Seguridad del Vaticano: El Papa agradece su labor a los “custodios”

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Discurso del Papa Francisco

Señor Jefe de Policía,
Señor Prefecto
Queridos funcionarios y agentes:

Bienvenidos a este tradicional encuentro, que me ofrece la oportunidad de agradeceros por el servicio que prestáis a la Sede Apostólica y a la Ciudad del Vaticano. Agradezco al Jefe de Policía las amables palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. Y saludo a cada uno de vosotros, deseándoos una Pascua iluminada por la fe y alegrada por los afectos y los valores más hermosos y verdaderos.

Esta Inspección de Seguridad Pública ofrece una preciosa colaboración al ministerio pastoral del Obispo de Roma. Os agradezco vuestra atenta presencia y la asistencia que prestáis durante la celebración de los ritos litúrgicos y las diferentes manifestaciones que interesan a la basílica de San Pedro y a la Ciudad del Vaticano. El Papa y sus colaboradores saben, además, que pueden contar con vuestra cooperación durante las visitas pastorales a las parroquias y a las instituciones civiles y eclesiásticas de Roma, así como en ocasión de las visitas pastorales en Italia.

Gracias a vuestra discreta y eficaz obra de vigilancia, los peregrinos, que llegan de cada parte del mundo para visitar la tumba del apóstol Pedro, pueden vivir con tranquilidad esta importante experiencia de fe. Vosotros desempeñáis vuestra tarea diaria nutriéndoos de los ideales civiles y humanos, propios de los miembros de la Policía de Estado Italiana.

Sin embargo, trabajar en eventos de gran importancia religiosa y cultural y con sacerdotes, religiosos y laicos que colaboran en la misión universal del sucesor de Pedro, seguramente ofrece a vuestro trabajo razones adicionales de compromiso y de dedicación. La condición especial de vuestro trabajo os permite reforzar vuestra dedicación profesional, obteniendo linfa y vigor de la verdad perenne del Evangelio. Atestiguando de esta manera, en vuestra actividad, los valores humanos y espirituales propios del Cristianismo, podéis contribuir también a la misión de la Iglesia.

El Vaticano es meta no solamente de cristianos procedentes de todas las partes del mundo, sino también de representantes de diferentes religiones, de responsables de los Estados y de otras personalidades eclesiásticas y civiles que vienen a ver al Pontífice, o a sus colaboradores en los diferentes dicasterios de la Santa Sede. También gracias a vuestra obra, estos encuentros de diálogo y la visita a los testimonios de cultura y de fe, custodiados en la Ciudad del Vaticano, pueden celebrarse en un clima de serenidad y de orden.

Al renovar mi aprecio por vuestra cooperación, encomiendo cada uno de vosotros a  la protección de la Madre de Dios. ¡Qué Ella os sosstenga y acoja vuestras intenciones, presentándolas a su Hijo, que apoye a vuestras familias! La familia es muy importante para vosotros. Dirijo un pensamiento particular a vuestras familias, especialmente a vuestros hijos y, mientras os pido que recéis por mí, os deseo una feliz Pascua y de todo corazón imparto os imparto, así como a vuestros seres queridos la bendición apostólica.

(Después ha improvisado)

Quisiera deciros algo más. A veces, cuando salgo y veo que estáis allí trabajando, me da un poco de pena. [Pienso:] “Pero esta gente tendría que estar en su casa, con sus familiares…”. Pero vosotros trabajáis allí para proteger a la gente, para protegerme… No sé cómo agradecéroslo. Vosotros sois custodios, todos: los que están allí, los que vigilan, esos tan valientes con la motos… que tienen un trabajo asegurado cuando se jubilen: ¡Pueden ir a trabajar al circo, tienen un equilibrio increíble! Pero la palabra que siempre se me ocurre [es esta:] esta gente se sacrifica para custodiar al Papa, custodiar a la gente, para que no haya algún loco que haga algo, una masacre y destroce a  tantas familias. Y esa palabra “custodiar”, se me ocurre muchas veces. Y pensé en el custodio de Jesús. Por eso, en esta Pascua me gustaría daros esta imagen de San José, el custodio de Jesús, para que la llevéis con vosotros y veáis donde ponerla. Es un regalo de todo corazón, con el que quiero expresar mi agradecimiento. Quisiera dársela al representante de todos, la Sra. Maiorino, que siempre está involucrada en estas cosas de “custodiar”.

© Librería Editorial Vaticano

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