Etiqueta: Viaje Apostolico

Discurso del Papa Francisco en el Encuentro con los obispos: “Sanación, acompañamiento y profecía”

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Discurso del Papa Francisco

Eminencia,
queridos hermanos en el episcopado:

Para todos nosotros ha sido una jornada llena, pero de gran alegría. Esta mañana hemos celebrado la Eucaristía junto a los fieles provenientes de todos los rincones del País y por la tarde hemos encontrado a los líderes de la comunidad budista mayoritaria. Me gustaría que nuestro encuentro de esta tarde fuera un momento de serena gratitud por estas bendiciones y de reflexión tranquila sobre las alegrías y los desafíos de vuestro ministerio de Pastores de la grey de Cristo en este País. Agradezco a Mons. Félix [Lian Khen Thang] por las palabras de saludo que en vuestro nombre me ha dirigido. A todos os abrazo con gran afecto en el Señor. Continue reading “Discurso del Papa Francisco en el Encuentro con los obispos: “Sanación, acompañamiento y profecía””

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El Papa se encuentra con el Consejo budista ‘Sangha’: Católicos y budistas juntos por la curación

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Discurso del Papa Francisco

Es una gran alegría para mí estar hoy con vosotros. Agradezco al Ven. Bhaddanta Kumarabhivamsa, Presidente del Comité de Estado Sangha Maha Nayaka, por sus palabras de bienvenida y por el esfuerzo realizado para organizar mi visita hoy aquí. Los saludo a todos, y agradezco de modo particular la presencia de Su Excelencia Thura Aung Ko, Ministro para los Asuntos Religiosos y la Cultura. Continue reading “El Papa se encuentra con el Consejo budista ‘Sangha’: Católicos y budistas juntos por la curación”

Acción de gracias del Cardenal Bo: “Somos un pequeño rebaño”

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Palabras del Cardenal Bo, Arzobispo de Yangon

Esta es una experiencia del Monte Tabor.

Los católicos sencillos vivimos una experiencia emocionante. Hoy somos transportados a una montaña de Bienaventuranzas. La vida nunca volverá a ser la misma para los católicos en Myanmar. Continue reading “Acción de gracias del Cardenal Bo: “Somos un pequeño rebaño””

Misa en Myanmar. Homilía del Papa Francisco: “Tenemos una brújula segura: el Señor crucificado”

Captura-de-pantalla-2017-11-29-a-las-3.06.11-740x471Homilía del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Desde antes de venir a este país, he estado esperando que llegara este momento. Muchos de vosotros habéis venido de lejanas y remotas tierras montañosas, algunos incluso a pie. Vengo como peregrino para escuchar y aprender de vosotros, y para ofreceros algunas palabras de esperanza y consuelo. Continue reading “Misa en Myanmar. Homilía del Papa Francisco: “Tenemos una brújula segura: el Señor crucificado””

Myanmar. Discurso de Dawn Aung San Suu Kyi, Consejera de Estado

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(ZENIT – 28 Nov. 2017).- “El objetivo de nuestro Gobierno es poner de manifiesto la belleza de nuestra diversidad y hacerla nuestra fortaleza, protegiendo los derechos, fomentando la tolerancia, garantizando la seguridad de todos”, ha señalado la consejera de Estado, Dawn Aung San Suu Kyi. Continue reading “Myanmar. Discurso de Dawn Aung San Suu Kyi, Consejera de Estado”

Encuentro en Nay Pyi Taw con las autoridades del país

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(ZENIT – 28 Nov. 2017).- En el segundo día de su viaje apostólico a Myanmar el 28 de noviembre de 2017, el Papa Francisco se reunió con la Consejera de Estado y Ministra de Relaciones Exteriores, Aung San Suu Kyi, en Nay Pyi Taw, capital de Myanmar. Continue reading “Encuentro en Nay Pyi Taw con las autoridades del país”

Discurso del Santo Padre Francisco en su visita al Campo de refugiados de Moria

fran16042016_refugiadosCampo de refugiados de Moria, Lesbos
Sábado 16 de abril de 2016

Queridos hermanos y hermanas:

He querido estar hoy con vosotros. Quiero deciros que no estáis solos. En estas semanas y meses, habéis sufrido mucho en vuestra búsqueda de una vida mejor. Muchos de vosotros os habéis visto obligados a huir de situaciones de conflicto y persecución, sobre todo por el bien de vuestros hijos, por vuestros pequeños. Habéis hecho grandes sacrificios por vuestras familias. Conocéis el sufrimiento de dejar todo lo que amáis y, quizás lo más difícil, no saber qué os deparará el futuro. Son muchos los que como vosotros aguardan en campos o ciudades, con la esperanza de construir una nueva vida en este Continente.

He venido aquí con mis hermanos, el Patriarca Bartolomé y el Arzobispo Hieronymos, sencillamente para estar con vosotros y escuchar vuestras historias. Hemos venido para atraer la atención del mundo ante esta grave crisis humanitaria y para implorar la solución de la misma. Como hombres de fe, deseamos unir nuestras voces para hablar abiertamente en vuestro nombre. Esperamos que el mundo preste atención a estas situaciones de necesidad trágica y verdaderamente desesperadas, y responda de un modo digno de nuestra humanidad común.

Dios creó la humanidad para ser una familia; cuando uno de nuestros hermanos y hermanas sufre, todos estamos afectados. Todos sabemos por experiencia con qué facilidad algunos ignoran los sufrimientos de los demás o, incluso, llegan a aprovecharse de su vulnerabilidad. Pero también somos conscientes de que estas crisis pueden despertar lo mejor de nosotros. Lo habéis comprobado con vosotros mismos y con el pueblo griego, que ha respondido generosamente a vuestras necesidades a pesar de sus propias dificultades. También lo habéis visto en muchas personas, especialmente en los jóvenes provenientes de toda Europa y del mundo que han venido para ayudaros. Sí, todavía queda mucho por hacer. Pero demos gracias a Dios porque nunca nos deja solos en nuestro sufrimiento. Siempre hay alguien que puede extender la mano para ayudarnos.

Este es el mensaje que os quiero dejar hoy: ¡No perdáis la esperanza! El mayor don que nos podemos ofrecer es el amor: una mirada misericordiosa, la solicitud para escucharnos y entendernos, una palabra de aliento, una oración. Ojalá que podáis intercambiar mutuamente este don. A nosotros, los cristianos, nos gusta contar el episodio del Buen Samaritano, un forastero que vio un hombre en necesidad e inmediatamente se detuvo para ayudarlo. Para nosotros, es una parábola sobre la misericordia de Dios, que se ofrece a todos, porque Dios es «todo misericordia». Es también una llamada para mostrar esa misma misericordia a los necesitados. Ojalá que todos nuestros hermanos y hermanas en este Continente, como el Buen Samaritano, vengan a ayudaros con aquel espíritu de fraternidad, solidaridad y respeto por la dignidad humana, que los ha distinguido a lo largo de la historia.

Queridos hermanos y hermanas, que Dios os bendiga a todos y, de modo especial, a vuestros hijos, a los ancianos y aquellos que sufren en el cuerpo y en el espíritu. Os abrazo a todos con afecto. Sobre vosotros y quienes os acompañan, invoco los dones divinos de fortaleza y paz.