Homilía Papa Francisco en Santa Marta: Dejémonos consolar por Dios

Homilía del Santo Padre Francisco
Martes de la II semana de Adviento

La Primera Lectura del Libro del profeta Isaías (Is 40, 1-11) es una invitación al consuelo: «Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios» porque «está pagado su crimen». Se trata, pues, del consuelo de la salvación, de la buena noticia de que hemos sido salvados. Cristo Resucitado, en aquellos cuarenta días, con sus discípulos hace precisamente eso: consolar. Pero nosotros no queremos correr riesgos y ponemos resistencia al consuelo como si estuviésemos más seguros en las aguas turbulentas de los problemas. Apostamos por la desolación, por los problemas, por la derrota, mientras que el Señor trabaja con tanta fuerza pero encuentra resistencia. Hasta se ve con los discípulos la mañana de Pascua: “pues yo quiero tocar y asegurarme bien”. Eso porque se tiene miedo de otra derrota.

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Homilía del Papa Francisco en Santa Marta: Mantener y defender la fe

Lunes, 10 de diciembre de 2018 Homilía del Santo Padre Francisco Lunes de la II semana de Adviento Celebrar con verdadera fe la Navidad es la enseñanza que podríamos sacar del Evangelio de hoy que narra la curación de un paralítico (cf. Lc 5, 17–27). La fe infunde valentía y es el camino para tocar el corazón de Jesús. Hemos pedido la fe en elmisterio de Dios hecho hombre. La fe también hoy, en el Evangelio, hace ver cómo toca el corazón del Señor. El Señor tantas veces vuelve a la catequesis de la fe, insiste. “Viendo la fe de ellos”, dice el Evangelio. Jesús vio aquella fe, porque hace falta valor para hacer un agujero en el techo y descolgar una camilla con el enfermo…, hace falta valor. ¡Esa gente tenía fe! Sabían que si el enfermo llegaba ante Jesús, sería curado. Sigue leyendo

Homilía del Papa Francisco en Santa Marta 06.12.18: Construir la vida sobre la roca de Dios

Homilía del Santo Padre Francisco
Jueves de la I semana de Adviento

De las lecturas de hoy (Is 26, 1-6 y Mt 7, 21. 24-27) podemos sacar tres pares de palabras, en contraste la una con la otra: decir y hacer; arena y roca; alto y bajo.

El primer grupo, decir y hacer, señala dos caminos opuestos de la vida cristiana. «No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Lc 7, 21). Decir es un modo de creer, pero muy superficial, a medio camino: digo que soy cristiano pero no hago las cosas del cristiano. Es un poco –por decirlo de modo sencillo– disfrazarse de cristiano: decir solamente es un disfraz, decir sin hacer. En cambio, la propuesta de Jesús es concreta, siempre concreta. Cuando alguno se acercaba y pedía consejo, siempre le respondía cosas concretas. Por ejemplo, las obras de misericordia son concretas.

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Las tres palabras de la evangelización

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Jueves 19 de abril de 2018

Homilía del Santo Padre Francisco
Jueves de la III semana de Pascua

Acabamos de leer en los Hechos de los Apóstoles (8,26-40) que «un ángel del Señor habló a Felipe y le dijo: Levántate y marcha hacia el sur, por el camino de Jerusalén a Gaza, que está desierto». Sigue leyendo

Para encontrar al Señor hay que arriesgar y ponerse en camino

fran10022015Misa del Papa en la Domus Sanctae Marthae

10 de febrero de 2015.- Para conocer nuestra verdadera identidad no podemos ser «cristianos que están sentados» sino que debemos tener el «valor de ponernos siempre en camino para buscar el rostro del Señor», porque somos «imagen de Dios». En la Misa celebrada esta mañana en la capilla de la Domus Sanctae Marthae el Santo Padre Francisco, comentando la primera lectura de la liturgia –el relato de la creación en el libro del Génesis (1, 20 – 2, 4)– reflexionó sobre una pregunta esencial para toda persona: «¿Quién soy yo?».

Nuestro «carné de identidad», dijo el Papa, se encuentra en el hecho de que los hombres fueron creados «a imagen y semejanza de Dios». Pero entonces, añadió, «la pregunta que nos podemos hacer es: ¿Cómo conozco, yo, la imagen de Dios? ¿Cómo llego a saber cómo es Él para saber cómo soy yo? ¿Dónde encuentro la imagen de Dios?». La respuesta se encuentra «no ciertamente en la computadora, en las enciclopedias, tampoco en los libros», porque «no hay un catálogo que contenga la imagen de Dios». Existe sólo un modo «para encontrar la imagen de Dios, que es mi identidad» y consiste en ponerse en camino: «Si no nos ponemos en camino, jamás podremos conocer el rostro de Dios».

Este deseo de conocimiento se encuentra también en el Antiguo testamento. Los salmistas, hizo notar el Papa Francisco, «muchas veces dicen: quiero conocer tu rostro»; y «Moisés también una vez le dijo al Señor». Pero en realidad «no es fácil, porque ponerse en camino significa dejar muchas seguridades, muchas opiniones de cómo es la imagen de Dios, y buscarlo». Significa, en otros términos, «dejar que Dios, la vida nos ponga a prueba», significa «arriesgar», porque «solamente así se puede llegar a conocer el rostro de Dios, la imagen de Dios: poniéndose en camino».

El Papa se remitió de nuevo al Antiguo testamento para recordar que «así hizo el pueblo de Dios, así hicieron los profetas». Por ejemplo «el gran Elías: tras vencer y purificar la fe de Israel, siente la amenaza de la reina y tiene miedo y no sabe qué hacer. Se pone en camino. Y en cierto momento, prefiere morir». Pero Dios «lo llama, le da de comer, de beber y le dice: sigue caminando». Así, Elías «llega al monte y allí encuentra a Dios». Su recorrido fue, por lo tanto, «un largo camino, un camino penoso, un camino difícil», pero nos enseña que «quien no se pone en camino, jamás conocerá la imagen de Dios, jamás encontrará el rostro de Dios». Es una lección para todos nosotros: «los cristianos sentados, los cristianos inmóviles –afirmó el Pontífice – no conocerán el rostro de Dios». Tienen la presunción de decir: «Dios es así, así…», pero en realidad «no lo conocen».

Para caminar, en cambio, «se necesita esa inquietud que Dios mismo puso en nuestro corazón y que te lleva adelante a buscarlo». Lo mismo, explicó el Pontífice, sucedió a «Job que, con su prueba, comenzó a pensar: pero ¿cómo es Dios, que permite que esto me suceda?». Incluso sus amigos «después de un gran silencio durante días, comenzaron a hablar, a discutir con él». Pero todo eso fue inútil: «con estos argumentos, Job no conoció a Dios». En cambio, «cuando él se dejó interpelar por el Señor en la prueba, encontró a Dios». Y precisamente de Job se puede escuchar «esa palabra que nos ayudará mucho en este camino de búsqueda de nuestra identidad: “yo te conocía de oídas, pero ahora mis ojos te han visto”». Es este el núcleo de la cuestión según el Papa Francisco: «El encuentro con Dios» que puede darse «solamente poniéndose en camino».

Cierto, continuó, «Job se puso en camino con una maldición», incluso «tuvo el valor de maldecir la vida y su historia: “maldito el día en que nací…”». En efecto, reflexionó el Papa, «a veces, en el camino de la vida, no encontramos un sentido a las cosas». Esta misma experiencia vivió el profeta Jeremías, quien, «tras ser seducido por el Señor, percibe la maldición: “¿por qué a mí?”». Él quería «quedarse sentado tranquilo» y en cambio, «el Señor quería hacerle ver su rostro».

Estoes válido para cada uno de nosotros: «para conocer nuestra identidad y conocer la imagen de Dios es necesario ponerse en camino», permanecer «inquietos, no quietos». Precisamente esto «es buscar el rostro de Dios».

El Papa Francisco se refirió también al pasaje del Evangelio de san Marcos (7, 1-13), en el cual «Jesús encuentra gente que tiene miedo de ponerse en camino» y que construye una especie de «caricatura de Dios». Pero eso «es un carné de identidad falso» porque, explicó el Pontífice, «estos no-inquietos han silenciado la inquietud del corazón: dibujan a Dios con los mandamientos» pero haciendo así «se olvidan de Dios» para observar sólo «la tradición de los hombres». Y, «cuando tienen una inseguridad, inventan o crean otro mandamiento». Jesús dice a los escribas y fariseos que se llenan de mandamientos: «Anuláis la Palabra de Dios con la tradición que habéis transmitido, y de cosas como estas hacéis muchas». Esto precisamente «es el falso carné de identidad, el que podemos tener sin ponernos en camino, quietos, sin la inquietud del corazón».

Al respecto el Papa puso en evidencia un detalle «curioso»: el Señor, en efecto, «los alaba pero los reprende en el punto que más duele. Los alaba: “sois en verdad hábiles en rechazar el mandamiento de Dios para observar vuestra tradición”», pero luego «los reprende allí donde está el punto más fuerte de los mandamientos hacia el prójimo». Jesús recuerda, en efecto, que Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre, y el que maldiga a su padre o a su madre es reo de muerte». Y prosigue: «vosotros en cambio, decís: si uno le dice al padre o a la madre: los bienes con que podría ayudarte son corbán, es decir, ofrenda sagrada, ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre». Al hacer así «se lavan las manos con el mandamiento más tierno, más fuerte, el único que tiene una promesa de bendición». Y, así, «están tranquilos, están quietos, no se ponen en camino». Esta por consiguiente «es la imagen de Dios que ellos tienen». En realidad su recorrido es un camino «entre comillas»: es decir, «un camino que no camina, un camino quieto. Reniegan a sus padres, pero cumplen las leyes de la tradición que ellos han creado».

Al concluir su reflexión el obispo de Roma volvió a proponer el sentido de los dos textos litúrgicos como «dos carnets de identidad». El primero es «el que todos tenemos, porque el Señor nos hizo así», y es «el que nos dice: ponte en camino y conocerás tu identidad, porque tú eres imagen de Dios, estás hecho a semejanza de Dios. Ponte en camino y busca a Dios». El otro, en cambio, nos asegura: «No, quédate tranquilo: cumple todos estos mandamientos y esto es Dios. Este es el rostro de Dios». De aquí el deseo de que el Señor nos «dé a todos la gracia de la valentía para ponernos siempre en camino, para buscar el rostro del Señor, ese rostro que un día veremos pero que aquí, en la tierra, debemos buscar».

(L’Osservatore Romano)

#PapaFrancisco: Custodiar la creación ¿cosa de los “verdes”? ¡No, es cristiano!

Homilía hoy en la Casa Santa Marta

© Mazur/catholicnews.org.uk

© Mazur/catholicnews.org.uk

Los cristianos están llamados a custodiar la Creación. Lo subrayó hoy el Papa Francisco en la Misa matutina en Casa Santa Marta. El Pontífice habló de la “segunda creación”, la llevada a cabo por Jesús, que “re-creó” lo que había sido arruinado por el pecado.

Dios crea el universo pero la creación no termina, “Él continuamente sostiene lo que ha creado”. El Papa Francisco desarrolló la homilía deteniéndose en el pasaje del Génesis, en la primera lectura, que narra la creación del universo. En el evangelio de hoy, comentó, vemos “la otra creación de Dios”, “la de Jesús, que viene a re-crear lo que había sido arruinado por el pecado”.

Vemos a Jesús entre la gente, dijo, y “cuantos lo tocaban eran salvados”: es “la re-creación”. “Esta ‘segunda creación’ – explicó Francisco – es más maravillosa que la primera; este segundo trabajo es más maravilloso”. Finalmente, hay “otro trabajo”, el de la “perseverancia en la fe”, que lo hace el Espíritu Santo.

“Dios trabaja, sigue trabajando, y nosotros podemos preguntarnos cómo debemos responder a esta creación de Dios, que nace del amor, porque Él trabaja por amor. A la ‘primera creación’ debemos responder con la responsabilidad que el Señor nos da: ‘La Tierra es vuestra, llevadla adelante; sometedla; hacedla crecer’”.

“También para nosotros está la responsabilidad de hacer crecer la Tierra, de hacer crecer la Creación, de custodiarla y hacerla crecer según sus leyes. Somos señores de la creación, no amos”.

El Papa advirtió que debemos cuidar “de no adueñarnos de la Creación, sino de hacerla ir adelante, fiel a sus leyes”. Por tanto, añadió, “esta es la primera respuesta al trabajo de Dios: trabajar para custodiar la Creación”.

“Cuando oímos que la gente se reúne para pensar cómo custodiar la Creación, podemos decir: ‘Ah no, son los verdes’. ¡No, no son los verdes! ¡Esto es cristiano! Es nuestra respuesta a la ‘primera creación’ de Dios. Es nuestra responsabilidad”.

“Un cristiano que no custodia la Creación, que no la hace crecer, es un cristiano al que no le importa la obra de Dios, ese trabajo nacido del amor de Dios por nosotros. Y esta es la primera respuesta a la primera creación: custodiar la Creación, hacerla crecer”.

Francisco se preguntó cómo respondemos “a la segunda creación”. San Pablo, comentó, nos dice que nos dejemos “reconciliar con Dios”, “ir por el camino de la reconciliación interior, de la reconciliación comunitaria, porque la reconciliación es obra de Cristo”.

Y de nuevo, recordando al Apóstol de los Gentiles, el Pontífice dijo que no debemos entristecer al Espíritu Santo que está en nosotros, que está dentro de nosotros y trabaja dentro de nosotros. Y añadió que nosotros “creemos en un Dios personal”: “es persona Padre, persona Hijo y persona Espíritu Santo”.

“Y los tres están implicados en esta creación, en esta re-creación, en esta perseverancia en la re-creación. Y a los tres respondemos: custodiar y hacer crecer la Creación, dejarnos reconciliar con Jesús, con Dios en Jesús, en Cristo, cada día, y no entristecer al Espíritu Santo, no expulsarlo: es el huésped de nuestro corazón, el que nos acompaña, nos hace crecer”.

“Que el Señor – concluyó – nos dé la gracia de comprender que Él” está trabajando “y nos de la gracia de responder justamente a esta obra de amor”.

Que nuestro corazón sea sencillo, luminoso con la verdad

fran15122014Misa del Papa en la Domus Sanctae Marthae

15 de diciembre de 2014.- Jesús nos hace misericordiosos hacia la gente, mientras quien tiene el corazón débil porque no está fundado en Jesucristo corre el riesgo de ser rígido en la disciplina exterior, pero hipócrita y oportunista dentro. Así lo ha afirmado el Santo Padre Francisco esta mañana en la homilía de la Misa celebrada en la capilla de la Domus Sanctae Marthae.

Haciendo referencia al Evangelio del día, en el que los jefes de los sacerdotes preguntan a Jesús con qué autoridad hace sus obras. Pregunta que demuestra “el corazón hipócrita” de esta gente, tal y como ha observado el Papa. “A ellos no les interesaba la verdad”, buscaban solo sus intereses e iban “según el viento: ‘conviene ir por aquí, conviene ir por allí…’ eran veletas’”, ha explicado. Y ha precisado que tenían un corazón sin consistencia. Y así negociaban todo: “negociaban la libertad interior, negociaban la fe, negociaban la patria, todo, menos las apariencias. A ellos les importaba salir bien en las situaciones”.

Al respecto, el Santo Padre ha advertido que “alguno de vosotros podrá decirme”: “Pero padre, esta gente era seguidora de la ley: el sábado no caminaban más de cien metros – o no sé cuántos se podían hacer- nunca, nunca iba a la mesa sin lavarse las manos y hacer las abluciones; pero era gente que seguía la ley, muy segura en sus costumbres’”. A lo que el Papa ha respondido: “sí, es verdad, pero en las apariencias. Eran fuertes, pero fuera. Estaban cubiertos. El corazón era muy débil, no sabían en qué creían. Y por esto su vida era, la parte de fuera regulada, pero el corazón iba de un lado a otro: el corazón débil y una piel cubierta, fuerte, dura”.

El papa Fracisco ha recordado en su homilía que Jesús nos enseña que “el cristiano debe tener el corazón fuerte, el corazón equilibrado, el corazón que crece sobre la roca, que es Cristo, y después en la forma de caminar, caminar con prudencia”. Y así ha añadido que “no se negocia con el corazón, no se negocia con la roca. La roca es Cristo, no se negocia”.

A propósito, el Pontífice ha afirmado que “este es el drama de la hipocresía de este gente”. Y Jesús no negociaba –ha explicado– pero su corazón de Hijo del Padre, estaba muy abierto a la gente, buscando caminos para ayudar.

El Papa ha recordado también cuando “Pío XII nos liberó de esta cruz tan pesada que era el ayuno eucarístico”. Y lo ha explicado así: “pero alguno de vosotros quizá recuerda. No se podía ni siquiera beber una gota de agua. ¡Ni siquiera! Y para lavarse los dientes, se debía hacer de forma que el agua no fuera tragada. Yo mismo de niño fui a confesarme de haber hecho la comunión, porque creía que una gota de agua había ido dentro”.

De este modo, el Santo Padre ha explicado que Pío XII no ha tocado la disciplina de la Iglesia, y “muchos fariseos se escandalizaron” porque “Pío XII hizo como Jesús: ha visto la necesidad de la gente”.

Por eso Jesús denuncia la hipocresía y el oportunismo. El Pontífice ha indicado que “también nuestra vida se puede convertir así, también nuestra vida. Y algunas veces, os confieso una cosa, cuando yo he visto un cristiano, una cristiana así, con el corazón débil, no parado, no equilibrado en la roca -Jesús- y con mucha rigidez fuera, he pedido al Señor: ‘Pero Señor, tírale una cáscara de plátano delante, para que se resbale, se avergüence de ser pecador y así te encuentre, que Tú eres el Salvador’. Eh, muchas veces un pecado nos hace avergonzarnos tanto y encontrar al Señor, que nos perdona, como estos enfermos que están aquí e iban donde el Señor para ser sanados”.

Pero, el Pontífice ha recordado que la gente sencilla no se equivoca, a pesar de las palabras de estos doctores de la ley, “porque la gente sabía, tenía ese instinto de la fe”.

Al finalizar la homilía, el Papa ha hecho una oración: “Pido al Señor la gracia de que nuestro corazón sea sencillo, luminoso con la verdad que Él nos da, y así podamos ser amables, perdonar, comprensivos con los otros, de corazón grande con la gente, misericordiosos. Nunca condenar, nunca condenar. Si tú tienes ganas de condenar, condénate a ti mismo, que algún motivo tendrás ¿eh?”. Y para concluir ha invitado a pedir al Señor “la gracia de que nos de esta luz interior, que nos convenza de que la roca es solamente Él y no tantas historias que nos hacemos como cosas importantes; y que Él nos diga –¡Él nos diga!– el camino, Él nos acompañe en el camino, nos ensanche el corazón, para que puedan entrar los problemas de mucha gente y Él nos de una gracia que esta gente no tenía: la gracia de sentirnos pecadores”.

(ZENIT)