Santa Misa para la clausura del Año de la fe, 24 de noviembre de 2013

Guión litúrgico para la clausura del Año de la fe

SOLEMNIDAD
DE JESUCRISTO,
REY DEL UNIVERSO

SANTA MISA
CELEBRACIÓN DE CLAUSURA
DEL AÑO DE LA FE

24 de noviembre de 2013

cristo1

 

Se sugiere que, antes o después de la Santa Misa, puedan ser expuestas, en un lugar dispuesto adecuadamente cerca del altar, las reliquias de los santos (v.gr. el patrono del lugar). Recítense las letanías de todos los santos o una oración parecida pidiendo la fe viva para la comunidad cristiana y la fuerza para poderla profesar. Si se considera oportuno, el sacerdote puede dar la bendición final con las reliquias y luego despedir la asamblea.

RITOS INICIALES

Antes de la Santa Misa se distribuyen cirios a los fieles y se enciende el cirio pascual, el cual debe estar colocado cerca al altar, como durante el tiempo pascual.

Antífona de entrada

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder, por los siglos de los siglos (Ap 5, 12; 1, 6).

Después del signo de la cruz y del saludo inicial, el sacerdote se dirige a los fieles con estas palabras u otras similares:

En comunión con el Santo Padre Francisco, quien hoy concluye en Roma el Año de la Fe, también nosotros queremos dar por cumplido el camino que, de modo personal y comunitario, hemos vivido. Agradezcamos al Señor este tiempo de renovación que nos ha concedido. En unión con la Iglesia universal, reflexionemos sobre cómo hemos vivido este tiempo de gracia y si nuestro compromiso de fe se ha renovado. La solemnidad de Jesucristo Rey del Universo prolonga la perspectiva de nuestra reflexión y nos invita a reconocer la certeza de la fe en la promesa que el Señor nos ha hecho y que
conservamos con la esperanza que no defrauda.

Acto penitencial

Sigue el acto penitencial con la aspersión de los fieles (como recuerdo del Bautismo que inicia el camino de la fe).

El sacerdote, después del saludo inicial, permaneciendo de pie en la sede, teniendo delante la caldereta con el agua para bendecir, invita al pueblo a la oración con estas palabras u otras similares:

Queridos hermanos, oremos humildemente a Dios, nuestro Padre, para que bendiga esta agua con la cual seremos asperjados en recuerdo de nuestro Bautismo. El Señor renueve nuestra vida y nos haga siempre fieles al don del Espíritu Santo.

Después de una breve pausa de silencio, el sacerdote, con las manos juntas, prosigue:

Oh Padre, que del Cordero inmolado en la cruz haces brotar una fuente de agua vive.
R/. Bendice y purifica a tu Iglesia.

Oh Cristo, que renuevas la juventud de la Iglesia en el baño del agua con la palabra de la vida.
R/. Bendice y purifica a tu Iglesia.

Oh Espíritu Santo, que nos haces renacer de las aguas del bautismo como primicia de la humanidad nueva.
R/. Bendice y purifica a tu Iglesia.

Dios omnipotente y eterno,
que has querido santificar en el agua
a tus hijos para la vida eterna,
bendice + esta agua
y hazla signo de tu protección
en este día a ti consagrado.
Renueva en nosotros, ¡Oh Padre!, la fuente viva de la gracia
y defiéndenos de todo mal,
para que salgamos a tu encuentro con un corazón puro.
Por Cristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Después de la oración de bendición, el sacerdote toma el aspersorio y se asperja a sí mismo y a los ministros, luego al clero y al pueblo, recorriendo, si lo considera oportuno, la nave central de la iglesia. Mientras tanto se realiza un canto adecuado.

Acto seguido, el sacerdote vuelve a la sede.

Terminado el canto, dirigiéndose al pueblo y con las manos juntas, dice:

Dios omnipotente nos purifique de nuestros pecados
y por esta celebración nos haga dignos
de participar en la mesa de su Reino,
por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

Gloria

En este momento se canta o se recita el Gloria.

Colecta

El sacerdote:

Oremos.
Dios todopoderoso y eterno,
que quisiste fundar todas las cosas
en tu Hijo muy amado, Rey del Universo,
haz que toda la creación,
liberada de la esclavitud del pecado,
sirva a tu majestad y te glorifique sin fin.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera lectura
Ungieron a David como rey de Israel

Lectura del segundo libro de Samuel 5, 1-3

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron:

– «Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: “Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”».

Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

Palabra de Dios.
R/. Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial
Sal 121, 1-2. 4-5

R/. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Segunda lectura
Nos ha trasladado al reino de su Hijo querido

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 12-20

Hermanos:

Darnos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.

Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. El es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios.
R/. Te alabamos, Señor.

Aleluya
Mc 11, 9b-10a

Bendito el que viene en nombre del Señor. Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David.

Evangelio
Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino

El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 23, 35-43
R/. Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo:

– «A otros ha salvado; que se salve a si mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:

– «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Habla encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo:

– «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro lo increpaba:

– «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada».

Y decía:

– «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le respondió:

– «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Palabra del Señor.
R/. Gloria a ti, Señor Jesús.

Homilía

Propuesta de temas:

– ¿Jesucristo es verdaderamente el Rey de mi vida y de mi familia?
– ¿Soy capaz de someter mis decisiones a las palabras de Cristo Rey?
– Mencionar la conclusión del Año de la Fe y del recorrido sugerido en el subsidio.
– Enfatizar en la tarea que comporta la Professio fidei realizada en el Bautismo.
– ¿Cómo podemos profesar la fe en las diversas circunstancias de nuestra vida?
– En el Bautismo hemos recibido la misión: ¡vayan y enseñen! Al respecto, ¿cuáles son mis frutos?
– ¿Profeso mi fe?

Credo

Después de la homilía, el sacerdote introduce la profesión de fe con
estas palabras u otras similares:

Hace un año, al comenzar el Año de la Fe, recibimos el texto del Símbolo. Nuestra tarea no era solamente aprender de memoria las fórmulas del Credo. San Agustín dice: «Estas breves fórmulas se proponen a los “eles para que, creyendo, se sometan a Dios, sometidos a Él vivan rectamente, viviendo rectamente purifiquen sus corazones y, una vez purificado el corazón, comprendan aquello en lo que creen».

Hoy volvemos a entregar el Credo. Con los cirios encendidos en recuerdo del Bautismo, sacramento que ha marcado el inicio de nuestro camino de fe, y conscientes de la misión que hemos recibido de transmitir esta fe a los hermanos, queremos profesar solemnemente en la Iglesia, comunidad de creyentes, nuestra adhesión a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Se encienden los cirios del cirio pascual. El sacerdote dice:

Recibid la luz de Cristo.

Con los cirios encendidos, el sacerdote recita:

En el Bautismo, gracias a Cristo, os habéis convertido en luz.
Caminad siempre como hijos de la luz
para que perseverando en la fe
podáis ir al encuentro del Señor que viene,
con todos los santos, en el Reino de los cielos.

Acto seguido, toda la comunidad canta o recita solemnemente el Credo. También se puede realizar la renovación de las promesas bautismales.

Al finalizar, el sacerdote recita la siguiente oración sobre los fieles:

Dios, Padre nuestro,
escucha a tus hijos que profesan juntos su fe bautismal.
Concédeles siempre la ayuda de tu gracia.
Ilumínalos cada día con la luz de la fe.
Guíalos con el Espíritu Santo por los caminos de este mundo,
para que salgan al encuentro de los hermanos
y sean los evangelizadores que tu requieres,
que puedan dar a conocer la buena nueva de la salvación.
Entonces todos los hombres, reunidos en un solo rebaño,
conducido por un solo pastor, tu Hijo Jesucristo,
recibirán en herencia la alegría y el reposo prometido
a aquellos que se dejan guiar hacia Ti,
que eres Dios y vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

Oración universal
de los fieles

El sacerdote:

Queridos hermanos,
invoquemos a Cristo, el Rey del Universo,
y ya que el Espíritu Santo
genera en nuestros corazones la unidad de fe,
invoquemos al Señor en unánime oración.

Los lectores:

– Por la santa Iglesia católica,
para que siempre fiel a su Maestro, Jesucristo,
anuncie a todo el mundo la salvación recibida.
Roguemos al Señor.

– Por nuestro papa Francisco, nuestro obispo N.,
los presbíteros y diáconos,
para que acompañados por el Espíritu Santo
profesen valerosamente la fe en el Salvador,
Roguemos al Señor.

– Por los laicos comprometidos en la labor pastoral,
para que se dejen guiar por tu Palabra
que ilumina y salva.
Roguemos al Señor.

– Por nuestras familias,
para que inspiradas por ti,
sepan afrontar con fe y con amor mutuo
las dificultades y pruebas de la vida.
Roguemos al Señor.

– Por nuestros difuntos,
para que la fe en Cristo que los animó durante su vida terrena
se transforme en la certeza de estar con él en su Reino.
Roguemos al Señor.

– Por nosotros aquí presentes,
para que sepamos seguimos a Cristo
y podamos ser portadores de su Evangelio
a las personas que encontramos en el camino de nuestra vida.
Roguemos al Señor.

El sacerdote:

Señor Jesucristo, Rey del Universo,
vuélvete propicio a estos hijos que sólo en ti confían.
Refuerza su fe y haz que estén siempre dispuestos a profesarla.
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R/. Amén.

LITURGIA EUCARÍSTICA

Oración sobre las ofrendas

Te ofrecemos, Señor,
el sacrificio de la reconciliación de los hombres,
pidiéndote humildemente que tu Hijo
conceda a todos los pueblos
el don de la paz y la unidad.
Por Jesucristo nuestro Señor.
R/. Amén.

Prefacio
Cristo, Rey del Universo

V/. El Señor esté con vosotros.
R/. Y con tu espíritu.
V/. Levantemos el corazón.
R/. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V/. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R/. Es justo y nuecesario.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno.
Porque consagraste Sacerdote eterno
y Rey del universo
a tu único Hijo, nuestro Señor Jesucristo,
ungiéndolo con óleo de alegría,para que ofreciéndose a si mismo
como víctima perfecta y pacificadora
en el altar de la cruz,
consumara el misterio de la redención humana,
y, sometiendo a su poder la creación entera,
entregara a tu majestad infinita
un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y de la vida,
el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.
Por eso,
con los ángeles y los arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria.
Santo, Santo, Santo…

Plegaría Eucarística III

Rito de la comunión

Antífona de comunión 

El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28, 10-11).

Oración después de la comunión

Después de recibir el alimento de la inmortalidad,
te pedimos, Señor,
que quienes nos gloriamos de obedecer los mandatos
de Cristo, Rey del universo,
podamos vivir eternamente con él
en el reino del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
R/. Amén.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s