición, María nos invita nuevamente a la oración, a la penitencia y a la conversión. Nos pide que no ultrajemos más a Dios. Advierte a la humanidad de la necesidad de abandonarse a Dios, fuente de amor y de misericordia. Siguiendo el ejemplo de san Juan Pablo II, gran devoto de la Virgen de Fátima, escuchemos con atención a la Madre de Dios e imploremos la paz para el mundo.

Por último, habló a los fieles eslovacos,en especial a los grupos de “La oración de las Madres” y, señalando que el próximo domingo se celebra la solemnidad de Pentecostés, invitó a todos a rezar a Dios Omnipotente para que difunda sobre nosotros el Espíritu Santo con sus dones y nos convirtamos así en testigos valientes de Cristo y de su Evangelio.

(VIS

Catequésis de los miércoles: Ignorar el sufrimiento humano significa ignorar a Dios

fran_audiencia127 de abril de 2016.- La parábola del buen samaritano ha sido esta vez el argumento de la catequesis del Papa Francisco durante la audiencia general de los miércoles, que ha tenido lugar en la Plaza de San Pedro y en la que han participado más de 25.000 personas.

En el evangelio de san Lucas se narra que un doctor de la Ley para poner a prueba a Jesús le preguntó que tenía que hacer para heredar la vida eterna. Jesús le invita a darse él mismo la respuesta y el doctor contesta: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente, y a tu prójimo como a tí mismo. “Haz esto y tendrás la vida”, concluye Jesus. Pero el doctor vuelve a preguntar ¿”Quien es mi prójimo”?. “Y da por entendido -dijo el Papa- ¿mis parientes? ¿mis compatriotas? ¿los de mi religión? En pocas palabras, quiere una regla clara para clasificar a los otros como prójimo y no-prójimo”.

Entonces Jesús le propone una parábola cuyos protagonistas son un sacerdote, un levita y un samaritano. Los dos primeros están vinculados al culto del templo; el tercero es un judio cismático, considerado como un extranjero, pagano e impuro. En el camino de Jerusalén a Jericó, el sacerdote y el levita se encuentran con un moribundo al que unos ladrones habían atacado y abandonado. La ley del Señor en este tipo de situaciones establecía el deber de socorrerlo, pero ambos pasan sin detenerse. “Aquí la parábola nos da una primera enseñanza -explico Francisco- no es automático que los que frecuentan la casa de Dios y conocen su misericordia sepan cómo amar al prójimo.No es automático. Tu puedes saberte toda la Biblia, toda la liturgia,puedes conocer toda la teología, pero del conocer no se pasa automáticamente al amar: amar es otro camino. No es solo la inteligencia, es algo más… El sacerdote y el levita ven, pero ignoran; miran, pero no se ocupan. Sin embargo, el culto no es verdadero si no se traduce en servicio a los demás. No lo olvidemos nunca: frente al sufrimiento de tantas personas agotadas por el hambre, la violencia y la injusticia, no podemos permanecer como espectadores. ¡Ignorar el sufrimiento humano significa ignorar a Dios!”.

En cambio, narra la parábola, el samaritano, es decir el despreciado, aquel sobre el que nadie habría apostado, -y que de todas formas tenía como los otros dos sus compromisos y sus cosas que hacer- cuando vio al hombre herido, no pasó de largo como los demás: se detuvo y tuvo “compasión” . “Esa es la diferencia -subrayó el Pontífice- Los otros dos “vieron”, pero sus corazones permanecieron cerrados, fríos. Por el contrario el corazón del samaritano estaba en sintonía con el corazón de Dios. De hecho, la “compasión” es una característica esencial de la misericordia de Dios...Dios tiene compasión de nosotros, es decir padece con nosotros..Siente nuestros sufrimientos…Compasión significa compartir con...Y en los gestos y las acciones del buen samaritano reconocemos la acción misericordiosa de Dios en la historia de la salvación. La misma compasión con la que el Señor sale al encuentro de cada uno de nosotros: Él no nos ignora, conoce nuestros dolores, sabe cuanto necesitamos ayuda y consuelo…y no nos abandona nunca”.

El samaritano actúa con verdadera piedad: venda las heridas de aquel hombre, lo lleva a una posada, se ocupa personalmente de su asistencia.. “Todo esto nos enseña que la compasión, el amor, no es un sentimiento vago, sino que significa ocuparse del otro, pagando en persona -destacó el Santo Padre- Significa comprometerse dando todos todas los pasos necesarios para “acercarse” al otro hasta identificarse con él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

Al final de la parábola Jesús pregunta al doctor de la Ley “¿Cuál de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los ladrones?. La respuesta es finalmente clara: “El que tuvo compasión de él”. Al principio de la parábola para el sacerdote y el levita el prójimo era el moribundo; al final, el prójimo es el samaritano que se acercó. “Jesús invierte la perspectiva: no te pongas a clasificar a los otros para ver quién es prójimo y quién no lo es. Tu puedes convertirte en prójimo de cualquiera que veas que tiene una necesidad, y lo serás si hay compasión en tu corazón”.

“Esta parábola es un regalo maravilloso para todos nosotros y también un compromiso- observó el Santo Padre al final de la catequesis- Para cada uno de nosotros, Jesús repite lo que dijo al doctor de la ley: “Vé y tu también haz lo mismo “. Todos estamos llamados a recorrer el mismo camino del buen samaritano, que es figura de Cristo: Jesús se inclinó sobre nosotros, se hizo siervo nuestro, y así nos salvó, para que también nosotros podamos amarnos como Él nos ha amado”.

El Papa saluda a los peregrinos procedentes de diversos países

Después de la catequesis el Papa saludó a los peregrinos de diversas partes del mundo presentes en la Plaza de San Pedro. Entre ellos a los fieles de lengua árabe de la Universidad de San José de los Padres Jesuitas de Beirut (Líbano) que celebran el 140 aniversario de la fundación de ese ateneo. También se dirigió a los franceses de las diócesis de Montpellier, Nantes, San Claude e Moulins, a los Misioneros Redentoristas italianos y a los educadores de los Seminarios Mayores afiliados a la Universidad Urbaniana de Roma así como a cuantos toman parte en el Seminario promovido por la Universidad de la Santa Cruz. Entre los italianos mencionó igualmente a los fieles de las diócesis de Chieti-Vasto, Novara, Alessandria, Chiavari y Pavía acompañados por sus obispos respectivos.

Entre los peregrinos de habla portuguesa saludó en especial a los que formaban parte de la misión católica en Zurich, a los procedentes de Brasilia, a los sacerdotes de Serrinha y a las Hermanas Franciscanas de San José y entre los de lengua alemana al grupo de la diócesis de Bolzano-Bressanone.

“Doy una cordial bienvenida a los fieles eslovacos -añadió- especialmente a los grupos parroquiales. En esta peregrinación jubilar atravesaréis las Puertas Santas de las basílicas romanas. Atravesar la Puerta Santa significa confesar que Jesucristo es el Señor para vivir la vida nueva que El nos ha dado”.

(VIS / Iglesiaactualidad)

Síntesis en español de la catequesis del Papa Francisco (20.04.2016)

fran20022016Miércoles 20 de abril de 2016

El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos leído refleja con claridad un aspecto fundamental de la misericordia: la sinceridad de nuestro arrepentimiento suscita en Dios su perdón incondicional.

Mientras Jesús, invitado por Simón el fariseo, está sentado a la mesa, una mujer, considerada por todos pecadora, entra, se pone a sus pies, los baña con sus lágrimas y los seca con sus cabellos; luego los besa y los unge con el aceite perfumado que ha traído consigo.

La actitud de la mujer contrasta con la del fariseo. El celoso servidor de la ley, que juzga a los demás por las apariencias, desconfía de Jesús porque se deja tocar por los pecadores, y se contamina. La mujer, en cambio, expresa con sus gestos la sinceridad de su arrepentimiento y, con amor y veneración, se abandona confiadamente en Jesús. Cristo no hace componendas con el pecado, que es oposición radical al amor de Dios. Pero no rechaza a los pecadores, sino que los acoge: Jesús, el Santo de Dios, se deja tocar por ellos, sin miedo de ser contaminado, los perdona y los libera del aislamiento al que estaban condenados por el juicio despiadado de quienes se creían perfectos, abriéndoles un futuro.

***

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y América latina. Queridos hermanos, en Cristo, que perdona los pecados, brilla en él la fuerza de la misericordia de Dios, capaz de transformar los corazones. Abrámonos al amor del Señor, y dejémonos renovar por Él.

(El Papa expresa cercanía al pueblo del Ecuador y pide oraciones)

Muchas gracias.