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Palabras del Santo Padre al rezo del Regina Coeli, 08.04.2018

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Antes del Regina Cæli

Queridos hermanos y hermanas:

Antes de la bendición final, nos dirigiremos en oración a nuestra Madre celestial. Pero antes quiero daros las gracias a todos vosotros que habéis participado en esta celebración, especialmente a los Misioneros de la Misericordia, reunidos para su encuentro. ¡Gracias por vuestro servicio! Continue reading “Palabras del Santo Padre al rezo del Regina Coeli, 08.04.2018”

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Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Regina Coeli (17.04.2016)

fran_angelusDomingo 17 de abril de 2016

IV DOMINGO DE PASCUA (C)

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de hoy (Jn 10, 27-30) nos ofrece algunas expresiones pronunciadas por Jesús durante la fiesta de la dedicación del templo de Jerusalén, que se celebraba al final de diciembre. Él se encuentra precisamente en la zona del templo, y quizás aquel espacio sagrado cercado le sugiere la imagen del rebaño y del pastor. Jesús se presenta como “el Buen Pastor” y dice: «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano» (v. 27-28). Estas palabras nos ayudan a comprender que nadie puede llamarse seguidor de Jesús, si no escucha su voz. Y este “escuchar” no debe ser entendido de manera superficial, sino cautivante, al punto de hacer posible un verdadero conocimiento reciproco, del cual puede nacer un seguimiento generoso, expresada en las palabras «y ellas me siguen» (v. 27). ¡Se trata de una escucha no sólo del oído, sino de una escucha del corazón!

Por lo tanto, la imagen del pastor y de las ovejas indica la estrecha relación que Jesús quiere establecer con cada uno de nosotros. Él es nuestra guía, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro modelo, pero sobre todo, es nuestro Salvador. En efecto, la siguiente frase  del pasaje evangélico afirma: «Yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano» (v. 28). ¿Quién puede hablar así? Solamente Jesús, porque la “mano” de Jesús es una sola cosa con la “mano” del Padre, y el Padre es «más que todas las cosas». (v. 29).

Estas palabras nos comunican un sentido de absoluta seguridad y de inmensa ternura. Nuestra vida está completamente segura en las manos de Jesús y del Padre, que son una sola cosa: un único amor, una única misericordia, rebelados una vez para siempre en el sacrificio de la cruz. Para salvar las ovejas perdidas que somos todos nosotros, el Pastor se hizo cordero y se dejó inmolar para tomar sobre él y sacar el pecado del mundo. En este modo Él nos ha dado la vida, pero la vida en abundancia (cfr Jn 10, 10). Este misterio se renueva, en una humildad siempre sorprendente, en la Eucaristía. Es allí donde las ovejas se reúnen para nutrirse; es allí donde se hacen una sola cosa, entre ellos y con el Buen Pastor.

Por esto no tenemos más miedo: nuestra vida está ya salvada de la perdición. Nada y nadie podrá arrancarnos de las manos de Jesús, porque nada y nadie puede vencer su amor. ¡El amor de Jesús es invencible! El maligno, el gran enemigo de Dios y de sus criaturas, prueba arrancarnos la vida eterna de muchas maneras. Pero el maligno no puede nada si no somos nosotros quien le abrimos las puertas de nuestra alma, siguiendo sus adulaciones engañadoras.

La Virgen María ha escuchado y seguido dócilmente la voz del Buen Pastor. Que Ella nos ayude a recibir con alegría la invitación de Jesús a transformarnos en sus discípulos, y a vivir siempre en la certeza de estar en las manos paternas de Dios.

Regina Coeli…


Después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas:

Agradezco a cuantos acompañaron con la oración la visita que realicé ayer a la isla de Lesbos, en Grecia. A los prófugos y al pueblo griego les he llevado la solidaridad de la Iglesia. Estaban conmigo el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo de Atenas y de toda Grecia, como signo de la unidad en la caridad de todos los discípulos del Señor. Visitamos  uno de los campos de refugiados: provenían de Iraq, de Afganistán, de Siria, del África, de tantos países… Saludamos cerca de 300 prófugos, uno por uno. Los tres: el Patriarca Bartolomé, el arzobispo Jerónimo y yo. Muchos de ellos eran niños; aAlgunos de ellos -de estos niños- han visto la muerte de los padres y de sus compañeros, algunos de ellos murieron ahogados en el mar. ¡He visto tanto dolor! Y quiero contar un caso particular, de un hombre joven, no llega a 40 años. Lo encontré ayer, con sus tres hijos. Él es musulmán y me contó que estaba casado con una joven cristiana, se amaban y se respetaban mutuamente. Pero lamentablemente esta chica fue degollada por los terroristas, porque nos quiso renegar a Cristo y abandonar su fe. ¡Es una mártir! Y aquel hombre lloraba tanto…

Esta noche pasada un violento terremoto ha sacudido Ecuador, causando numerosas víctimas e ingentes daños. Recemos por aquellas poblaciones; y también por las de Japón, donde también se han producido algunos terremotos en estos días. Que la ayuda de Dios y de los hermanos les dé fortaleza y sostén.

Hoy se celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Estamos invitados a rezar por las vocaciones al sacerdocio y  a la vida consagrada. En esta jornada he ordenado esta mañana a once nuevos sacerdotes. Renuevo mi saludo a los nuevos presbíteros, a sus familiares y amigos; e invito a todos los sacerdotes y seminaristas a participar en su Jubileo, los primeros tres días de junio. Y a los jóvenes, chicos y chicas, que estáis en la Plaza: pensad si el Señor no os llama a consagrar vuestra vida a su servicio, ya sea en el sacerdocio como en la vida consagrada.

Saludo con afecto a todos vosotros, peregrinos venidos de Italia y de tantas partes del mundo. Están presentas familias, grupos parroquiales, escuelas y asociaciones: os bendigo a todos. Saludo en particular a los fieles de Madrid, San Pablo de Brasil y Varsovia; así como a los peregrinos de las diócesis de Cerreto Sannita-Telese-Sant’Agata dei Goti y de Siena-Colle Val d’Elsa-Montalcino, acompañados por sus obispos; a los fieles de Specchia y de Verona; a la Coral Laurenziana de Mortara y al grupo “Genitori per la terapia intensiva neonatale”.

Estoy cerca de tantas familias preocupadas por el problema del trabajo. Pienso en particular en la situación precaria de los trabajadores italianos de los Call Center: deseo que sobre todo prevalezca siempre la dignidad de la persona humana y no los intereses particulares.

A todos os deseo un feliz domingo. Y por favor, no os olvidés de rezar por mí. Buon pranzo e arrivederci!


Traducción de Iglesiaactualidad, a partir del texto original en italiano distribuido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Regina Coeli (10/04/2016)

primer-angelus-papa-franciscoDomingo 10 de abril de 2016

III DOMINGO DE PASCUA (C)

Queridos hermanos y hermanas:

El Evangelio de hoy narra la tercera aparición de Jesús resucitado a los discípulos, en la orilla del lago de Galilea, con la descripción de la pesca milagrosa (cfr Jn 21, 1-19). La historia se enmarca en la vida cotidiana de los discípulos, cuando han regresado a su tierra y a su trabajo de pescadores, después de los días angustiosos de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Era difícil para ellos comprender lo que había pasado. Pero, mientras todo parecía haber acabado, es una vez más Jesús quien “busca” a sus discípulos. Es Él quien va a buscarlos. Esta vez los encuentra en el lago, donde ellos han pasado la noche en las barcas sin pescar nada. Las redes aparecen vacías, en un cierto sentido, como el balance de su experiencia con Jesús: lo habían conocido, habían dejado todo para seguirlo, llenos de esperanza… ¿y ahora? Sí, lo habían visto resucitado y pensaron: “se ha ido, nos ha dejado… Ha sido esto como un sueño”.

Pero al alba Jesús se presenta en la orilla del lago; pero ellos no lo reconocieron (cfr v. 4). A esos pescadores, cansados y decepcionados, el Señor les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis» (v. 6). Los discípulos se fiaron de Jesús y el resultado fue una pesca increíblemente abundante. A este punto Juan se dirige a Pedro y dice: «Es el Señor» (v. 7). Y en seguida Pedro se lanzó al agua y nadó hacia la orilla, hacia Jesús. En esa exclamación: “¡Es el Señor!”, está todo el entusiasmo de la fe pascual, llena de alegría y estupor, que contrasta fuertemente con el desconcierto, la desesperación, el sentido de impotencia del que se había llenado el ánimo de los discípulos. La presencia de Jesús resucitado transforma cada cosa: la oscuridad es vencida por la luz, el trabajo inútil se convierte nuevamente en fructuoso y prometedor, el sentido de cansancio y de abandono deja lugar a un nuevo impulso y a la certeza de que Él está con nosotros.

Desde entonces, estos sentimientos animan la Iglesia, la Comunidad del Resucitado. ¡Todos nosotros somos la Comunidad del Resucitado!  Si a una mirada superficial puede parecer a veces que las tinieblas del mal y el cansancio del vivir cotidiano dominan la situación, la Iglesia sabe con certeza que sobre los que siguen al Señor Jesucristo resplandece ya para siempre la luz de la Pascua. El gran anuncio de la Resurrección infunde en los corazones de los creyentes una alegría íntima y una esperanza invencible. ¡Cristo verdaderamente ha resucitado! También hoy la Iglesia sigue haciendo resonar este anuncio festivo: la alegría y la esperanza continúan fluyendo en los corazones, en los rostros, en los gestos, en las palabras. Todos nosotros cristianos estamos llamados a comunicar este mensaje de resurrección a aquellos que nos encontramos, especialmente al que sufre, al que está solo, al que se encuentra en condiciones precarias, a los enfermos, a los refugiados, a los marginados. A todos hagamos llegar un rayo de la luz de Cristo resucitado, signo de su poder misericordioso.

Que Él, el Señor, renueve también en nosotros la fe pascual. Nos haga cada vez más conscientes de nuestra misión al servicio del Evangelio y de los hermanos; nos llene de su Santo Espíritu para que, sostenidos por la intercesión de María, con toda la Iglesia, podamos proclamar la grandeza de su amor y la riqueza de su misericordia.


Después de la oración del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas:

En la esperanza que nos da Cristo resucitado, renuevo mi llamamiento para la liberación de todas las personas secuestradas en zonas de conflicto armado; en particular deseo recordar al sacerdote salesiano Tom Uzhunnalil, secuestrado en Aden en Yemen el pasado 4 de marzo.

Hoy en Italia se celebra la Jornada Nacional para la Universidad Católica del Sagrado Corazón, que tiene por tema “En la Italia de mañana estaré yo”. Deseo que esta gran Universidad, que continúa haciendo un importante servicio a la juventud italiana, pueda proseguir con renovada compromiso su misión formativa, actualizándose cada vez más a las exigencias actuales.

Os saludo a todos vosotros, romanos y peregrinos procedente de Italia y de distintas partes del mundo y un saludo a los que están haciendo el maratón. En particular, saludo a los fieles de Gandosso, Golfo Aranci, Mede Lomellina, Cernobbio, Macerata Campania, Porto Azzurro, Maleo y Sasso Marconi, con un pensamiento especial a los confirmandos de Campobasso, Marzocca y Montignano.

Os doy las gracias por vuestra presencia en los coros parroquiales, algunos de ellos han prestado servicio en estos días en la Basílica de San Pedro. ¡Muchas gracias!

A todos os deseo una feliz domingo. Y, por favor, no os olvidéis de rezar por mí.Buon pranzo e arrivederci!

Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Regina Coeli (28.03.2016)

francisco_angelusLunes 28 de marzo de 2016

LUNES DE LA OCTAVA DE PASCUA

Queridos hermanos y hermanas:

En este Lunes después de Pascua, llamado «Lunes del Ángel», nuestros corazones todavía están llenos de la alegría de la Pascua. Tras el tiempo de Cuaresma, tiempo de penitencia y de conversión, que la Iglesia ha vivido con particular intensidad en este Año Santo de la Misericordia, tras las atrayentes celebraciones del Santo Triduo; nos encontramos hoy ante la tumba vacía de Jesús, y meditamos con estupor y gratitud el gran misterio de la resurrección del Señor.

La vida ha vencido a la muerte. ¡La misericordia y el amor han vencido sobre el pecado! Existe la necesidad de la fe y la esperanza de abrir este nuevo horizonte maravilloso. Y nosotros sabemos que la fe y la esperanza son un don Dios, y debemos decirle: “Señor, dame fe y dame esperanza. ¡Tenemos tanta necesidad!”.  Dejémonos impregnar por las emociones que resuenan en la secuencia de Pascua: «Sabemos por tu gracia que estás resucitado». ¡El Señor está resucitado en medio de nosotros! Esta verdad marcó de modo indeleble la vida de los Apóstoles, que después de la resurrección, sintieron una vez más la necesidad de seguir a su Maestro y, recibido el Espíritu Santo, fueron sin miedo a anunciar a cada uno lo que habían visto con sus propios ojos y los que habían experimentado personalmente.

En este Año jubilar estamos llamados a redescubrir y a acoger con especial intensidad el consolador anuncio de la resurrección: «Resucitó de veras mi amor y mi esperanza». Si Cristo ha resucitado, podemos mirar con ojos y con corazón nuevos todo acontecimiento de nuestra vida, también los más negativos. Los momentos de oscuridad, de fracaso y de pecado pueden transformase y anunciar un camino nuevo. Cuando hemos tocado el fondo de nuestra miseria y de nuestra debilidad, Cristo resucitado nos da la fuerza para volvernos a levantar. Si nos encomendamos a Él, su gracia nos salva. El Señor crucificado y resucitado es la revelación plena de la misericordia, presente y activa en la historia. He aquí el mensaje pascual que resuena aún hoy y que resonará durante todo el tiempo de Pascua hasta Pentecostés.

Testimonio silencioso de los acontecimientos de la pasión y de la resurrección de Jesús fue María. Ella estaba de pie junto a la cruz: no se dobla frente al dolor, pero su fe se ha hecho más fuerte. En su corazón roto de madre siempre ha estado la llama de la esperanza. Le pedimos que nos ayude también a nosotros a acoger en plenitud el anuncio pascual de la resurrección, para encarnarlo en lo concreto de nuestra vida cotidiana.

Que la Virgen María nos otorgue la certeza de fe, para que cada paso sufrido de nuestro camino, iluminado por la luz de la Pascua, sea bendición y alegría para nosotros y para los demás, en especial para los que sufren a causa del egoísmo y de la indiferencia.

Invoquémosla, por lo tanto  con fe y devoción, con el Regina Caeli, la oración que sustituye al Ángelus durante todo el tiempo de Pascua.

Regina Caeli…


 

LLAMAMIENTO

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en el centro de Pakistán, la Santa Pascua ha sido ensangrentada por un execrable atentado, que ha provocado una matanza de tantas personas inocentes, en su mayoría familias de la minoría  cristiana –especialmente mujeres y niños– reunidas en un parque público para trascurrir con alegría la festividad pascual. Deseo manifestar mi cercanía a cuantos han sido golpeados por este crimen vil e insensato, e invito a rezar al Señor por las numerosas víctimas y por sus seres queridos. Hago un llamamiento a las Autoridades civiles y a todos los componentes sociales de aquella nación, a fin de que realicen todos los esfuerzos para volver a dar seguridad y serenidad a la población y, de modo especial, a las minorías religiosas más vulnerables. Repito una vez más que la violencia y el odio homicida sólo conducen al dolor y a la destrucción; el respeto y la fraternidad son el único camino para llegar a la paz. Que la Pascua del Señor suscite en nosotros, de manera aún más fuerte, la oración a Dios a fin de que se detengan las manos de los violentos, que siembran terror y muerte, y para que en el mundo puedan reinar el amor, la justicia y la reconciliación. Oremos todos por los fallecidos en este atentado, por sus familiares, por las minorías cristianas y étnicas de aquella nación: Ave María…


SALUDOS

En esta prolongación del clima pascual, os saludo cordialmente a todos vosotros, peregrinos venidos de Italia y de diversas partes del mundo para participar en este momento de oración. Acordaos siempre de esa bella expresión de la Liturgia: “Resucitó de veras mi amor y mi esperanza”.

A cada uno os deseo que transcurra con alegría y serenidad esta Semana en la que se prolonga la alegría de la Resurrección de Cristo. Nos hará bien, para vivir más intensamente este período, leer cada día un pasaje del Evangelio en el que se habla del evento de la Resurrección. En cinco minutos, no más, se puede leer un pasaje del Evangelio. ¡Recordad esto!

¡Feliz y Santa Pascua a todos! Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buon pranzo e arrivederci!


Traducción de Iglesiaactualidad a partir del texto original en italiano distribuido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.

Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Regina Coeli (03.05.2015)

papa-francisco-en-angelusDomingo 3 de mayo de 2015

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús durante la Última Cena en cuando sabe que la muerte está ya cerca. Ha llegado su hora. Por la última vez Él está con sus discípulos, y entonces quiere imprimir bien en su mente una verdad fundamental: también cuando Él no estará más físicamente en medio de ellos, los apóstoles podrán quedarse aún unidos a Él de un modo nuevo, y así traer mucho fruto. Y todos podemos estar unidos a Jesús en un modo nuevo. ¿Y cómo es este modo nuevo?

Por el contrario si uno perdiera la comunión con Él, se volvería estéril, o peor, dañino para la comunidad. ¿Cuál es el modo nuevo?

Y para expresar esta realidad, Jesús usa la imagen de la vid y de los sarmientos. Y dice así: “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos” (Jn 15, 4-5).

Y con esta figura nos enseña cómo quedarnos en Él, aunque no esté físicamente presente. Jesús es la vid y a través de Él –como la linfa en el árbol– hace llegar a los sarmientos el amor mismo de Dios, el Espíritu Santo. Es así: nosotros somos los sarmientos, y a través de esta parábola, Jesús nos quiere hacer entender la importancia de estar unidos con Él.

Los sarmientos no son autosuficientes, sino que dependen totalmente de la vid, en la cual se encuentra el manantial de la vida de ellos. Así es para nosotros los cristianos. Insertados con el bautismo en Cristo, hemos recibido de Él gratuitamente el don de la vida nueva y podemos quedarnos en comunión vital con Cristo.

Es necesario mantenerse fieles al bautismo y crecer en la intimidad con el Señor mediante la oración, la escucha y la docilidad a su palabra, la participación a los sacramentos, especialmente la eucaristía y la reconciliación.

Si uno está íntimamente unido a Jesús, se beneficia de los dones del Espíritu Santo que –como dice San Pablo– son ‘amor, alegría, paz, magnanimidad, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí’. (Gal 5,22). Y estos son los dones que nos vienen si permanecemos unidos a Jesús. Y como consecuencia una persona que así unida hace tanto bien al prójimo y a la sociedad, es una persona cristiana. De estas actitudes, de hecho se reconoce que uno es cristiano, como de los frutos se reconoce el árbol.

Los frutos de esta unión con Jesús son maravillosos: toda nuestra persona es transformada por la gracia del Espíritu: alma, inteligencia, voluntad, afectos, y también el cuerpo, porque nosotros somos una unidad de espíritu y cuerpo.

Recibimos un nuevo modo de ser, la vida de Cristo se vuelve también la nuestra: podemos pensar como Él, actuar como Él, ver el mundo y las cosas con los ojos de Jesús. Como consecuencia, podemos amar a nuestros hermanos, a partir de los más pobres y sufridores, como él lo ha hecho, y amarlos con su corazón y llevar así al mundo frutos de bondad, de caridad y de paz.

Cada uno de nosotros es un sarmiento de la única vid, y todos juntos estamos llamados a llevar los frutos de este pertenencia común a Cristo y a su Iglesia.

Confiémonos a la intercesión de la Virgen María, para que podamos ser sarmientos vivos en la Iglesia y dar testimonio de manera coherente de nuestra fe, coherencia de vida y de pensamiento, de vida y de fe; conscientes de que todos, de acuerdo a nuestra vocación particular, participamos a la única misión salvadora de Jesucristo, el Señor.


Queridos hermanos y hermanas:

Ayer en Turín fue proclamado santo el beato Luigi Bodrino, laico consagrado de la Congregación de San José Benedetto Cottolengo, quien dedicó su vida a las personas enfermas y sufridoras, y se dedicó sin detenerse hacia los más pobres, medicando y lavando sus llagas. Agradezcamos al Señor por este humilde y generoso discípulo.

Un saludo especial a la Asociación Meter, en la Jornada de los niños víctimas de la violencia. Les agradezco por el empeño con el que se dedican para prevenir estos crímenes. Todos tenemos que empeñarnos para que cada persona humana, especialmente los niños, sean siempre defendidos y protegidos.

Saludó con afecto a todos los peregrinos presentes, que realmente son tantos para nombrar a cada grupo. Saludo a aquello provenientes de Amsterdam, Zagabria, Litija (en Eslovenia), Madrid, y Lugo, también en España. Acojo con alegría a tantos italianos: parroquias, asociaciones y escuelas. Un pensamiento particular para los jóvenes que han recibido o recibirán la Confirmación.

A todos os deseo un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mi.

Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Regina Coeli (19.04.2015)

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Domingo 19 de abril de 2015

Queridos hermanos y hermanas:

En las lecturas bíblicas de la liturgia de hoy resuena dos veces la palabra “testigos”. La primera vez es en los labios de Pedro: él, después de la curación del paralítico en la puerta del templo de Jerusalén, exclama: “matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos” (Hch 3, 15). La segunda vez es en los labios de Jesús resucitado: él, la noche de Pascua, abre la mente de los discípulos al misterio de su muerte y resurrección y les dice:  “Vosotros sois testigos de esto” (Lc 24, 48). Los Apóstoles, que vieron con los propios ojos al Cristo resucitado, no podían callar su extraordinaria experiencia. Él se había mostrado para que la verdad de su resurrección llegara a todos mediante su testimonio. Y la Iglesia tiene la tarea de prolongar en el tiempo esta misión; todo bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Todos nosotros estamos llamados a dar testimonio de que Jesús está vivo.

Podemos preguntarnos: pero, ¿quién es el testigo? El testigo es uno que ha visto, que recuerda y que relata. Ver, recordar y relatar son los tres verbos que describen la identidad y la misión. El testigo es uno que ha visto, con ojo objetivo, ha visto una realidad, pero no con ojo indiferente; ha visto y se ha dejado involucrar por el evento. Por esto recuerda, no sólo porque sabe reconstruir en modo preciso los hechos sucedidos,  pero también porque aquellos hechos le han hablado y él ha captado el sentido profundo. Entonces el testigo relata, no en manera fría y distante sino como uno que se ha dejado poner en cuestión y desde aquel día ha cambiado vida. El testigo es uno que ha cambiado vida.

Testigos del Señor resucitado, llevando a las personas que encontramos los dones pascuales de la alegría y de la paz

El contenido del testimonio cristiano no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un evento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos. Él puede ser testimoniado por quienes han hecho una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su constante conversión en la Penitencia. Gracias a este camino, siempre guiado por la Palabra de Dios, todo cristiano puede transformarse en testigo de Jesús resucitado. Y su testimonio es mucho más creíble cuanto más transparenta un modo de vivir evangélico, alegre, valeroso, humilde, pacífico, misericordioso. En cambio, si el cristiano se deja llevar por la comodidad, por la vanidad, por el egoísmo, si se vuelve sordo y ciego a la pregunta sobre la “resurrección” de tantos hermanos, ¿cómo podrá comunicar a Jesús vivo, como podrá comunicar la potencia liberadora de Jesús vivo y su ternura infinita?

María, Madre nuestra nos sostenga con su intercesión para que podamos volvernos, con nuestros límites, pero con la gracia de la fe, testigos del Señor resucitado, llevando a las personas que encontramos los dones pascuales de la alegría y de la paz.


Queridos hermanos y hermanas:

Están llegando en estas horas noticias relativas a una nueva tragedia en las aguas del Mediterráneo. Una embarcación cargada de migrantes naufragó anoche a unas 60 millas de la costa líbica y se teme que haya centenares de víctimas. Expreso mi más sentido dolor ante tal tragedia y aseguro para los desaparecidos y sus familias mi recuerdo en la oración. Dirijo un apremiante llamado para que la comunidad internacional actúe con decisión y rapidez para evitar que similares tragedias se repitan”, aseguró. “Son hombres y mujeres como nosotros, hermanos nuestro que buscan una vida mejor, hambrientos, perseguidos, heridos, explotados, víctimas de guerras, buscan una vida mejor… Buscaban la felicidad… Les invito a rezar en silencio antes y después todos juntos por estos hermanos y hermanas.

Hoy comienza en Turín la solemne ostensión de la Sábana Santa. Tamibén yo, Dios mediante, iré a venerarla el próximo 21 de junio. Que nos ayude a encontrar el rostro misericordioso de Dios en los hermanos más sufrientes.

Palabras del Santo Padre Francisco al rezo del Regina Coeli

primer-angelus-papa-franciscoDomingo 12 de abril de 2015

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy es el octavo día después de Pascua, y el Evangelio de Juan nos documenta las dos apariciones de Jesús Resucitado a los Apóstoles reunidos en el Cenáculo: aquella de la tarde de Pascua, en la que Tomás estaba ausente, y aquella después de ocho días, con Tomás presente. La primera vez, el Señor mostró a los discípulos las heridas de su cuerpo, sopló sobre ellos y dijo: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20,21). Les transmite su misma misión, con la fuerza del  Espíritu Santo.

Pero esa tarde faltaba Tomás, el que no quiso creer en el testimonio de los otros. «Si no veo y no toco sus llagas – dice -, no lo creeré» (cfr Jn 20,25). Ocho días después –  precisamente como hoy – Jesús regresa a presentarse en medio a los suyos y se dirige inmediatamente a Tomás, invitándolo a tocar las heridas de sus manos y de su costado. Va al encuentro de su  incredulidad, para que, a través de los signos de la pasión, pueda alcanzar la plenitud de la fe pascual.

Tomás es uno que no se contenta y busca, pretende constatar él mismo, cumplir una propia experiencia personal. Luego de las iniciales resistencias e inquietudes, al final también él llega a creer, si bien avanzando con fatiga. Jesús lo espera con paciencia y se ofrece a las dificultades e inseguridades del último llegado. El Señor proclama “bienaventurados” a aquellos que creen sin ver (cfr v. 29) – y la primera de éstos es María su Madre –, pero va también al encuentro de la exigencia del discípulo incrédulo: « Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos…» (v. 27).  En el contacto salvífico con las heridas del Resucitado, Tomás manifesta las propias heridas, las propias laceraciones, la propia humillación; en la marca de los clavos encuentra la prueba decisiva que era amado, esperado, entendido. Se encuentra frente a un Mesías lleno de dulzura, de misericordia, de ternura. Era ése el Señor que buscaba en las profundidades secretas del propio ser, porque siempre había sabido que era así. Vuelto a encontrar el contacto personal con la amabilidad y la misericordiosa paciencia de Cristo, Tomás comprende el significado profundo de su Resurrección e, íntimamente trasformado, declara su fe plena y total en Él exclamando: «¡Señor mío y Dios mío!» (v. 28).

Él ha podido “tocar” el Misterio pascual que manifiesta plenamente el amor salvífico de Dios, rico de misericordia (cfr. Ef 2,4). Y como Tomás también todos nosotros: en este segundo Domingo de Pascua estamos invitados a contemplar en las llagas del Resucitado la Divina Misericordia, que supera todo límite humano y resplandece sobre la oscuridad del mal y del pecado. Un tiempo intenso y prolongado para acoger las inmensas riquezas del amor misericordioso de Dios será el próximo Jubileo Extraordinario de la Misericordia, cuya Bula de proclamación he promulgado ayer por la tarde en la Basílica de San Pedro. “Misericordiae Vultus”: El Rostro de la Misericordia es Jesucristo. Dirijamos la mirada a Él. Y que la Vírgen Madre nos ayude a ser misericordiosos con los demás como Jesús lo es con nosotros.


Queridos hermanos y hermanas:

Saludo a los neocatecumenales de Roma, que inician una misión en las plazas de la ciudad para dar testimonio de su fe.

Dirijo un cordial saludo a los fieles de las iglesias de oriente, que según el propio calendario celebran hoy la santa pascua. Me uno a la alegría del anuncio de Cristo resucitado: ¡Christós anésti! Saludemos a nuestros hermanos de Oriente en este día de su pascua.

Envío también un caluroso saludo a los fieles armenios, que han venido a Roma y han participado a la santa misa con la presencia de mis hermanos, y de tres patriarcas y numerosos obispos.

Durante las semanas pasadas me han llegado desde todas las partes del mundo tantos mensajes de felicitaciones por la pascua. Con gratitud les devuelvo las felicitadiones a todos. Deso agradecer de corazón a los niños, a los ancianos, a las familias, a las diócesis, a las comunidades parroquiales y religiosas, a los entes y a las diversas asociaciones que han querido manifestarme su afecto y cercanía.

Siguid rezando por mi, por favor. Y a todos os deseo un buen domingo.