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Palabras del Santo Padre al rezo del Regina Coeli, 22.04.2018

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Ante del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

La Liturgia de este cuarto domingo de Pascua continúa con la finalidad de ayudarnos a redescubrir nuestra identidad como discípulos del Señor Resucitado. En los Hechos de los apóstoles Pedro declara abiertamente que la curación del inválido que él ha realizado de la cual habla toda Jerusalén ha sucedido en el nombre de Jesús porque en ningún otro hay salvación (Jn 4, 12). En este hombre curado está cada uno de nosotros- la figura de cada uno de nosotros- nosotros estamos ahí, están nuestras comunidades: cada uno puede curarse de muchas formas de enfermedad espiritual- ambición, pereza, orgullo- Si acepta poner con confianza la propia existencia en las manos del Señor Resucitado. Sigue leyendo “Palabras del Santo Padre al rezo del Regina Coeli, 22.04.2018”

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Oración del Papa Francisco al finalizar el rezo del Vía Crucis

fran25032016_via_crucisColiseo, Roma
Viernes Santo, 25 de marzo de 2016

¡Oh Cruz de Cristo!

Oh Cruz de Cristo, símbolo del amor divino y de la injusticia humana, icono del supremo  sacrificio por amor y del extremo egoísmo por necedad, instrumento de muerte y vía de resurrección,  signo de la obediencia y emblema de la traición, patíbulo de la persecución y estandarte de la victoria.  

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo alzada en nuestras hermanas y hermanos  asesinados, quemados vivos, degollados y decapitados por las bárbaras espadas y el silencio infame.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los rostros de los niños, de las mujeres y de  las personas extenuadas y amedrentadas que huyen de las guerras y de la violencia, y que con  frecuencia sólo encuentran la muerte y a tantos Pilatos que se lavan las manos.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los doctores de la letra y no del espíritu, de  la muerte y no de la vida, que en vez de enseñar la misericordia y la vida, amenazan con el castigo y la  muerte y condenan al justo.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros infieles que, en vez de  despojarse de sus propias ambiciones, despojan incluso a los inocentes de su propia dignidad.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los corazones endurecidos de los que juzgan cómodamente a los demás, corazones dispuestos a condenarlos incluso a la lapidación, sin fijarse  nunca en sus propios pecados y culpas.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los fundamentalismos y en el terrorismo de  los seguidores de cierta religión que profanan el nombre de Dios y lo utilizan para justificar su inaudita  violencia.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los que quieren quitarte de los lugares  públicos y excluirte de la vida pública, en el nombre de un cierto paganismo laicista o incluso en el  nombre de la igualdad que tú mismo nos has enseñado.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los poderosos y en los vendedores de armas  que alimentan los hornos de la guerra con la sangre inocente de los hermanos.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los traidores que por treinta denarios  entregan a la muerte a cualquier persona.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ladrones y en los corruptos que en vez de  salvaguardar el bien común y la ética se venden en el miserable mercado de la inmoralidad.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los necios que construyen depósitos para  conservar tesoros que perecen, dejando que Lázaro muera de hambre a sus puertas.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los destructores de nuestra «casa común»  que con egoísmo arruinan el futuro de las generaciones futuras.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ancianos abandonados por sus propios  familiares, en los discapacitados, en los niños desnutridos y descartados por nuestra sociedad egoísta e  hipócrita.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en nuestro mediterráneo y en el Mar Egeo  convertidos en un insaciable cementerio, imagen de nuestra conciencia insensible y anestesiada.

Oh Cruz de Cristo, imagen del amor sin límite y vía de la Resurrección, aún hoy te seguimos  viendo en las personas buenas y justas que hacen el bien sin buscar el aplauso o la admiración de los  demás.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los ministros fieles y humildes que alumbran  la oscuridad de nuestra vida, como candelas que se consumen gratuitamente para iluminar la vida de  los últimos.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en el rostro de las religiosas y consagrados –los  buenos samaritanos– que lo dejan todo para vendar, en el silencio evangélico, las llagas de la pobreza y  de la injusticia.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los misericordiosos que encuentran en la  misericordia la expresión más alta de la justicia y de la fe.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las personas sencillas que viven con gozo su  fe en las cosas ordinarias y en el fiel cumplimiento de los mandamientos.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los arrepentidos que, desde la profundidad  de la miseria de sus pecados, saben gritar: Señor acuérdate de mí cuando estés en tu reino.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los beatos y en los santos que saben  atravesar la oscuridad de la noche de la fe sin perder la confianza en ti y sin pretender entender tu  silencio misterioso.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en las familias que viven con fidelidad y  fecundidad su vocación matrimonial.  Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los voluntarios que socorren generosamente  a los necesitados y maltratados.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los perseguidos por su fe que con su  sufrimiento siguen dando testimonio auténtico de Jesús y del Evangelio.

Oh Cruz de Cristo, aún hoy te seguimos viendo en los soñadores que viven con un corazón de  niños y trabajan cada día para hacer que el mundo sea un lugar mejor, más humano y más justo.  En ti, Cruz Santa, vemos a Dios que ama hasta el extremo, y vemos el odio que domina y ciega  el corazón y la mente de los que prefieren las tinieblas a la luz.

Oh Cruz de Cristo, Arca de Noé que salvó a la humanidad del diluvio del pecado, líbranos del  mal y del maligno.

Oh Trono de David y sello de la Alianza divina y eterna, despiértanos de las  seducciones de la vanidad.

Oh grito de amor, suscita en nosotros el deseo de Dios, del bien y de la luz.

Oh Cruz de Cristo, enséñanos que el alba del sol es más fuerte que la oscuridad de la noche.

Oh  Cruz de Cristo, enséñanos que la aparente victoria del mal se desvanece ante la tumba vacía y frente a  la certeza de la Resurrección y del amor de Dios, que nada lo podrá derrotar u oscurecer o debilitar.

Amén.

Oración oficial para el Jubileo de la Misericordia

puerta-santa-franciscoSeñor Jesucristo,
tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo,
y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él.
Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.
Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero;
a la adúltera y a la Magdalena del buscar la felicidad solamente en una creatura;
hizo llorar a Pedro luego de la traición,
y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido.
Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana:
¡Si conocieras el don de Dios!

Tú eres el rostro visible del Padre invisible,
del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia:
haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.
Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad
para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error:
haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción
para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor
y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres
proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos
y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia,
a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.

Homilía del #PapaFrancisco en la celebración de las Vísperas como clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

fran25012015Basílica Papal de San Pablo Extramuros, Roma
Solemnidad de la Conversión del Apóstol San Pablo
Domingo de 25 enero de 2015

En viaje desde Judea a Galilea, Jesús pasó por Samaría. Él no tiene ninguna dificultad en encontrarse con los samaritanos, considerados herejes, cismáticos, separados de los judíos. Su actitud nos dice que confrontarse con los que son diferentes de nosotros puede hacernos crecer. Sigue leyendo “Homilía del #PapaFrancisco en la celebración de las Vísperas como clausura de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos”

Día octava de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (25.01.2015)

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DÍA 8

TESTIMONIO
Muchos creyeron movidos por el testimonio de la samaritana (Jn 4, 39)

Éxodo 3, 13-15 Moisés y la zarza ardiente
Salmo 30 El Señor nos devuelve la vida
Romanos 10, 14-17 «¡Qué hermosos son los pies de los que anuncian buenas noticias!»
Juan 4, 27-30.39-40 Muchos creyeron movidos por el testimonio de la samaritana

Comentario

Con su corazón transformado la mujer samaritana sale a misionar. Anuncia a su gente que ha encontrado al mesías. Muchos creyeron en Jesús « movidos por el testimonio de la samaritana » (Juan 4, 39). La fuerza de su testimonio surge de la transformación de su vida que ha tenido lugar a causa del encuentro con Jesús. Gracias a su actitud de apertura, reconoció en ese extranjero « un manantial capaz de dar vida eterna » (Juan 4, 14).

La misión es un elemento clave de la fe cristiana. Todo cristiano está llamado a anunciar el nombre del Señor. El papa Francisco dijo a los misioneros: « adondequiera que vayáis, os hará bien pensar que el Espíritu de Dios siempre llega antes que nosotros ». Misionar no es hacer proselitismo. Los que verdaderamente anuncian a Jesús se acercan a los demás en un diálogo amoroso, abierto a aprender de los demás, respetuoso de las diferencias. Nuestra misión exige que aprendamos a beber el agua viva sin tomar posesión del pozo. El pozo no nos pertenece. Lo que hacemos es sacar vida del pozo, de ese pozo de agua viva que nos ha dado Jesús.

Nuestra misión debe ser una labor al mismo tiempo de palabra y de testimonio. Intentamos vivir lo que proclamamos. El arzobispo brasileño Helder Cámara una vez dijo que muchos se habían vuelto ateos al sentirse decepcionados por personas de fe que no viven lo que predican. El testimonio de la samaritana movió a su comunidad a creer en Jesús porque sus hermanos y hermanas podían percibir la coherencia entre sus palabras y su transformación.

Si nuestras palabras y nuestro testimonio son auténticos, el mundo prestará atención y creerá. « ¿Cómo van a creer en él si no han oído su mensaje? » (Romanos 10, 14).

Preguntas

1. ¿Cuál es la relación entre misión y unidad?

2. ¿Conoces a alguna persona en tu comunidad cuya vida es un testimonio viviente de la unidad?

Oración

Dios, manantial de agua viva,
haz de nosotros testigos creíbles de unidad
por medio tanto de nuestras palabras como de nuestras vidas.
Ayúdanos a comprender que no somos los dueños del pozo
y danos la sabiduría para reconocer
y agradecer la misma gracia en los demás.
Transforma nuestros corazones y nuestras vidas
para que seamos auténticos portadores de la Buena Noticia.
Y condúcenos a vivir el encuentro con el otro como un encuentro contigo. Te lo pedimos en el nombre de tu Hijo Jesucristo,
en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.

Día séptimo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (24.01.2015)

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DÍA 7

TESTIMONIO
« Dame de beber » (Jn 4, 7. 15)

Números 20, 1-11 Los israelitas en Meribá
Salmo 119, 10-20 « No he de olvidar tu palabra »
Romanos 15, 2-7 «Ojalá que Dios… les conceda a ustedes vivir en mutua armonía»
Juan 4, 7-15 «Dame de beber»

Comentario

Los cristianos deberían tener confianza de que el encuentro y el intercambio de experiencias con los demás, también con otras tradiciones religiosas, nos puede cambiar y ayudar a ahondar en las profundidades del pozo. Acercarnos a los que son extraños para nosotros con el deseo de beber de su pozo, nos abre a las « maravillas de Dios » que proclamamos.

En el desierto el Pueblo de Dios no tenía agua y Dios mandó a Moisés y a Aarón que sacaran agua de la roca. Del mismo modo, Dios frecuentemente viene al encuentro de nuestras necesidades a través de los otros. Mientras clamamos al Señor en nuestra necesidad como la mujer samaritana: « Señor, dame de esa agua », quizás el Señor ya ha respondido a nuestras oraciones poniendo en las manos de nuestros vecinos lo que andamos buscamos. Por eso tenemos que dirigirnos también a ellos y decirles: «dame de beber».

A veces lo que necesitamos ya está presente en la vida y en la buena voluntad de las personas que están a nuestro alrededor. Del pueblo guaraní de Brasil aprendemos que en su lengua no existe un término equivalente a «religión» como algo separado de la vida. La expresión que se suele utilizar significa literalmente «nuestro modo bueno de ser» (ñande rekokatu). Esta expresión hace referencia a todo su sistema cultural que incluye también la religión. La religión, por tanto, es parte integrante del sistema cultural guaraní, como también de su modo de pensar y de ser (teko). Está relacionada con todo lo que mejora y hace progresar a la comunidad y conduce a su «modo bueno de ser» (tekokatu). El pueblo guaraní nos recuerda que el cristianismo al principio se llamaba «el camino» (Hechos 9, 2). «El camino», o «nuestro modo bueno de ser» es el modo que Dios tiene para traer armonía a todas las parcelas de nuestras vidas.

Preguntas

1. ¿De qué manera ha sido enriquecida tu comprensión y tu experiencia de Dios por medio del encuentro con otros cristianos?

2. ¿Qué podrían aprender las comunidades cristianas de la sabiduría indígena y de las otras tradiciones religiosas en tu región?

Oración

Dios de vida, que cuidas de toda la creación y nos llamas a la justicia y a la paz,
que nuestra seguridad no venga de las armas, sino del respeto.
Que nuestra fuerza no sea la de la violencia, sino la del amor.
Que nuestra riqueza no sea la del dinero, sino la del compartir.
Que nuestro camino no sea el de la ambición, sino el de la justicia.
Que nuestra victoria no sea la de la venganza, sino la del perdón.
Que nuestra unidad no sea la del poder, sino la del testimonio humilde de tu voluntad.
Que abiertamente y con confianza podamos defender la dignidad de toda la creación, compartiendo, ahora y por siempre, el pan de la solidaridad, la justicia y la paz.
Esto pedimos en el nombre de Jesús, tu santo Hijo, nuestro hermano, que, como víctima de nuestra violencia, desde lo alto de la cruz nos perdonó a todos nosotros.
Amén.

(Adaptada de una oración de una conferencia ecuménica de Brasil que exhortaba al fin de la pobreza como un primer paso en el camino hacia la paz a través de la justicia)

Sexto día de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (23.01.2015)

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DÍA 6

TESTIMONIO
Jesús dijo: « Esa agua se convertirá en su interior en un manantial capaz de dar vida eterna» (Jn 4, 14)

Éxodo 2, 15-22 Moisés junto al pozo de Madián
Salmo 91 El canto de los que se refugian en el Señor
1 Juan 4, 16-21 El auténtico amor elimina el temor
Juan 4, 11-15 « Un manantial capaz de dar vida eterna »

Comentario

El diálogo que empieza con Jesús pidiendo agua se convierte en un diálogo en el que Jesús promete agua. Más adelante, en este mismo evangelio, Jesús pedirá de nuevo agua. « Tengo sed », dirá desde la cruz, y desde la cruz Jesús se convierte en el manantial de agua prometido que brota de su costado abierto. Recibimos esta agua, esta vida de Jesús, en el bautismo, y se convierte en un agua, en una vida, que surge de dentro de nosotros para ser dada y compartida con los demás.

Este es el testimonio de una mujer brasileña que ha bebido de esta agua y en quien esta agua se convierte en un manantial:

La hermana Romi, una enfermera de Campo Grande, era pastora de la tradición pentecostal. Un domingo por la noche, sola en una choza, una niña indígena dio a luz a un niño. Se la encontró echada en el suelo perdiendo sangre. La hermana Romi la llevó al hospital. Allí le hicieron preguntas: ¿dónde estaba la familia de Semei? La encontraron pero no quería saber nada de ella. Semei y su hijo no tenían ninguna casa a la que ir. La hermana Romi los llevó a su propia casa, un hogar humilde. No conocía a Semei y hay fuertes prejuicios hacia los indígenas en Campo Grande. Semei continuaba teniendo problemas de salud, pero la generosidad de la hermana Romi atrajo más generosidad de sus vecinos. Otra madre de pocos días, una católica de nombre Verónica, amamantó al hijo de Semei al no poder ella. Semei le dio a su hijo el nombre de Lucas Natanaél y con el tiempo pudieron irse de la ciudad a una granja, pero no se olvidó de la bondad de la hermana Romi y de sus vecinos.

El agua que da Jesús, el agua que recibió la hermana Romi en el bautismo, se convirtió en ella en un manantial de agua y un ofrecimiento de vida para Semei y su hijo. Estimulados por su ejemplo, esta misma agua bautismal se convirtió en un manantial, en una fuente, en la vida de los vecinos de Romi. El agua del bautismo capaz de dar vida se convierte en un testimonio ecuménico del amor cristiano en acción, una pregustación de la vida eterna que Jesús promete.

Gestos concretos como estos realizados por gente sencilla son los que necesitamos para crecer en la comunión. Dan testimonio del evangelio y de la importancia de las relaciones ecuménicas.

Preguntas

1. ¿Cómo interpretas las palabras de Jesús de que a través de él nos podemos convertir en « un manantial capaz de dar vida eterna » (Juan 4, 14)?

2. ¿Dónde ves a personas cristianas que son manantiales de agua viva para ti y para los demás?

3. ¿Cuáles son las situaciones de vida pública en las que las Iglesias deberían hablar con una sola voz para ser manantiales de agua viva?

Oración

Dios trino,
siguiendo el ejemplo de Jesús,
haznos testigos de tu amor.
Concédenos ser instrumentos de justicia, paz y solidaridad.
Que tu Espíritu nos lleve a realizar actos concretos que conduzcan a la unidad.
Que los muros se conviertan en puentes.
Esto pedimos en el nombre de Jesucristo en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.