Palabras del Santo Padre al rezo del Regina Coeli, 22.04.2018

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Ante del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas, buenos días.

La Liturgia de este cuarto domingo de Pascua continúa con la finalidad de ayudarnos a redescubrir nuestra identidad como discípulos del Señor Resucitado. En los Hechos de los apóstoles Pedro declara abiertamente que la curación del inválido que él ha realizado de la cual habla toda Jerusalén ha sucedido en el nombre de Jesús porque en ningún otro hay salvación (Jn 4, 12). En este hombre curado está cada uno de nosotros- la figura de cada uno de nosotros- nosotros estamos ahí, están nuestras comunidades: cada uno puede curarse de muchas formas de enfermedad espiritual- ambición, pereza, orgullo- Si acepta poner con confianza la propia existencia en las manos del Señor Resucitado.

“Es por el nombre de Jesús el Nazareno … afirma Pedro, que este hombre que está ahí, en frente de ti, ha sido sanado” (v.10). ¿Pero quién es el Cristo que sana? ¿Qué significa ser curado por Él? ¿De qué nos cura? ¿Y con qué actitudes?

Encontramos la respuesta a todas estas preguntas en el Evangelio de hoy, donde Jesús dice: “Yo soy el Buen Pastor, el verdadero pastor, que da su vida por sus ovejas. “(Juan 10,11). ¡Esta auto presentación de Jesús no puede reducirse a una sugerencia emocional, sin ningún efecto concreto! Jesús sana porque Él es el Pastor que da vida. Al dar su vida por nosotros, Jesús dijo a todos: “Tu vida vale tanto para mí, que para salvarla me entrego a mí mismo”. Es el don de su vida lo que lo hace el Buen Pastor por excelencia, es el que redirige, el que nos permite vivir una vida bella y fructífera.

La segunda parte de este episodio evangélico nos dice en qué condiciones Jesús puede levantarnos y hacer que nuestra vida sea alegre y fructífera: “Yo soy el Buen Pastor; Conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen, como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; “(Vv 14-15). Jesús no habla de un conocimiento intelectual, no, sino de una relación personal, de predilección, de ternura recíproca, reflejo de la relación íntima de amor entre Él y el Padre. Esta es la actitud a través de la cual tiene lugar una relación viva y personal con Jesús: ser conocido por él. No encerrarse en uno mismo, sino abrirse al Señor, para que Él me conozca.

Está atento a cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón en profundidad: conoce nuestras fortalezas y debilidades, los proyectos que hemos logrado y las esperanzas que nos han decepcionado. Pero Él nos acepta tal como somos, incluso con nuestros pecados, para sanarnos, para perdonarnos, nos guía con amor, para que podamos cruzar caminos incluso los más inaccesibles sin descarriarnos. Él nos acompaña.

Por nuestra parte, estamos llamados a conocer a Jesús. Esto implica un encuentro con Él, un encuentro que despierta el deseo de seguirlo, abandonando las actitudes auto referenciales para caminar por nuevos caminos, indicados por el mismo Jesús y abiertos en vastos horizontes. Cuando en nuestras comunidades, el deseo de vivir la relación con Jesús, escuchar su voz y seguirlo fielmente se enfría, es inevitable que prevalezcan otras formas de pensar y vivir que no sean coherentes con el Evangelio.

Que María, nuestra Madre, nos ayude a madurar una relación cada vez más fuerte con Jesús. Para abrirnos a Jesús, para que Él entre en nosotros. Una relación más fuerte: Él ha resucitado. Entonces podemos seguirlo por toda su vida. En este Día Mundial de Oración por las Vocaciones, que María interceda para que sean muchos a responder con generosidad y perseverancia al Señor, que llama a dejarlo todo por su Reino.

Después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas:

Estoy preocupado por lo que está sucediendo estos días en Nicaragua, donde, después de una protesta social, ha habido enfrentamientos que han causado víctimas. Expreso mi cercanía en la oración a este país, y me uno a los obispos para pedir que se ponga fin a toda violencia, evitando el derramamiento de sangre innecesario y que las preguntas abiertas se resuelvan pacíficamente y con el sentido de responsabilidad.

Como dije hace unos momentos, en este cuarto domingo de Pascua, celebramos en toda la Iglesia el día de la oración por las vocaciones. El tema es: “Escucha, discierne, vive la llamada del Señor”. Gracias a Dios porque continúe suscitando en la Iglesia historias de amor por Jesucristo, en alabanza de su gloria y al servicio de los hermanos. Hoy, en particular, demos gracias por los nuevos sacerdotes que acabo de ordenar en la Basílica de San Pedro. Y pídamos al Señor que envíe muchos buenos obreros para trabajar en su campo, y que aumenten las vocaciones a la vida consagrada y al matrimonio cristiano. Como dije, hoy ordené dieciséis sacerdotes. De estos dieciséis, cuatro vinieron aquí para saludaros y daros la bendición conmigo.

Os saludo sinceramente, romanos y peregrinos de Italia y de otros países, especialmente los que vienen de Setúbal, Lisboa, Cracovia y las devotas Hermanas discípulas del Divino Maestro, procedentes de Corea.

Saludo a los peregrinos de Castiglione d’Adda, Torralba, Modica, Cremona y Brescia. El coro parroquial de Ugovizza; jóvenes de la Confirmación de Gazzaniga, Pollenza y Cisano sul Neva.

A todos, o deseo un buen domingo; y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.

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