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Ángelus Domini 12 Noviembre: Prepararse para el encuentro con Dios

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Capture-d_écran-2017-11-12-à-12.09.04-740x493Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!.

En este domingo, el Evangelio (cf. Mt 25, 1-13) nos indica la condición para entrar en el Reino de los cielos, y lo hace con la parábola de las diez vírgenes: se trata de aquellas doncellas que son encargadas de acoger y acompañar al esposo en la ceremonia de bodas porque en aquel tiempo era costumbre celebrarlas de noche, entonces estas doncellas llevaban lámparas.

La parábola dice que cinco de estas vírgenes son prudentes y cinco son necias: en efecto las prudentes han llevado consigo el aceite para las lámparas, mientras que las necias no lo han llevado. El esposo tarda en llegar y todas se duermen, a media noche, se anuncia la llegada del esposo, entonces las vírgenes necias se dan cuenta que no tienen más aceite para sus lámparas, y se lo piden a las prudentes. Pero estas responden que no se lo pueden dar porque no bastaría para todas.

Mientras las necias van en busca del aceite, llega el esposo. Las prudentes entran con él en la sala del banquete y se cierra la puerta. Las cinco necias llegan demasiado tarde, golpean la puerta pero la respuesta es: “No os conozco” (v. 12), y permanecen fuera.

¿Que nos quiere enseñar Jesús con esta parábola? Nos recuerda que debemos estar preparados al encuentro con él. Muy a menudo, en el Evangelio, Jesús nos exhorta a velar, y lo hace también al final de esta cita: “Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora!” (v. 13).

Con esta parábola nos dice que velar no significa solamente no dormir, sino también estar preparados. En efecto, todas las vírgenes duermen antes que llegue el esposo, pero al despertar, algunas están preparadas y otras no, este es por lo tanto el significado de ser prudentes y sabias: no se trata de esperar al último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios sino hacerlo ya desde ahora.

La lámpara es el símbolo de la fe que ilumina nuestra vida, mientras el aceite es el símbolo de la caridad que alimenta la luz de la fe, la hace fecunda y creíble. La condición para estar preparados al encuentro con el Señor no solamente es la fe, sino una vida cristiana rica en amor al prójimo.

Si nos dejamos guiar por lo que parece más cómodo, por la búsqueda de nuestro interés, nuestra vida será estéril, incapaz de dar vida a los demás, y no hacemos ninguna provisión de aceite para la lámpara de nuestra fe. La fe se extinguirá en el momento de la venida del Señor, o incluso antes.

Si, por el contrario estamos vigilantes, y buscamos hacer el bien, con gestos de amor, de compartir, de servicio al prójimo en dificultad, podemos estar tranquilos mientras esperamos la venida del esposo: el Señor podrá venir en cualquier momento, e incluso el sueño de la muerte no nos asusta porque tenemos la reserva de aceite, acumulada con las obras buenas de cada día. La fe inspira la caridad y la caridad custodia la fe.

Que la Virgen María nos ayude a hacer nuestra fe cada vez más operante a través de la caridad, para que nuestra lámpara pueda resplandecer ya aquí en el camino terrenal y después por siempre en la fiesta de boda, en el Paraíso.

Ave María……

© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

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